PACMA: cómo odiar a un cazador

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Editorial

Algo está fallando en una democracia cuando hay ciudadanos que tienen miedo de expresar sus opiniones libremente por miedo a ser castigados. Está claro que la libertad de expresión no atraviesa sus mejores momentos en nuestros país, como hemos podido ver en las últimas semanas con retiradas de obras de arte y polémicos secuestros de libros. Desde Jaraysedal.es condenamos y condenaremos cualquier tipo de censura. Venga de donde venga. No es saludable ni tiene admisión en una sociedad libre y democrática.

Pero hay una censura que llevamos años padeciendo y de la que pocos hablan: la autocensura. Lo que la diferencia y la hace más dañina si cabe que la de otros tipos es que viene auto impuesta por el miedo. Y eso no es normal en una democracia saludable. Miedo a la lapidación pública. Miedo al acoso. Miedo a la violencia de sectores radicales que golpean con su intransigencia a todo aquel que disiente de su discurso. Por desgracia, ese odio ha encontrado en las redes sociales el ecosistema perfecto para prosperar. Es muy sencillo conseguir, como hemos visto esta misma semana con PACMA y su noticia falsa sobre los 20 perros muertos en la vía del tren, alentar al odio hacia un colectivo utilizando propaganda política falsa. 

Los medios de comunicación, ávidos de noticias atractivas, engullen y difunden sin rechistar los grandes titulares que PACMA diseña para alcanzar sus objetivos políticos.  Olvidan el principio más elemental sobre el que se asienta el periodismo: contrastar la información. Y al hacerlo se convierten en una herramienta al servicio de los intereses de un partido político prohibicionista disfrazado de oenegé. Le ayudan a progresar y a ganar votos. Porque son eso: un partido político que, como todos aquellos que son extremistas, encuentra en la agitación social, el populismo y la crispación su mejor herramienta.

Y funciona. Para muestra un comentario que aún se puede leer en la página de Facebook de PACMA en uno de sus mensajes sobre la noticia falsa de los perros de la vía: «Les cortaba la poya y los pechos y les ataría cerca de las vías no sin antes apalearles y luego obligarles a ver cómo aplastan su miembro en la vía del tren como se hacen con las monedas y los pechos en el caso de las mujeres».

Elindependiente.com publicaba hace unos días un interesante artículo titulado: Los animalistas no son ecologistas en el que recogía las declaraciones de dos importantes miembros de dos organizaciones ecologistas de ámbito nacional alertaban de la agresividad de los animalistas mientras ocultaban sus identidades. «Controlan las redes sociales y son muy fanáticos, harían un ataque masivo por redes contra mi organización y no pararían hasta que me echaran de la junta directiva», aseguraba uno de ellos.

Cuando un ecologista no puede expresar abiertamente su opinión por miedo a este ‘antisemitismo’ de nuevo cuño, la degradación de la democracia se puede palpar y la libertad está con el agua al cuello. No hablamos ya del ciudadano que libremente decide disfrutar de su derecho a cazar o pescar. Este hace tiempo fue cosificado y despojado de cualquier rasgo de humanidad gracias a la ayuda, posiblemente bienintencionada, de los medios generalistas que, como hemos visto con la noticia falsa de PACMA, conducen el odio animalista a través de sus mensajes. Un animalismo que ya ha dado lugar al temido ecoterrorismo en otros países del mundo mientras en España parece verse como adalid de la modernidad y el progreso. El siguiente paso para curar nuestros complejos. Porque España parece un país acomplejado de ser España. 

A pesar de que las similitudes entre este partido prohibicionista recuerdan obscenamente a los nuevos fascismos, aún no es percibido como el peligro que representan por los medios de comunicación. Y eso es una seria amenaza para libertad y la democracia de todos los españoles. Tanto los que eligen cazar, pescar o comer un filete de ternera con patatas fritas como los que deciden no hacerlo. Por eso nuestra obligación como medio, en nuestra labor de perro guardián, es activar las alarmas. Es una cuestión de tolerancia, pluralidad, democracia y libertad.

 

 

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