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Inventan un secador de pescado que funciona sin electricidad y completa el proceso en menos de 48 horas

Un prototipo llamado Solvane seca pescado sin electricidad con sol y granito, y en pruebas redujo los tiempos a menos de 48 horas, con potencial para el mundo rural.

Un equipo de diseño ha desarrollado Solvane, un secador pasivo pensado para comunidades costeras con recursos limitados, como las de Madagascar. El prototipo funcionó sin electricidad y, en ensayos preliminares, acortó el secado del pescado a menos de 48 horas frente a los 4–5 días del secado abierto tradicional. Los detalles básicos pueden consultarse en su ficha del James Dyson Award.

El corazón de la idea es sencillo: aprovechar la radiación solar, el efecto invernadero y la convección tipo chimenea para mover el aire sin motores. Una cubierta transparente capta calor, el aire interior asciende y sale por una boca superior diseñada para que el viento ayude a extraer la humedad. Las entradas van protegidas con mallas reemplazables que limitan insectos y polvo durante el proceso.

Para estabilizar la temperatura, el equipo incorpora piedras de granito como masa térmica. Esas piedras se calientan al sol y, si el día se viene abajo, pueden calentarse al fuego para reintroducir calor y mantener el ritmo de secado. Todo ello sin ventiladores, sin resistencias y, por tanto, sin electricidad, lo que abre la puerta a su uso en lugares aislados o con energía cara.

Primer prototipo. © jamesdysonaward.org

Cómo funciona y qué gana frente al secado al aire

El diseño crea una pequeña cámara de secado donde el sol eleva la temperatura y el propio aire se mueve por diferencia de densidades. La salida superior con doble cubierta genera un tiro continuo y, apoyada por el viento, acelera la evacuación del vapor. Este flujo constante reduce la humedad relativa dentro de la cámara y favorece un secado más homogéneo que el que se consigue a la intemperie.

En pruebas a escala reducida realizadas en condiciones cálidas y húmedas en Singapur, el equipo registró ciclos de menos de 48 horas, mientras que el método de referencia a la intemperie necesitó entre 4 y 5 días. Es un dato prometedor, pero procede de un prototipo y dependerá del clima, la carga de producto, el espesor de los filetes y la especie. No es una garantía universal ni sustituye a equipos industriales con control fino de temperatura y humedad.

Frente al secado abierto, esta cámara cerrada suma dos ventajas prácticas: protege de insectos y salpicaduras de polvo con sus mallas, y estabiliza mejor la temperatura con las piedras de granito. El resultado apunta a un secado más rápido y predecible en escenarios sin red eléctrica, manteniendo una construcción sencilla que puede repararse con herramientas básicas del entorno rural.

El granito testado para evaluar su capacidad de conservación del calor. © jamesdysonaward.org

Aplicaciones y límites para el mundo rural español

Para pescadores recreativos o pequeños productores del litoral y del interior, una solución pasiva así podría servir para conservar parte de las capturas sin gastar luz. Ahora bien, si el producto se destina a consumo humano, hay que cumplir la normativa de higiene alimentaria vigente en la UE y en España, como el Reglamento (CE) 852/2004 y, para alimentos de origen animal, el Reglamento (CE) 853/2004.

Además, existen riesgos microbiológicos y parasitarios que exigen buenas prácticas de manipulación, limpieza del equipo y control de las condiciones de secado. En especies marinas, la problemática del anisakis requiere especial atención; pueden consultarse las recomendaciones oficiales de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición en este recurso de AESAN. Para venta o distribución, serían necesarios registros y sistemas de autocontrol específicos.

En España, su uso tendría sentido como tecnología de apoyo en explotaciones y hogares del medio rural interesados en la autosuficiencia, siempre que se adapte a la normativa y a las condiciones locales. La clave estará en validar rendimientos con especies habituales, establecer protocolos higiénicos claros y definir procedimientos de almacenamiento seguro del producto seco, algo que hoy aún no está documentado para este diseño.

Estado del proyecto y próximos pasos

Según la información disponible, Solvane no es un producto comercial a día de hoy. El plan de trabajo pasa por construir un prototipo a tamaño real y ensayarlo durante periodos largos en la costa de Madagascar, donde fue concebido como herramienta asequible para pequeños pescadores. Esos ensayos deberían aportar datos de rendimiento, mantenimiento y durabilidad en condiciones reales.

No hay precios, distribuidores ni certificaciones alimentarias en la UE asociadas al dispositivo. Antes de plantear su implantación en España, harían falta validaciones técnicas, ensayos microbiológicos y, si se destinase a alimentos para la venta, el cumplimiento de los requisitos legales aplicables. La ficha del proyecto en el James Dyson Award seguirá siendo el referente para los avances oficiales.

En resumen, la propuesta aporta una idea potente para secar pescado con cero consumo eléctrico y materiales accesibles, y encaja con la lógica de autosuficiencia que muchos lectores del mundo rural valoran. Si las pruebas a escala real confirman sus resultados y se definen protocolos higiénicos sólidos, podría convertirse en una herramienta útil para conservar capturas con costes mínimos.

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