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La joven animalista con rastas que se ha vuelto cazadora (y otras tres chicas que lo hicieron antes que ella)

La imagen de esta chica no es la que la mayoría de la gente se esperaría de una cazadora, pero demuestra que la caza, cuando se conoce, engancha.

La caza es criticada de forma constante. Especialmente desde que el ecologismo dejó de ser un movimiento social para convertirse en otro actor político más. Desde pequeños, los niños son bombardeados con mensajes que emocionales que dicen que el cazador es alguien malo a quien debemos odiar. La desconexión con el medio rural y la naturaleza hacen el resto en una sociedad mayoritariamente urbana. Pero la caza está llena de argumentos positivos capaces de convencer a cualquiera.

El testimonio de nuestra siguiente protagonista lo demuestra a la perfección. Su nombre es Shanna Reis, tiene 28 años, es alemana y hasta hace poco era animalista ‘de manual’. Pero su vida dio un vuelco en 2016, cuando decidió interesarse por el origen de la carne y por controlar piezas que llegaban a su cocina. Fue entonces cuando descubrió en la caza la forma más segura de conseguir tus propios alimentos de forma ética.

Después de 10 años de vegetarianismo convencido, ahora encarna a esos cazadores responsables que valoran la calidad de la carne de caza. «Es importante saber de dónde viene la carne que como», explica la cazadora. Una prueba más de que cuando alguien contrario a la caza se interesa por ella y la conoce a fondo, el sentido común pone es capaz de abrir las mentes más cerradas.

 

 
 
 
 
 
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La joven animalista gallega que boicoteaba cacerías y acabó cazando en ellas

De animalista a mujer cazadoraDe boicotear batidas a ocupar uno de sus puestos cazando jabalíes (Sus scrofa). Marga Pregal, de 26 años y natural de Pontevedra, se considera ecologista y firme defensora del medioambiente y de los derechos de los animales. Hace cinco años la caza no tenía cabida entre sus ideales. Incluso participó en el boicot de varias cacerías. Hasta que un día decidió acompañar a su tío a una jornada de caza de jabalí. Así fue el cambio radical que esta joven gallega que se hizo cazadora.

Durante una comida familiar volvió a salir el mismo debate de siempre: caza o animalismo. «Entoces mi tío me propuso acudir con él a una batida de jabalíes para que supiera qué era la caza y tuviera argumentos para hablar de ella. Acepté, pero no con la intención de conectar con los cazadores sino de reafirmarme en mis creencias, de sacar sus trapos sucios, de encontrar más razones para denunciarles… Mi deseo era acabar con lo que llaman una forma de vida. Lo último que me esperaba es lo que sucedió aquel día», nos contaba Marga en la entrevista que nos concedió.

Otra animalista que se hizo cazadora

Se llama Marijke Ottema, es periodista, psicóloga y trabaja para la revista National Geographic. En 2017 decidió escribir una historia sobre caza, una actividad que estaba en las antípodas de su forma de pensar.

Lo hizo «con interés de explorar las posibilidades de comer carne sin usar la industria cárnica y para entender la caza», tal y como reconoce en su página web. «Para poder comprender completamente al cazador, decidí convertirme en uno».

Marijke solo como carne de los animales que caza con sus propias manos. © Instagram

La vegana que probó una hamburguesa y ahora regenta un matadero

Tammi Jonas era una joven que vivía el veganismo como una forma de mejorar al mundo y ahora, por un giro del destino, regenta una granja y un matadero. «Comer no es solo natural, también es un acto agrícola y político, como han dicho antes personas sabias», señaló Jonas en su cuenta de Instagram.

Después de diez años de veganismo, la joven comenzó a tener enfermedades como anemia, a consecuencia de la falta de hierro. Harta de todos estos males pensó que la carne podría poner fin a sus problemas de salud. Así lo contó al diario australiano 10 Daily: «Un día pensé que comerse una hamburguesa solucionaría mis problemas de salud y lo hice». 

Tal fue su convicción de que la carne era necesaria para el ser humano que montó una granja de porcinos tratados ‘éticamente’ en el año 2011 en Australia. Ésta granja se encuentra la alta montaña de Daylesford, una pequeña ciudad del estado de Victoria.