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Un estudio revela que los gatos callejeros de Madrid blindados por la Ley Animalista son un foco de leishmania que afecta también a personas y perros

Una investigación difundida por Visavet encuentra ADN del parásito en el 17% de los gatos callejeros y de refugio. El hallazgo refuerza la importancia del control sanitario de unas poblaciones cuya retirada está restringida por ley.

La gestión de los gatos callejeros tiene una dimensión sanitaria que va más allá de su alimentación y esterilización. Una investigación difundida por el Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, Visavet, ha detectado ADN de Leishmania infantum en el 16,8% de las muestras de gatos callejeros y de refugio estudiadas en la Comunidad de Madrid durante 2025–2026.

El trabajo, presentado en el VIII Congreso de la Asociación Europea de Especialistas en Diagnóstico de Laboratorio Veterinario, también encontró anticuerpos frente al parásito en el 26% de los animales. Los resultados sitúan a estas poblaciones felinas entre los animales que deben tenerse en cuenta para vigilar la circulación de la leishmaniosis en entornos urbanos y periurbanos.

ADN del parásito en las muestras de las orejas

Los investigadores analizaron mediante PCR muestras de la punta de la oreja y utilizaron inmunofluorescencia indirecta para detectar anticuerpos. Los positivos por PCR variaron entre el 9,5% y el 27,3% según la localización, una diferencia que muestra la importancia de conocer qué ocurre en cada zona. Ambas pruebas aportan información distinta: la PCR identifica material genético del parásito, mientras que los anticuerpos revelan una respuesta inmunitaria frente a él. Un resultado positivo no equivale, por sí solo, a que el animal presente enfermedad clínica.

La leishmaniosis puede afectar a animales y personas y se transmite mediante la picadura de flebotomos infectados. Aunque el perro es su principal reservorio doméstico, los investigadores estudian también el papel de los gatos en el mantenimiento del parásito y como indicadores de su presencia ambiental.

El blindaje de las colonias también exige controles sanitarios

El hallazgo tiene interés en el contexto de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, que establece una protección específica para los gatos comunitarios. La norma restringe su retirada de las colonias y su confinamiento, y articula su gestión mediante identificación, esterilización y programas municipales.

Ese blindaje incorpora obligaciones sanitarias. Los ayuntamientos deben asumir la atención veterinaria de los gatos comunitarios que la necesiten y disponer de un programa sanitario para las colonias. La ley también contempla excepciones para su reubicación cuando exista riesgo para la salud de las personas o perjuicio para la fauna protegida.

Los resultados aportan así un argumento para examinar cómo se aplican esos controles. La protección legal de las colonias convive con la obligación de vigilar su estado sanitario y evitar afecciones a la biodiversidad, dos responsabilidades recogidas en la propia normativa.

El precedente de los gatos monteses

Jara y Sedal ya informó en agosto de 2024 de otro hallazgo relacionado con estos parásitos: la detección de Leishmania tropica en gatos monteses españoles. Aquella investigación encontró siete positivos a Leishmania entre 18 ejemplares atropellados y documentó por primera vez esta especie del parásito en fauna silvestre autóctona de la península ibérica.

Si bien se trata de investigaciones sobre poblaciones y especies de Leishmania diferentes, su punto de encuentro es la utilidad de estudiar a los felinos como centinelas sanitarios: conocer qué parásitos circulan en ellos ayuda a orientar la vigilancia de enfermedades compartidas por animales domésticos, fauna silvestre y personas.

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