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Un cazador abate tres grandes jabalíes siguiendo el rastro de 'El Cojo': un macareno de fábula

Este cazador narra cómo se ha hecho con un animal al que apodó como 'El Cojo' por tener dañada desde hace años una de sus patas y gracias al cual ha cazado dos destacables jabalíes más en tan sólo una semana.

jabalí El Cojo
El jabalí capturado por una cámara de fototrampeo y tras ser cazado. © E. S.
Publicado: 28 de mayo de 2022 / Actualizado el: 2022/05/28 - 11:49

El cazador Edgar Santamaría Boronat, natural de la localidad valenciana de Castelló de Rugat, ha logrado abatir en una sola semana tres jabalíes en una de las aventuras cinegéticas más apasionantes de su vida. Tal y como relata a Jara y Sedal, Edgar iba tras los pasos de ‘El Cojo’, un animal que lo traía «de cabeza» desde el pasado verano y que tenía dañada desde hace años una de sus patas. Al final, logró dar caza a otros dos destacables jabalíes más en los cebaderos en los que seguía los pasos de este verraco. Ahora, Santamaría ha relatado todos los detalles de este triple lance a la redacción de Jara y Sedal.  

‘El Cojo’ captado por una cámara de fototrampeo. © E. S.

El primero de los jabalíes, el pasado 16 de mayo

En primer lugar, el cazador comienza explicando que este jabalí cojo «era muy astuto, porque cambiaba de hora, entraba al puesto por diferentes sitios…». «Estuve una temporada de esperas detrás de sus pasos y no pude con él», recuerda. Por ello, nada más comenzar la de este año, se dedicó a buscarlo hasta que volvió a localizar su rastro: «Entraba a un comedero un día a la semana o cada diez días, en días lluviosos o con ventisca…», explica el cazador.

Santamaría llegó a abatir el pasado 16 de mayo otro ejemplar grande que confundió con su gran objetivo: «No había manera de hacerme con él, hasta que descubrí hace dos semanas que dormía en otro barranco y venía de otro lugar bastante lejos, por lo que decidí hacerle un cebadero allí. Entonces vi que visitaba aquel lugar cada menos tiempo», explica.

En ese momento, decidió hacerle una espera, y sobre las 23:30 horas, creyó verlo a una distancia de unos 200 metros: «Creía que era él. Lo fallé, salió corriendo y, a pesar de estar en carrera, pude repetir el disparo y abatirlo. No obstante, cuando fui a cobrarlo vi que era un jabalí muy grande pero que no tenía el trofeo que esperaba, por lo que comprobé que no se trataba de ‘El Cojo’», explica el cazador.

El primero de los jabalíes abatidos. © E. S.

El segundo jabalí, el 20 de mayo

Esa misma semana el cazador preparaba un nuevo cebadero para dar con el gran macareno que le quitaba el sueño y logró que entrara: «Comenzó a venir dos o tres días seguidos, y a la tercera jornada decidí ir a buscarle. Dejé el coche relativamente cerca del lugar del cebadero, pero no entró en éste, y al día siguiente ocurrió lo mismo, por lo que llegué a la conclusión de que el animal me estaba cogiendo las vueltas…», explica Santamaría.

Al día siguiente conseguía ver a un gran jabalí de nuevo: «En cuanto me dio la oportunidad, lo metí en el visor tras alumbrarlo, disparé y cayó al instante», explica sobre este segundo lance. Pero, al ir a comprobar si era la pieza buscada, se percató de que era otro enorme jabalí pero no el célebre animal con una pata dañada tras el que llevaba casi un año.

El segundo jabalí. © E. S.

A la tercera fue la vencida

Santamaría se percataba de que ‘El Cojo’ entraba también a un campo de nectarinas y concretamente a un níspero en el que encontró su rastro. Por ello, decidió realizar una nueva espera el pasado lunes 23 de mayo en ese lugar.

«Cuando llegaron las once aproximadamente, escuché un ruido por detrás, me giré y lo vi a unos diez metros, pero el animal notó algo y se subió al campo de arriba; no obstante, le pude disparar mientras corría».

El pisteo al día siguiente

El cazador, con «el cojo» abatido el 23 de mayo. © E. S.

El cazador tuvo que acudir al día siguiente al lugar para pistear el tercer jabalí que disparaba en tan solo una semana tras no encontrar ni rastro de sangre la noche anterior. Esa mañana cogió su perro de rastro de seis meses, y a unos 200 metros del lugar del disparo, comenzó a ver sangre: «Nos fuimos a un barranco de más de un kilómetro de distancia; no entendía cómo un animal con un disparo en la paletilla y cojo de una pata fue capaz de andar tanto», explica Santamaría. «Encontré al animal en unos zarzales en los que no se podía ni entrar», añade.

Finalmente se hacían con el gran animal tras el que había pasado tanto tiempo siguiendo su rastro. Una historia con final feliz que le ha permitido a Edgar Santamaría cobrar tres grandes animales en solo una semana.

Los trofeos de los animales abatidos por el cazador en tan solo una semana. © E. S.

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