El embalse de Santa Teresa, en Salamanca, es uno de esos lugares donde en verano se mezclan toallas, neveras y cañas. Un rincón habitual para el baño y la pesca recreativa que, hasta hace bien poco, no figuraba en el mapa de los siluros. Sin embargo, lo ocurrido el pasado verano ha puesto en alerta a más de uno: un joven pescador capturó allí un ejemplar que nadie esperaba ver.
El protagonista es Aitor García Castro, pescador de 31 años, que acudió a pasar el día con su hijo y varios amigos. Era 11 de agosto, estaban de vacaciones y la idea era sencilla: bañarse, comer algo y pasar el rato. Pero Aitor, por si acaso, decidió meter en el coche una pequeña caña telescópica.
Según cuenta a Jara y Sedal, llevaba un equipo improvisado «con un anzuelo de alburnos y dos granos de maíz», con la intención de «pescar alguna carpa pequeña o un barbo» junto a su hijo. Sus amigos, al verlo, no pudieron evitar reírse: en esa zona de baño, aseguraban, no había peces.
Y entonces llegó la sorpresa. Apenas diez minutos después de lanzar, la caña se dobló y el carrete empezó a soltar hilo con fuerza. Al principio pensaron que sería una carpa o un barbo de dos kilos. Pero cuando el pez se acercó a la orilla, el ambiente cambió por completo: era un siluro.

Una captura inesperada en un embalse donde no se conocía su presencia
La escena no tardó en llamar la atención. Con familias bañándose a pocos metros, curiosos y amigos rodearon a Aitor mientras sacaba el pez. «La gente de la zona comenzó a hacerse fotos con el pez», relata, porque prácticamente nadie había escuchado antes que hubiese siluros en el embalse de Santa Teresa.

Aitor recuerda además que, dos años antes, un amigo de su pueblo, Santa Inés, ya le comentó que habían visto uno por la zona de la presa, aunque después no se volvió a saber nada más.
El ejemplar medía 74 centímetros y, al tratarse de una especie invasora, el pescador no lo devolvió al agua. Tras la captura, incluso lo llevó a Galinduste, donde varias personas se acercaron al bar para verlo con sus propios ojos.

El siluro, un invasor con fama de depredador extremo
La aparición de este pez no es un asunto menor. Los siluros adultos pueden alcanzar tamaños enormes y se han documentado casos en los que depredan sobre aves como palomas o pequeños mamíferos.
Uno de los episodios más comentados ocurrió en 2018, cuando se conoció el caso de un fox terrier devorado por un siluro en el río Tiétar (Cáceres), según relató la sobrina del propietario.

Por eso, la presencia de este animal en una zona tan concurrida genera inquietud entre bañistas y pescadores. No tanto por un ataque directo a personas, sino por el impacto que puede tener sobre el ecosistema, desplazando especies autóctonas y alterando el equilibrio del embalse.
Originario de Europa del Este, el siluro ha colonizado numerosos ríos y embalses españoles gracias a su capacidad de adaptación y a la falta de depredadores naturales. La captura de Santa Teresa vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: las especies invasoras siguen expandiéndose, incluso en lugares donde nadie las esperaba.









