El grévol (Bonasa bonasia), una pequeña ave ligada a los bosques densos del Pirineo, desapareció del medio natural español hace décadas sin hacer demasiado ruido. Hoy, sin embargo, su nombre vuelve a sonar con fuerza gracias a un proyecto europeo que pretende devolverlo a su hábitat original. La iniciativa, impulsada por equipos de España, Francia y Andorra, ha comenzado ya sus primeros pasos sobre el terreno.
La operación no es simbólica. Arrancó con la suelta de dos ejemplares en un bosque del Valle de Arán, tras un traslado de más de seis horas desde el parque natural del Vercors, en el sur de Francia. Antes, los técnicos evaluaron la viabilidad de extraer aves de esa población sin comprometer su equilibrio, un punto clave del proyecto.
La previsión es continuar con nuevas capturas y liberaciones en las próximas semanas, con la vista puesta en consolidar una población estable antes del invierno. No se trata solo de devolver una especie, sino de hacerlo con garantías.
Un regreso medido y con base científica
Detrás del proyecto hay una planificación detallada que busca evitar errores del pasado. La reintroducción del grévol exige algo más que soltar ejemplares: requiere elegir cuidadosamente el entorno, asegurar alimento y refugio y mantener un seguimiento constante.

El MITECO considera al grévol como una especie extinguida como reproductora en España, lo que da una idea del reto que afrontan los impulsores del proyecto. Sin embargo, su presencia histórica en los Pirineos está bien documentada, con ejemplares registrados entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Los técnicos confían en que, si se mantiene el calendario previsto, la iniciativa pase de ser una imagen puntual a un intento real de recuperación. Es ahí donde se medirá su éxito.
El bosque, clave para su supervivencia
La desaparición del grévol no se debió únicamente a la falta de ejemplares. El cambio en el paisaje forestal fue determinante. Esta ave necesita bosques maduros, densos y con sotobosque bien desarrollado, una estructura cada vez más escasa.
Durante décadas, los montes pirenaicos evolucionaron hacia masas más limpias, con menos diversidad y con predominio de coníferas. Ese modelo eliminó el estrato bajo que el grévol utiliza para alimentarse y protegerse de depredadores. Por eso, su posible regreso no solo implica recuperar una especie, sino también reflexionar sobre el tipo de bosque que se está gestionando. Sin ese equilibrio, cualquier intento de reintroducción supondría un fracaso.

Un ave con pasado reciente en España
Lejos de ser una especie exótica o ajena, el grévol formó parte del paisaje pirenaico hasta hace relativamente poco. Sus últimas referencias abarcan todo el arco montañoso, desde el sector occidental hasta el oriental. Esto refuerza la idea de que no es necesario crear un nuevo hábitat, sino restaurar condiciones que existieron hasta hace apenas un siglo. En ese sentido, el proyecto tiene un componente de recuperación ecológica más amplio.
Si la iniciativa prospera, el regreso del grévol podría convertirse en uno de los ejemplos más significativos de restauración de fauna en los Pirineos. Pero el éxito dependerá de algo más que soltar aves: dependerá de devolverle al bosque aquello que un día perdió.








