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Un padre deja conducir a su hijo de 11 años por un aparcamiento y acaba investigado por la Guardia Civil

Durante años fue habitual que muchos jóvenes del medio rural aprendieran a manejar un coche por caminos apartados. Hoy permitir que un menor conduzca puede tener graves consecuencias penales, como demuestra este caso ocurrido cerca de Gijón.

Aprender a conducir antes de cumplir la edad legal fue, durante décadas, una práctica relativamente común en muchos pueblos. Padres y familiares enseñaban a los más jóvenes a manejar el coche o el tractor por caminos rurales, fincas particulares o lugares apartados donde no había tráfico. Sin embargo, aquello que algunos todavía recuerdan como una experiencia casi cotidiana puede acarrear hoy penas de cárcel, multas o trabajos en beneficio de la comunidad.

La Guardia Civil ha investigado en Asturias a dos menores por conducir turismos sin haber obtenido nunca el permiso y a los adultos que viajaban junto a ellos, considerados presuntos cooperadores necesarios. Uno de los conductores tenía solamente 11 años y fue sorprendido en el aparcamiento de un restaurante próximo a Gijón.

No se trataba, por tanto, de una finca cerrada ni de uno de aquellos caminos apartados en los que tradicionalmente algunos habitantes del medio rural daban sus primeras vueltas al volante, sino de una zona de estacionamiento situada junto a una carretera y abierta al paso de otros vehículos.

Un niño de 11 años conducía junto a su padre

Los hechos ocurrieron alrededor de las 18:00 horas del 25 de agosto, cuando una patrulla de Seguridad Ciudadana del Puesto de Candás observó un vehículo que avanzaba muy despacio por el aparcamiento de un restaurante situado a la altura del kilómetro 20,900 de la carretera AS-II, entre Oviedo y Gijón. Al detener el turismo e identificar a sus ocupantes, los agentes comprobaron que al volante se encontraba un niño de 11 años. En el asiento del acompañante viajaba su padre, un hombre de 53 años residente en Roma que se encontraba pasando unos días en Asturias.

El Equipo de Investigación de Siniestros se hizo cargo de las diligencias, que fueron remitidas a la Fiscalía de Menores de Oviedo y al tribunal correspondiente. El padre quedó investigado como presunto cooperador necesario por haber permitido o facilitado el uso del automóvil sabiendo que el menor carecía de autorización para conducir.

Otro menor estuvo a punto de salirse de la carretera

La Guardia Civil dio a conocer también un segundo caso ocurrido el 21 de julio en el kilómetro 8 de la carretera AS-238, entre Avilés y Luanco. En esta ocasión, una patrulla detectó un turismo que circulaba de manera errática, con acelerones, frenazos y maniobras bruscas. En una de ellas, el vehículo estuvo a punto de abandonar la calzada y terminar en el arcén. Cuando los agentes le dieron el alto, descubrieron que el conductor era también menor de edad y no había obtenido nunca el permiso. Junto a él viajaba un hombre de 63 años, vecino de Avilés, que igualmente fue investigado como cooperador necesario.

Estos episodios muestran la enorme diferencia entre aquellas primeras lecciones que se daban en lugares controlados y sin circulación —una costumbre especialmente recordada en los pueblos— y permitir ahora que un menor conduzca por una carretera o un espacio abierto al tráfico.

La sanción puede ser muy importante

El artículo 384 del Código Penal castiga la conducción sin haber obtenido nunca permiso o licencia con penas de prisión de tres a seis meses, multa de 12 a 24 meses o trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 90 días. Los adultos pueden responder como cooperadores necesarios cuando facilitan el vehículo conociendo esa circunstancia. La sanción económica concreta, si se impone, dependerá de la cuota diaria fijada judicialmente, por lo que no existe un importe único.

La Guardia Civil recuerda, además, que un turismo convencional no dispone del doble mando de un vehículo de autoescuela. Ante un peligro, el acompañante no puede frenar y corregir la trayectoria desde el otro asiento resulta especialmente complicado. También puede haber consecuencias económicas si se produce un accidente. Aunque la aseguradora deba responder inicialmente frente a terceros perjudicados, posteriormente puede reclamar, según las circunstancias, los gastos ocasionados al tomador del seguro.

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