La Comisión Europea ha vuelto a poner sobre la mesa una de las medidas más controvertidas para el sector cinegético: la prohibición de la munición de plomo en la caza menor. Aunque Bruselas ha suavizado los plazos iniciales y plantea ahora una transición de cinco años, la propuesta sigue generando inquietud en España, donde cazadores y expertos recuerdan que la propia ciencia ya analizó este asunto con conclusiones muy distintas.

El debate no es nuevo. Desde hace años, distintas instituciones europeas vienen impulsando restricciones al uso del plomo por motivos ambientales. Sin embargo, el contexto actual introduce un elemento clave que el sector considera que se está pasando por alto: un estudio científico riguroso publicado en 2019 que evaluó precisamente el impacto de estos perdigones en el medio natural. Ese trabajo, desarrollado durante tres años por universidades, centros de investigación y consultores especializados, concluyó que la presencia de plomo en aves cinegéticas no acuáticas es residual y no representa una amenaza significativa para estas especies ni para el entorno terrestre.

Un respaldo científico que cuestiona la medida

La investigación analizó un total de 530 aves de siete especies diferentes, entre ellas perdices, codornices o palomas, en nueve provincias españolas. Los resultados fueron claros: los niveles de plomo detectados en órganos como el hígado eran muy bajos y comparables a los de fauna salvaje no vinculada a la actividad cinegética.

estudio plomo caza
Zorzales cazados en una jornada de menor. © Ángel Vidal

Además, solo entre un 3,0 % y un 3,8 % de los ejemplares presentaban indicios de ingestión de perdigones. Incluso en estos casos, los autores del estudio señalaron que la procedencia del plomo podía estar relacionada con otras fuentes, como la contaminación industrial o urbana, y no exclusivamente con la actividad cinegética.

El informe contó con el respaldo de más de 30 entidades, entre ellas el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (CSIC-UCLM-JCCM), federaciones autonómicas y organismos del propio Ministerio de Agricultura, lo que refuerza su peso dentro del debate.

Incertidumbre en el sector ante el calendario europeo

A pesar de estos antecedentes, la Comisión Europea mantiene su hoja de ruta. El nuevo borrador, impulsado desde el Comité REACH, plantea eliminar progresivamente los perdigones de plomo en la caza menor y el tiro deportivo, dejando fuera por ahora la caza mayor, aunque con la puerta abierta a futuras revisiones.

Desde la Real Federación Española de Caza (RFEC) reconocen ciertos avances respecto a propuestas anteriores, pero insisten en que el calendario sigue siendo poco realista. La principal preocupación gira en torno a la falta de alternativas que igualen al plomo en términos de eficacia, seguridad y coste. A esto se suma el impacto sobre el parque de armas. En España, cerca de medio millón de escopetas podrían no ser compatibles con materiales como el acero, lo que obligaría a muchos usuarios a realizar inversiones importantes.

Un cazador carga una vieja escopeta paralela.
La mayoría de las escopetas fabricadas antes del año 2000 no soportan la presión que genera la munición de acero. © Shutterstock

El presidente de la RFEC, Josep Escandell, advertía recientemente: «La necesidad de disponer de grandes cantidades de munición para el control de especies como el conejo o el jabalí, y las condiciones de nuestra caza, que se desarrolla en terrenos donde alternativas como el acero pueden suponer un problema de seguridad».

Un debate abierto que llegará a votación

La propuesta europea será votada previsiblemente en junio por los Estados miembros y podría elevarse al Parlamento Europeo en septiembre. De salir adelante, su entrada en vigor se situaría a partir de 2027, iniciando un proceso que transformaría de forma profunda la práctica de la caza menor en todo el continente.

Mientras tanto, el sector cinegético insiste en que cualquier decisión debería basarse en criterios técnicos y científicos, y no solo en planteamientos regulatorios. El choque entre la normativa europea y los resultados de investigaciones previas deja abierto un debate que, lejos de cerrarse, sigue generando división dentro y fuera del ámbito de la caza.

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