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Padre e hijo cazan un viejo corzo con un grueso trofeo de ocho puntas en Teruel

Este cazador y su padre anduvieron cerca de 20 kilómetros en su coto de Teruel hasta que consiguieron cazar este viejo corzo de ocho puntas.

corzo
Los cazadores con el corzo. © C. C.

Publicado: 30 de mayo de 2022 por Edu Pompa / Actualizado el: 2022/05/30 – 14:00

El cazador Carlos Calderón, de 30 años de edad, abatió hace unos días junto a su padre, Isidro Calderón, un viejo corzo con un grueso trofeo de ocho puntas tras recechar cerca de 20 kilómetros en un solo día. «Llevamos toda la vida juntos cazando, y eso es lo que más disfruté de la jornada, la compañía de mi padre, con el que pude abatir este espectacular ejemplar», comienza relatando el cazador a la redacción de Jara y Sedal.

Calderón explica que, de amanecida, anduvieron por distintos lugares del coto del pueblo, pero no lograron ver nada reseñable: «Andamos unos 15 kilómetros y decidimos que la tarde sería nuestro momento perfecto para abatir un buen ejemplar, por eso nos retiramos a descansar», explica el cazador.  

A las 19:00 horas de la tarde comenzaron de nuevo a recechar

El trofeo del corzo. © C. C.

Sobre las 19:00 horas, salieron y se acercaron a ciertos «sitios querenciosos» para los corzos: «Los vimos a unos 500 metros aproximadamente. Iban dos hembras y dos machos, y este macho se estaba apoderando de uno más joven», relata Calderón.

Poco a poco fueron aproximándose a él y, cuando estaban a unos 300 metros, vieron que no se podían acercar más al ser un animal viejo: «Decidimos dispararle, así que lo valoré por los prismáticos, vi que era un gran macho para poderlo abatir, apoyé el rifle en el trípode, lo metí en el visor y disparé; el animal anduvo unos cuarenta metros», explica.

Un difícil pero exitoso cobro

Otra imagen del corzo con los cazadores. © C. C.

El cazador detalla que el corzo se metió a unos zarzales y espinos cercanos «en los que era imposible entrar», describe. Por ello, siguieron el rastro de la sangre y supusieron que estaba dentro muerto: «Como tenemos un amigo que tiene un perro de rastro, enseguida lo llamamos. Vino sobre las 21:00 horas y gracias al trabajo del perro pudimos cobrar la pieza y descubrir el bello y grueso trofeo que tenía», dice aún sorprendido el joven.

El disparo, algo trasero, hizo que aún pudiese andar la pieza, pero por fortuna la pudieron cobrar: «Del trofeo destaco su longitud, ya que tiene unos 25 centímetros, y sus ocho puntas, dos más de las seis habituales en estos ejemplares ya adultos», señala sobre el gran animal tras un lance que llevó a cabo con su rifle Tikka Hunter en calibre .30-06 con una bala Norma de 165 grains.

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