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Los cazadores continúan llevando toneladas de fruta para la fauna en Extremadura mientras animalistas y ecologistas piden prohibir la caza desde los despachos

Un nuevo vídeo difundido por José Real Murillo muestra a varios hombres distribuyendo por el monte una gran carga de fruta descartada para consumo humano con el objetivo de alimentar y refrescar a los animales.

Los comunicados y las campañas para imponer nuevas restricciones cinegéticas se redactan lejos del monte. Sobre el terreno, entretanto, hay cazadores que continúan cargando vehículos, recorriendo pistas forestales y repartiendo alimento para la fauna. Un nuevo vídeo publicado por José Real Murillo muestra uno de esos trabajos: un remolque repleto de fruta que varias personas extienden por una zona forestal.

La grabación procede del mismo perfil de TikTok que durante el mes de agosto difundió otros vídeos de cazadores descargando vehículos cargados de manzanas en Extremadura. Aquellas imágenes aparecieron después de los grandes incendios del verano y mientras organizaciones ecologistas y animalistas reclamaban más prohibiciones sobre la actividad cinegética. Ahora, la escena vuelve a repetirse con un nuevo cargamento.

Fruta descartada que sirve de alimento a los animales

En las imágenes se observa un remolque lleno de fruta y a varios hombres distribuyéndola en el terreno. El propio autor explica que la finalidad es aportar alimento y humedad a la fauna en las zonas donde están trabajando: «Bueno, como estamos esta tarde, ya os digo, ahora en las zonas estas vamos a echar también… un poco de fruta para que se… se refresquen los animales».

José Real Murillo insiste además en un detalle importante: el producto ya no es apto para las personas. No se trata, por tanto, de retirar comida que podría destinarse al consumo humano, sino de aprovechar una partida deteriorada antes de que termine desperdiciada. «Vuelvo a insistir a los seguidores: esta fruta no es para consumo, no vale para consumo humano, ¿vale? Si valiera para consumo humano, no era el primero que la daba para esto», señala en el vídeo. Después aclara el estado del cargamento y su utilidad: «Esta ya está pasada, esta no está bien, entoncesa los animales les viene muy bien para refrescarse y le hacemos un favor».

@jose.real.murillo

♬ sonido original – Jose Real Murillo

Otra carga que exige vehículos, tiempo y trabajo

Conseguir fruta que ya no puede llegar al mercado es solo el primer paso. Después hay que recogerla, cargarla en un remolque, transportarla por caminos forestales y distribuirla en distintos puntos para que los animales puedan aprovecharla. Todo ello requiere vehículos, combustible y varias horas de trabajo, recursos aportados en este caso por quienes aparecen en la grabación.

El final del vídeo refleja precisamente ese esfuerzo colectivo. Tras explicar el destino de la fruta, Murillo decide guardar el teléfono para sumarse a la tarea: «Venga, deja de grabar, me lío yo a extender también, ¿vale? Que esto es de compañeros y voy a dejar de grabar».

La nueva escena enlaza con las grabaciones publicadas durante el verano, en las que cazadores de distintos puntos de España llevaron toneladas de patatas, cereal, pienso, forraje y fruta, además de miles de litros de agua, a terrenos afectados por los incendios. En numerosos casos fueron las propias sociedades cinegéticas las que pusieron a disposición sus todoterrenos, remolques, depósitos y conocimiento del terreno para llegar hasta los lugares donde la fauna necesitaba ayuda.

Mientras unos reclaman restricciones, otros siguen sobre el terreno

Durante aquella emergencia, organizaciones como Alianza Verde y AnimaNaturalis centraron parte de su respuesta pública en reclamar nuevas limitaciones a la actividad cinegética en los montes quemados y sus alrededores. Los cazadores, además de asumir las suspensiones aplicables en esas superficies, continuaron entrando en el campo para llevar agua y alimento a los animales supervivientes.

Este nuevo vídeo no muestra un comunicado ni una campaña en redes sociales. Enseña una carga de fruta descartada, un remolque en mitad del monte y varias personas repartiéndola a mano. La diferencia es sencilla: pedir una prohibición requiere una declaración; ayudar a la fauna exige estar allí, aportar medios y ponerse a trabajar.

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