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Cuáles son las cinco amenazas de la perdiz roja (y qué puedes hacer para ayudarla)

La perdiz roja (Alectoris rufa) es la reina de la caza menor en España. Pero en algunas zonas sus poblaciones están en regresión. En este artículo te explicamos las razones y qué puedes hacer para revertir esa situación.

Varias perdices jóvenes bebiendo. © Shutterstock
Varias perdices jóvenes bebiendo. © Shutterstock

¿Has tirado la toalla en tu coto y te sientes incapaz de hacer nada por la perdiz roja (Alectoris rufa)? ¿Crees que los grupos anticaza nos están ganando la partida? ¿Piensas que la culpa de todo la tienen Marruecos, Francia y nuestros gobernantes? ¿Crees que este es uno de esos artículos que se recrean las sombras que se ciernen nuestra patirroja para después proponer soluciones inviables? Sigue leyendo y cambia tus creencias por certezas.

1. La falta de hábitat

El principal problema de la conservación de la perdiz roja es que no siempre tiene un hábitat para sobrevivir y reproducirse, tal cual. El paisaje se ha vuelto mucho más monótono y se han perdido superficies de terreno poco productivo en los que las perdices anidaban y encontraban insectos para alimentar a los perdigones. El caso de los paisajes dominados por la agricultura es flagrante, tanto en el caso del cereal como en cultivos leñosos como la vid, el olivo y los frutales.

Se ha demostrado que algunas prácticas agrícolas son poco compatibles para perdices y otras especies, destacando el uso de semillas blindadas, el cosechado en verde y cuando todavía no se ha producido la eclosión y crianza de los perdigones, la ausencia de lindes, la reducción de la superficie de barbecho y el mal uso de fitosanitarios.

Este último punto es ciertamente complicado, dado que aun siendo necesarios para que los agricultores puedan producir alimentos y otros recursos, se han convertido en una muerte silenciosa por las consecuencias en la reproducción de perdices y otras especies; es decir, no las mata, pero algunos productos van mermando su capacidad reproductiva. 

▶ Qué podemos hacer

Desde hace tiempo se viene trabajando para que la agricultura sea más compatible con la conservación de la fauna silvestre –aunque no sea tarea fácil–, y mejorar el hábitat en su conjunto. El agricultor no debiera ser el enemigo, sino el aliado.

Las claves son tres. La primera, incrementar la heterogeneidad del hábitat, es decir, que sea más diverso y de esta forma volver a aquellos paisajes que teníamos antes de la concentración parcelaria. Para ello pueden crearse linderos, líneas de setos y clareos en lugares con demasiada cobertura de árboles y arbustos.

La segunda, realizar cultivos específicos para las perdices y otras especies de fauna, en terrenos poco productivos –incluso no cultivables– e incluso en terreno cultivable –los futuros eco-esquemas–.

La tercera, implantar manejos agrícolas como las coberturas vegetales en los olivares y viñedos, y recuperar la superficie de barbecho. 

▶ Motivos para la esperanza

En España todavía existen fincas que consiguen mantener densidades de perdiz roja muy aceptables –casi una perdiz por hectárea–, por contar  en márgenes y terreno poco productivo, resultados corroborados por estudios realizados en los últimos años. Un estudio realizado en Valladolid, demostró que en una finca con hábitat agrícola, forestal-arbustivo y con pasto y pequeños parches de siembra intercalados, fue posible doblar la población de perdiz en apenas cuatro o cinco años, y cuadruplicarla en nueve años.

No se sabe con precisión cuánta superficie hay que dedicar a las perdices para recuperarlas, pero en otros países y en paisajes agrarios, se calcula que hay que destinar al menos un 10-15% para márgenes, linderos y otras mejoras. La RFEC, federaciones autonómicas y Fundación Artemisan trabajan para que las comunidades autónomas introduzcan como eco-esquemas en la futura PAC márgenes multifuncionales, linderos y otras prácticas. 

perdiz roja
Perdiz roja. © Shutterstock

2. Censos de perdices

En la actualidad, existen sistemas de monitorización de aves gestionados por organizaciones sin ánimo de lucro y por la administración a nivel regional, que indican un declive manifiesto de la perdiz en las últimas décadas. Esto no tiene discusión porque es una realidad, pero también es cierto que hay muchos territorios en los que no se hacen censos y que precisamente cuentan con importantes poblaciones de perdices. Y asustan las conclusiones para la perdiz en los territorios en los que hay disminución: lo primero, que se prohíba la caza, por supuesto. 

▶ Qué podemos hacer

Desde el año 2019 se está realizando un ambicioso proyecto para construir una gran base de datos de censo recopilados por cazadores: el Observatorio Cinegético. Esta iniciativa de Fundación Artemisan, Real Federación Española de Caza y Bineo Consulting, ya cuenta con más de 300 censadores en toda España para realizar censos de perdices y otras especies, pero es necesario incrementar el número de censadores por toda España para obtener conclusiones científicas sólidas.

Puedes inscribirte en esta iniciativa a través de la web o del WhatsApp 628 491 716. Si en los próximos años no se pueden cubrir las lagunas de información existentes, es muy posible que la perdiz roja, pase a ser catalogada como especie vulnerable, lo cual supondrá el fin de la caza. 

▶ Motivos para la esperanza

En otros países de nuestro entorno los censos realizados por cazadores han sido la base para el seguimiento, monitorización y toma de decisiones por parte de la Administración. El caso más significativo es el de los censos promovidos por la Fundación para la Conservación de la Caza y Fauna Silvestre del Reino Unido (GWCT), que desde hace décadas censa perdices pardillas, faisanes, lagópodos grouse y otras especies. 

3. El impacto de la depredación

La depredación es un hecho natural y necesario en el ecosistema, pero es sabido que especialmente los depredadores oportunistas –zorro, jabalí, gato doméstico, roedores– pueden dañar seriamente las poblaciones de perdiz roja. Los estudios disponibles indican que unas 50 especies de predadores –tanto especialistas como oportunistas– pueden comerse los nidos, pollos o individuos adultos de perdiz, y confirman que los oportunistas hacen mucho daño. Bien es cierto también que la pérdida de hábitat, favorece la depredación.  

▶ Qué podemos hacer

No muchos cotos invierten en control de depredadores, un aspecto prioritario para reducir la presión de predación en los momentos críticos de anidamiento y cría de los perdigones. En varias comunidades autónomas es posible utilizar lazos y jaulas selectivas, aunque las administraciones han cedido frente a la presión de entidades que no quieren ver tramperos ni en pintura. Hay esperanza porque cada vez más personas practican la modalidad de caza de zorro con perro en madriguera y más cuadrillas se especializan en el jabalí… quizás, la ‘alimaña’ del siglo XXI. 

▶ Motivos para la esperanza

Hay estudios que confirman los efectos positivos del control de predadores en la cría de la perdiz, especialmente por incrementar la supervivencia de los perdigones, que sufren altas mortalidades en las primeras semanas de vida. También se ha demostrado que otras especies de aves pueden beneficiarse de este control. Varios estudios apuntan al hecho de que el control de los depredadores es muy caro… pero por la información de la que disponemos, sin control de los depredadores es muy difícil tener densidades aceptables de perdiz silvestre. 

Un zorro persigue a una perdiz. © Shutterstock
Un zorro persigue a una perdiz. © Shutterstock

4. Sueltas, hibridación… y otros problemas

Las perdices de granja han mantenido la caza en España durante muchos años. Así de sencillo. Sin estas perdices muchas personas habrían colgado la escopeta y se habría perdido miles de jornales en el campo. El problema está en que en muchas ocasiones nos hemos equivocado soltando más de la cuenta y en malas condiciones genéticas y sanitarias. Persisten problemas de hibridación con perdiz chukar, algo preocupante tras todo el trabajo realizado en los últimos tiempos. Y esto ha ensuciado la gran labor de muchos criadores de perdices y cotos que han levantado un modelo de caza en condiciones difíciles. 

▶ Qué podemos hacer

En nuestra opinión, hay que diferenciar dos modelos de sueltas de perdiz: los destinados a la repoblación y a la caza en cotos especializados en su caza ‘profesional’. Lo que parece ser más problemático han sido los cotos que comenzaron a soltar aves cuando la perdiz comenzó a escasear, cargándose la escasa población de silvestres que les quedaba. 

▶ Motivos para la esperanza

Hoy sabemos que todavía existe perdiz roja pura, es decir, que no toda se ha hibridado con la chukar, aunque persisten problemas en determinadas regiones y comarcas. Y conocemos ejemplos de repoblaciones de perdiz que han funcionado… aunque siempre es mejor potenciar la perdiz silvestre que hay frente a la que podamos soltar. 

5. El descenso del conejo

Existe controversia sobre si el colapso de las poblaciones de conejo ha incrementado la depredación sobre la perdiz roja y la propia presión de caza desde los años 1980. Sí parece haber cierto quórum en que cuanto más conejo haya en un coto, más equilibrado está el ecosistema y podría existir menos depredación sobre otras especies, incluyendo la perdiz. Eso sí, los predadores no salen al campo pensando «voy a comerme una perdiz»; más bien, aprovechan las oportunidades que se les presten. 

▶ Qué podemos hacer

La conservación del conejo de monte es uno de los paradigmas de la gestión cinegética: allí donde no lo quieras, será plaga, y donde su presencia sea deseada, resultará muy difícil recuperarlo. No hay fórmulas mágicas más allá de no tener problemas con las enfermedades y contar con un hábitat en el que los conejos puedan hacer sus huras y reproducirse. La utilización de vacunas sólo es recomendable cuando se realizan translocaciones y repoblaciones de conejo, en ocasiones abocadas al fracaso por no haber corregido antes los factores que son amenaza. 

▶ Motivos para la esperanza

Las cunetas de carreteras y autovías son el mejor ejemplo de recuperación y expansión de los conejos de monte, pero claro, no pensemos en que todos los cotos cuentan con una carretera o vía férrea que les atraviese… Como las perdices y liebres, necesitan hábitats y paisajes diversos que les garanticen disponer de zonas de alimentación y refugio, si bien nuestros queridos orejudos requieren de suelos fáciles de excavar para reproducirse y progresar. Lo curioso es que en muchos de nuestros cotos de caza esta especie no se ha recuperado gracias a la acción del hombre, sino por su resistencia a las enfermedades y su capacidad de adaptación.

Conejos. © JDG
Conejos. © JDG

La prohibición de su caza ¿la última amenaza?

En Jara y Sedal ya hemos tratado la contradicción que puede suponer vedar una especie sin hacer nada más. Tenemos ejemplos muy claros en España, como el urogallo y la perdiz pardilla, habitantes antaño de paisajes montanos pero que, por no gestionarse, se ven abocados a desaparecer de forma paulatina.

Y los miedos vuelven a surgir con las tórtolas, recientemente vedadas sabe Dios hasta cuándo. ¿Qué podemos hacer? Sencillo: trabajar para que no se prohíba la caza de la perdiz. Cada uno puede hacer pequeños gestos que, en su conjunto, son muy importantes, como participar en el Observatorio Cinegético, potenciar los hábitats y controlar la predación. No es tarea fácil, pero hay personas que se implican y lo pueden hacer. 

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