Óscar «Toto» Policastro ha dedicado 85 de sus 97 años a trabajar en el campo. Este veterano agricultor de Morse, una pequeña localidad argentina conocida como la «Cuna de Cosecheros», comenzó con apenas 12 años y acaba de completar la que previsiblemente será su última campaña, cerrando una trayectoria ligada por completo a la agricultura.
Su historia se hizo conocida después de que se difundieran las imágenes de aquella última cosecha. Sin embargo, detrás del vídeo había mucho más que un hombre de avanzada edad manejando una máquina: estaba el testimonio de toda una generación que conoció un campo sin las comodidades actuales y fue testigo directo de su profunda transformación.
Un campo en el que trabajaban cuatro personas por máquina
Cuando Toto comenzó a trabajar, las explotaciones familiares eran mucho más pequeñas y buena parte de las tareas requería un enorme esfuerzo físico. Según recordó en una entrevista con Agrofy News, entonces no existían la siembra directa ni los herbicidas actuales y las fincas de mayor tamaño apenas alcanzaban las 40, 50 o 100 hectáreas.
Las antiguas cosechadoras necesitaban varias personas para funcionar. Una se ocupaba del tractor, otras dos llenaban y cosían los sacos y una cuarta manejaba manualmente la plataforma. «En ese entonces trabajaban 3 personas la máquina. Uno, el que manejaba, dos que llenaban las bolsas y las cosían, y el otro, la persona que subía y bajaba la plataforma», explicó.
La mecanización cambió aquella forma de vida. Las cosechadoras modernas realizan con un solo operario el trabajo que antes exigía varias manos y cuentan con sistemas informáticos capaces de automatizar buena parte de la tarea. «Ahora esas cuatro personas las hace una sola. Las máquinas se manejan con computadora, se manejan solas», resumió Toto.
«En verano dormíamos debajo de la máquina»
También eran muy diferentes las condiciones en las que se afrontaban las campañas. Cuando los trabajadores se encontraban lejos del pueblo, no disponían de los vehículos ni de los alojamientos que existen hoy. «Nosotros en verano dormíamos debajo de la máquina», recordó el agricultor sobre aquellas largas jornadas.
Esto sucedía especialmente durante la cosecha del trigo. «Tampoco había los medios de movilidad que hay ahora. Eran todo coches viejos, en la época de la guerra, que no se conseguían cubiertas, no había combustible», relató. Pese a la dureza del oficio, Toto nunca perdió el cariño por una profesión que entendía como algo compartido. «Me gustó hacer este trabajo, porque es un trabajo, entre todos era como de la familia», aseguró al echar la vista atrás.
Con el paso de las décadas también observó cómo crecían las superficies cultivadas y aumentaba la urgencia por terminar cada campaña. «Ahora es todo una locura, cada vez alcanza menos el tiempo, la gente está más apurada, por eso cada vez las máquinas son más grandes», señaló.
La cosechadora que iba a ser chatarra se convierte en un homenaje
Después de su última campaña, Óscar llevó su cosechadora hasta un desguace acompañado por sus hijos. Durante el recorrido, estos avanzaron tras él en una camioneta. Su hija Nora Policastro describió aquel momento como especialmente emotivo: «Sentí mucha emoción porque, de pensar qué estaría él imaginando en su cabecita».
Al llegar, Toto comenzó a explicar a los trabajadores para qué servía cada componente, «como si la máquina iba a seguir funcionando». Según su hija, mantuvo hasta el final la idea de que todo debía quedar en orden y continuar funcionando, la misma responsabilidad con la que había desempeñado su oficio desde los 12 años.
La máquina iba a ser desmontada y convertida en chatarra, pero finalmente tendrá otro destino. Será conservada y expuesta en Morse como homenaje a su propietario y a las generaciones de agricultores, maquinistas y camioneros que construyeron la identidad rural de la localidad.
Toto fue, además, el primer vecino distinguido con el Reconocimiento al Mérito y a la Trayectoria de la Fiesta del Cosechero de Morse. Ahora su vieja cosechadora permitirá mantener vivo el recuerdo de un hombre que comenzó a trabajar siendo un niño y que ha permanecido al pie del campo durante más de ocho décadas.









