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La peste porcina africana obliga a desinfectar los camiones de los bomberos que combaten un incendio en Collserola

Los Agents Rurals desplegaron equipos de desinfección para vehículos y material de emergencia durante el incendio del 25 de agosto en Collserola, zona de alto riesgo por la peste porcina africana.

Un incendio en plena zona restringida por la peste porcina africana (PPA) no es solo un problema de extinción: es también un problema de bioseguridad. Eso es exactamente lo que ocurrió en Collserola este martes 25 de agosto, cuando las llamas prendieron en el entorno del Turó d’en Segarra, junto a la carretera Alta de les Roquetes, en el distrito barcelonés de Nou Barris.

Mientras los bomberos trabajaban para cerrar el perímetro, los Agents Rurals activaron protocolos de bioseguridad y desplegaron equipos de desinfección para todos los vehículos y el material utilizado por los servicios de emergencia, según confirmó el propio cuerpo a través de su cuenta oficial en la red social X. La razón es sencilla: el barro adherido a ruedas, bajos y botas puede convertirse en un vector de dispersión del virus si no se trata antes de salir de la zona afectada.

El Ayuntamiento de Barcelona confirmó al día siguiente que los Agents Rurals mantuvieron esas tareas de desinfección de los vehículos de emergencia durante toda la operación, siguiendo el protocolo vigente en torno al Parc Natural de Collserola. No es un trámite menor: Collserola lleva bajo restricciones desde el 12 de marzo, cuando la PPA saltó al municipio de Barcelona y obligó a cerrar el espacio forestal y las pistas no pavimentadas. Desde entonces, cualquiera que entre por trabajo o servicio esencial debe desinfectar ruedas y calzado al pasar a zonas asfaltadas. En un incendio, con decenas de vehículos entrando y saliendo a toda velocidad, aplicar ese protocolo es considerablemente más complejo que en condiciones ordinarias.

Un operativo de más de 210 efectivos en zona de alto riesgo

El dispositivo de extinción fue de gran envergadura. En el momento de máxima intensidad, el martes por la tarde, trabajaban 17 dotaciones de Bombers de Barcelona con 70 efectivos y 46 dotaciones de Bombers de la Generalitat con 140 efectivos, además de medios aéreos. A ellos se sumaron la Guardia Urbana, los Mossos d’Esquadra, las agrupaciones de defensa forestal (ADF), Protección Civil, el Sistema de Emergencias Médicas y los propios Agents Rurals desplegados por toda la zona. En total, el operativo conjunto movilizó unos 210 efectivos.

El fuego se declaró estabilizado la mañana del miércoles 26 de agosto y dado por controlado a las 20 horas de ese mismo día, con una superficie final de 54 hectáreas, según informó el Ayuntamiento de Barcelona. Durante el episodio se ordenó el confinamiento temporal de los barrios de Torre Baró y Ciutat Meridiana y se realizaron desalojos preventivos de viviendas cercanas, medidas que se levantaron a lo largo de la noche.

No es el primer incendio que sufre Collserola este verano. El 14 de agosto, otro fuego afectó la zona de Sant Pere Màrtir y obligó a confinar preventivamente a los vecinos de Can Caralleu. Por aquel incendio, que quemó unas diez hectáreas, la Guardia Urbana detuvo a un presunto pirómano. El del 25 de agosto es, por tanto, el segundo episodio grave en menos de dos semanas en un parque que ya arrastra meses de restricciones por la PPA y que acumula una carga de vegetación seca que complica cualquier intervención.

Lo que la PPA ha cambiado en el monte

Desde marzo, el Departament d’Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació (DARP) mantiene 19 municipios en zona de alto riesgo que incluyen los accesos al parque. El régimen vigente prohíbe acceder al espacio forestal y a caminos o pistas no pavimentadas, mantiene cerradas las áreas de ocio y exige desinfectar ruedas y calzado al transitar hacia zonas asfaltadas. Solo se permiten los accesos imprescindibles a viviendas, equipamientos y actividades económicas por vías pavimentadas.

Un jabalí cruza un camino.
Un jabalí cruza un camino. © Jara y Sedal

Esas restricciones, que llevan meses condicionando la vida en el entorno de Collserola, se aplicaron también durante el incendio a todos los vehículos y equipos del operativo. El Ministerio de Agricultura (MAPA) ha señalado que el incendio no afectó al conjunto de medidas y medios de control de la enfermedad dispuestos en la zona, y que los efectivos desplegados se encargaron de las tareas de limpieza y desinfección de los vehículos que participaron en la extinción.

Para quienes trabajan en el monte de la zona metropolitana de Barcelona, la PPA ha reconfigurado por completo la operativa diaria. Los cazadores, guardas y gestores de cotos del entorno de Collserola llevan meses sin poder acceder al espacio forestal para realizar sus trabajos habituales: revisión de majanos, mantenimiento de infraestructuras, control de predadores o seguimiento de la fauna. Las restricciones de acceso a pistas no pavimentadas afectan directamente a esas labores, que en condiciones normales requieren circular por el interior del monte. La situación no es exclusiva de Collserola: como ya contamos en Jara y Sedal, varios municipios catalanes tienen prohibido cazar, pescar o acceder al medio natural para contener la enfermedad, con consecuencias directas sobre la gestión cinegética de esos territorios.

El incendio añade otra capa de complejidad. Vecinos de la zona han señalado que el cierre del monte por la PPA ha impedido el mantenimiento de sendas y cortafuegos naturales que en otras circunstancias habrían actuado como barreras. Es una consecuencia no prevista de las restricciones sanitarias: al limitar el acceso al espacio forestal, también se limita la capacidad de mantenerlo. La gestión del monte, que en gran parte recae sobre titulares de cotos, brigadas forestales y guardas, se ha visto interrumpida en una zona que acumula combustible vegetal tras un verano seco.

La PPA en Cataluña, un problema que no cede

El brote de PPA en Cataluña lleva meses condicionando la actividad en el campo. La semana del 20 de agosto, el DARP comunicó que, por primera vez desde el inicio del brote, no se detectaron nuevos casos positivos en la zona de alto riesgo, lo que supuso un respiro relativo. Sin embargo, las restricciones siguen en vigor y los controles sobre granjas y explotaciones porcinas se mantienen sin haberse detectado ningún caso positivo en cerdo doméstico, según el MAPA.

La Generalitat ha desplegado en los últimos meses un operativo que incluye desde barreras físicas para contener a los jabalíes infectados hasta tecnología de apoyo como drones, tal y como explicamos al abordar la nueva ofensiva de Cataluña contra la PPA. El incendio de Collserola ha puesto de manifiesto que esa maquinaria de bioseguridad no se detiene ni cuando el monte arde.

Cuando en marzo la PPA llegó al municipio de Barcelona, las autoridades hicieron un llamamiento a 15.000 personas para desinfectar zapatos y vehículos. Cinco meses después, ese mismo protocolo se aplica en plena emergencia forestal, con camiones de bomberos pasando por las cubetas de desinfección antes de abandonar la zona. Es la imagen más clara de hasta qué punto la PPA ha cambiado las reglas del juego en el monte catalán.

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