5 tácticas para cazar jabalíes resabiados

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Sí, han llegado a viejos tras innumerables avatares y encuentros nocturnos indeseados convirtiéndose en seres precavidos, esquivos y desconfiados hasta la desesperación. ¿Tienes uno de estos veteranos de guerra hozando por tu coto? Tranquilo, seguro que hay alguna de estas cinco tretas que ese viejo zorro no se sabe…

16/5/2018 | Antonio Castor Puerta

5 tacticas para cazar jabalies resabiados
Foto: JyS

Táctica 1: Prepara una emboscada

5 tacticas para cazar jabalies resabiados
Foto: JyS

Esta táctica suele dar muy buenos resultados si el cazador es avispado y sabe identificar los senderos que habitualmente recorren los jabalíes. No olvidemos que son, como casi todas las especies, animales de costumbres, y que mientras no haya un motivo de peso para que aborrezcan la querencia seguirán recorriendo los mismos itinerarios que les han permitido mantener la pelliza puesta hasta ahora. Se trata de senderos que son perfectamente visibles y a menudo aparecen jalonados de rascaderos en los que se puede constatar la alzada del animal y las colmilladas en el tronco que delatan al macho con ‘usía’. Estos pasos pueden tener como destino la comida, el baño, el encame…

Conoce sus hábitos

Uno puede fiarse de su intuición para adivinar el horario basándose precisamente en el destino de la senda o también se puede recurrir a las consabidas cámaras de espera que nos informarán, con dos o tres noches de muestreo, de qué está transitando por esa vereda y a qué hora. No podemos andorrear por el monte aireando y viciando las querencias a cualquier hora; ha de ser de mañana, y mucho cuidado no vaya a ser que siguiendo el camino levantemos al macho de su encame y la operación se nos vaya al traste.

Planifica tu postura

Elegiremos un puesto con el disparo lo más despejado de maleza posible para poder verlo cuando aparezca, evitando los traicioneros revoques de aire de los hondos y oscuros barrancos. Hemos de estar prontos para el disparo y con el oído avizor, pues si el sendero está limpio y el animal no troncha ramas o es un día ventoso, el caminante puede aparecer tan súbitamente que no tengamos tiempo de reacción.

Inténtalo al amanecer

Tengo amigos que aseguran que los grandes macarenos se cazan en esos senderos, cuando están confiados de vuelta a sus encames, al amanecer, molidos tras una noche de trasiego y con el gorro de dormir. He abatido varios en este momento del día en las salidas de los cultivos hacia el monte, no en una trocha concreta. Lo cierto es que no se ‘coscaron’ en absoluto, como si no esperasen visita a esas horas.

 

Táctica 2: Espíalos a distancia

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Foto: JyS

Como bien demostró Pavlov, un estímulo que en principio es neutro puede asociarse a un hecho y provocar las mismas reacciones que aquél. Traducido: si un jabalí se encuentra confiado y ufano en un comedero atiborrándose de maíz, saboreándolo, oliéndolo, y de repente se enciende una luz, escucha un trallazo y el impacto fallido le ciega los ojos con el polvo, es muy probable que desarrolle tal alergia al panizo que comerlo, e incluso olerlo, le provocará pavor y recelo. A partir de ahí sólo lo tomará cuando el hambre le encoja el estómago y con muchísimas precauciones. Si el cebo estaba en un bancal le costará mucho volver a salir a los claros, no admitirá linterna y al iluminarlo arrancará despavorido mientras se tapa los oídos. Este era el tipo de jabalí cuya caza ya relaté hace unas temporadas. Era imposible permanecer en los aledaños del cebo sin que el animal lo pillase a uno rodeándolo y buscando el aire. La tecnología no estaba tan desarrollada entonces y tuve que recurrir a lo que tenía: un escuchabebés de mis hijos pequeños. Lo acostumbré a su presencia en el cebo y, como tenía un alcance de unos 200 metros, pude colocarme alejado para oírlo cuando entraba tras todas sus precauciones. Lo deleité varios días con unas nueces y almendras que cumplían doble función: golosina muy de su agrado y sin las connotaciones negativas para él del ‘peligroso’ maíz y alimento ruidoso donde los haya que me aseguraba que le escucharía por muy sigiloso que quisiera ser. Luego un rececho descalzo con buena luna hasta unos 100 metros… y una muesca imborrable en la culata.

Ármate con una cámara trampa

Lo de mantenernos a distancia de los resabiados es una táctica muy efectiva y que nos puede asegurar el éxito. Hoy las cámaras trampa nos dicen con exactitud a qué hora entran y cómo es el comensal. Las hay un poquito más caras, con aviso a móvil en el momento en que el sensor los capta, que de tener buena cobertura es infalible para saber cuándo entrarles. Si usamos esta tecnología o no depende de cada cual… y de lo frustrados que el viejo guarro nos tenga.

 

Táctica 3: Oculta bien tu rastro

Estos ‘pájaros’ ya han identificado el peligro y saben a la perfección lo que deben buscar antes de entrar a la pitanza: nuestro rastro. Muchos de ellos ni siquiera llegan a avisarnos de que hemos sido descubiertos con el soplido característico, porque en realidad ya han cortado nuestro olor desde casi apearnos del coche y no necesitan acercarse más para saber que ésa es velada de ayuno. Ya relaté el caso de una guarra y su piara a la que vi llegar hasta mi coche mientras yo aún estaba dentro y dar vueltas en busca de mi estela olfatoria en dirección al comedero. Cuando desconocía que la picardía y las entendederas de un macho sénior daban para tanto tuve una docena de fracasos con el típico jabalí que entra todas las noches excepto la que nosotros vamos.

Colócate en un puesto elevado

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Foto: JyS

Al cabo de varios días de lo mismo decidí hacer un puesto en un pino, a unos siete u ocho metros sobre el suelo, intentando mantenerme por encima de su alcance, pero tampoco apareció. Tuve la fortuna de que lloviese un rato antes de encaramarme, y a la mañana siguiente de la espera, cuando fui a comprobar el cebo, me di cuenta de que había unas señoras pezuñas marcadas sobre la suela de mis botas de la noche anterior. Todo encajaba. Caí en la cuenta de que necesitaba a un amigo que me llevase con el todoterreno por una senda pésima hasta el pie del pino. Allí descargue los bártulos y tras trepar los icé con una cuerda. «Esta noche si», pensaba yo dándome vencedor. El guarro apareció, pero hiperventilando como un perro de rastro sin dar la jeta en el claro hasta que vino a pasar por la cepa del tronco y allí soltó el padre de todos los soplidos, tan ruidoso que me sobresaltó, y aunque aguanté rato por precaución… a casa con el rabo entre las piernas.

Recurre a tu imaginación

Sólo me quedaba una última idea –por entonces no sabía que un guarro se puede recechar de noche–. Si no daba resultado tendría que rendirme. Días después llegué otra vez hasta el pino en el 4×4 de mi amigo. Cogí los aperos para quemar mi último cartucho: salí por el techo solar del coche y me elevé al puesto directamente desde el capó, evitando que siquiera una sola gota de sudor cayera sobre las jumas. Le oí llegar de nuevo. Olisqueó alrededor de la plaza durante mucho rato, al menos media hora, hasta que lo sentí de nuevo bajo el pino. Pegó una arrancada y pensé que se había acabado, pero era el recuerdo de haberme descubierto allí. Lo vi salir al claro y tanto miedo tenía en sus reacciones que lo puse ‘con las ruedas para arriba’ antes de llegar a probar la comida. ¡Orgasmo cinegético!

 

Táctica 4: Ponte en la baña

5 tacticas para cazar jabalies resabiados
Foto: JyS

La caza en las bañas se suele restringir al verano, pero las visitan todo el año. Es verdad que en época de lluvias las charcas abundan y, al tener más lugares a los que acudir, el lance es un poco incierto. En nuestro auxilio vienen una vez más las trail-cams, que nos informarán de lo que necesitamos saber para hacernos con el jabalí resabiado. Hay lugares en el sur, donde la lluvia en verano es un fenómeno sobrenatural, en los que deben recorrer muchos kilómetros para beber y revolcarse. En estos cotos ‘de secano’ es necesario fabricar unas bañas artificiales y que no sean de cemento ni plástico de embalse visto, sino con lecho de barro: serán lugares privilegiados para las esperas a la vez que procuraremos agua para el resto de la fauna.

Es corriente que las charcas naturales estén cegadas de carrizo y juncos: debemos mantenerlas despejadas con ayuda de una desbrozadora días antes de la espera y de forma periódica, al menos los rincones en que se observa el barro redondeado y lleno de sus cerdas. De no hacerlo así, al ocultarse el sol sólo tendremos un rincón oscuro de sombras en el que es muy complicado distinguir nada y menos aún tirar sin luz artificial. El lodo es un testigo de paso también inestimable para ver qué tal calza nuestro bañista nocturno.

 

Táctica 5: Adivina cuál es su dieta

Jabali
Shutterstock.

La mayoría de jabalíes grandes que he conseguido abatir han caído de ordinario en cultivos y siembras de cereal. Muchos esperistas que sólo cazan en cebos carecen de la práctica para saber identificar las trochas y huellas de machos solitarios y así saber escoger la postura adecuada para colocarse evitando el aire y estar a una distancia prudente de tiro. Lo ideal es que sea una pequeña siembra que podamos abarcar en su totalidad con el arma. Ahí no necesitaremos demasiada experiencia. El problema viene cuando son cientos de hectáreas y hay que saber leer el campo, en especial tratándose de un cereal que cubre al jabalí por completo aunque sea un mastodonte.

Con los sentidos en alerta

Es fundamental controlar todo el perímetro con el monte, localizar las trochas y accesos al cereal así como identificar las huellas que por su tamaño nos aceleren el corazón. Son esperas de disparo rápido, debiendo permanecer con la oreja y rifle alerta porque tenemos poco tiempo y terreno antes de que se interne en la cosecha y sólo podamos oírlo masticar sin poder tirarlo.

Localiza sus entradas

Si la siembra está baja o cazamos en el rastrojo, que de no estar arrasado por ovejas siguen tomando igual, todo se simplifica, porque en una noche de luna y con unos buenos prismáticos se les localiza a muchos cientos de metros y para evitar aires es mejor controlarlos a distancia y entrarles buscando el viento en la cara. En almendros, frutales, nogales, viñedos…todo dependerá de que los bancales estén bien labrados, las calles sean más o menos anchas y los árboles no muy apretados y frondosos para tener buena visibilidad y poder cazarlos dentro de la parcela. De no ser así y haber poco tiradero deberemos localizar igualmente las entradas y andar listos. ¡Ah, eso sí! No vayáis dejando rastros por los contornos al caer la tarde: obligatorio siempre de mañana para no mosquear a los convidados.

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