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Cuando cazar a un corzo es un acto de caridad: estaba sordo, ciego y gravemente herido

Este cazador localizó un corzo con una enorme herida en la cabeza. Las autoridades locales le permitieron sacrificarlo para evitar su sufrimiento.

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Harrison Turner, un cazador inglés de 27 años que ahora vive en Francia, volvía de regreso a su domicilio después de una jornada de caza en la que su objetivo prioritario eran los zorros cuando, a unos 200 metros de distancia, localizó un corzo con un comportamiento muy extraño.

«Vi que tenía un problema grave y me acerqué hasta unos 40 metros de él», cuenta el cazador a Jara y Sedal sobre el momento en que trató de identificar de cerca qué era lo que le sucedía. Como el animal no se asustaba, lo grabó en vídeo y una vez identificó la enorme herida que tenía abierta en la cabeza trató de comprobar si podía ver u oír el animal pero, por más ruidos que hacía, apenas se movía.

Las autoridades locales le autorizaron a sacrificarlo

«Llamé a las autoridades locales, les expliqué la situación por que el corzo estaba justo en el límite de mi coto de caza pero justo ya en una zona donde no podía disparar. Aún así me dijeron que entrara y acabara con su sufrimiento», explica Turner. Poco después sacrificaba al animal de un certero disparo. «Había perdido mucho peso y tenía la mandíbula rota. Creo que podría haber sufrido un accidente al cruzar alguna carretera y la herida se habría infectado con moscas hace varios días», explica Turner sobre lo que podría haberle sucedido al corzo.

El vídeo del animal agonizante y las fotos posteriores de su enorme herida alrededor de una curiosa cuerna con tres rosetas, ha llamado la atención de cientos de cazadores en Instagram, donde el propio cazador lo ha compartido en su cuenta @nativehunterseu.

© Harrison Turner

Las imágenes del corzo abatido por Harrison nos recuerdan a las de aquel otro animal abatido por Gonzalo Roca de Togores en 2018 en un coto soriano. «Había estado toda la mañana recechando sin localizar ningún macho y cuando iba a buscar a mi padre con el coche vi este en mitad de una siembra», contaba a Jara y Sedal. «Estaba junto a una hembra y fruto del enorme bulto que tenía entre los ojos, ya que supongo que no veía bien, me dejó acercarme a una distancia de unos cien metros», detalló sobre un rececho a un animal que tampoco podía alimentarse bien.