El urogallo pirenaico sigue aferrándose a la supervivencia en un escenario cada vez más complicado. Los últimos datos elevan su población en Huesca hasta los 321 ejemplares, una cifra superior a la que se manejaba hasta ahora, pero que no oculta la fragilidad de una especie que continúa en retroceso y cuya recuperación exige medidas urgentes y coordinadas.

La localidad oscense de Bielsa se ha convertido estos días en el punto de encuentro de investigadores, gestores y representantes del sector para analizar la situación de esta emblemática ave. Allí, el consenso ha sido claro: sin una actuación decidida sobre el territorio, el futuro del urogallo sigue siendo incierto.

Los datos presentados durante la jornada técnica parten de un censo genético en el que se han recogido 1.080 muestras en 30 cantaderos. A partir de ellas, se han identificado 168 ejemplares en Aragón, lo que ha permitido realizar una estimación más precisa de la población total en la provincia.

Una población mayor, pero en retroceso

El investigador Rafael López explicó que, pese a que la cifra actual mejora las estimas históricas, la tendencia sigue siendo negativa. La especie no solo pierde efectivos, sino también territorio, con una clara retracción en la ocupación de sus hábitats tradicionales. Los expertos señalaron que existe cierta conectividad con la población francesa y movilidad entre cantaderos, un aspecto positivo en términos genéticos. Sin embargo, esto no compensa los efectos de fondo que están debilitando a la especie desde hace décadas.

Entre los principales problemas figura el deterioro del hábitat, provocado por el abandono de usos tradicionales del monte, el impacto del cambio climático y el desequilibrio entre especies. Todo ello ha generado entornos menos favorables para el urogallo, que requiere condiciones muy específicas para prosperar.

En este sentido, se están llevando a cabo actuaciones de restauración en más de 400 hectáreas, con el objetivo de recuperar espacios óptimos que favorezcan su presencia y reproducción.

© Fundación Artemisan

El papel clave de la gestión y la caza

Otro de los puntos clave abordados fue el control de la depredación, especialmente por parte de jabalíes y pequeños carnívoros, como los mustélidos. Los estudios presentados subrayan que mejorar el éxito reproductor del urogallo pasa necesariamente por actuar sobre estos factores.

En el proyecto desarrollado en Bielsa, los investigadores han constatado que estas medidas, combinadas con la mejora del hábitat, son determinantes para la recuperación de la especie. En este contexto, se destacó la implicación de la sociedad local de cazadores, que lleva más de seis años colaborando activamente en las labores de conservación.

Este compromiso del sector cinegético fue señalado como un ejemplo de colaboración eficaz entre administraciones, científicos y población local. Una unión que, según los participantes, resulta imprescindible para evitar la desaparición del urogallo.

Menos presión humana y una estrategia común

La presión derivada de actividades deportivas y de ocio en el medio natural es otro de los factores que más preocupa a los expertos. Durante la jornada se insistió en la necesidad de reducir las molestias humanas, especialmente en zonas sensibles y en épocas críticas para la especie.

Las experiencias compartidas por técnicos de España, Francia y Andorra coincidieron en señalar que la conservación del urogallo requiere una visión conjunta y medidas coordinadas a escala internacional. En esta línea, se puso en valor la estrategia nacional aprobada recientemente, que unifica las acciones para el urogallo cantábrico y pirenaico. Este documento recoge actuaciones como la mejora del seguimiento de la especie, la conservación tanto en libertad como en cautividad y la gestión activa del hábitat.

La jornada concluyó con una mesa redonda que evidenció tanto los avances logrados como la magnitud del reto. Bielsa se convirtió así en el epicentro de un debate clave para el futuro de una de las especies más emblemáticas de la fauna ibérica.

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