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El increíble Seat 600 de madera construido por un jubilado gallego que arranca y circula

Agustín Villar, un vecino de 70 años de una aldea de Arzúa, ha fabricado con madera de pino una réplica de un Seat 600 a tamaño real que conserva el motor, los frenos, el cambio y la suspensión del vehículo original.

En un pequeño taller situado junto a la huerta de su casa, en la aldea de O Rial, perteneciente al municipio coruñés de Arzúa, Agustín José Villar Andrade transforma troncos y tablas en bicicletas, motos y coches. Su creación más sorprendente es un Seat 600 de madera que no solo reproduce las formas del popular automóvil español: también arranca y puede circular.

Este gallego de 70 años no es carpintero ni mecánico profesional. Durante buena parte de su vida trabajó en el monte, cortando madera y realizando labores de desbroce y plantación. Tras jubilarse a los 66 años, comenzó a dedicar más tiempo a una afición que lo acompaña desde que era niño y que ha perfeccionado de manera completamente autodidacta.

Un Seat 600 de pino construido a tamaño real

La idea de fabricar vehículos de madera fue tomando forma poco a poco. Primero construyó una bicicleta de aire antiguo y, animado por el resultado, se atrevió con una Vespa inspirada en un ciclomotor de unos 60 años que todavía conserva en funcionamiento.

El gran salto llegó con el Seat 600 de madera de pino del país. Para construirlo compró por 500 euros un vehículo real al que retiró el motor y otros componentes. Después utilizó su carrocería para obtener las plantillas con las que dar forma a cada una de las piezas de su réplica.

El proyecto también obligó al artesano a ampliar las herramientas de su modesto taller. Adquirió una sierra profesional procedente de una antigua carpintería y trabajó durante aproximadamente un año hasta conseguir que el coche estuviese terminado y pudiera moverse por sus propios medios.

Bajo el capó de madera se esconde buena parte de la mecánica del automóvil original. «Tiene las ruedas, los frenos, el motor, la caja de cambios, la suspensión, la carrocería originales…», explicó Agustín a La Voz de Galicia. El resultado está muy lejos de ser una simple maqueta decorativa: se trata de un vehículo funcional construido a escala real.

Un coche de madera que causa sensación

Agustín ha mostrado su peculiar 600 en distintas ferias de época celebradas en Galicia. El recorrido más largo lo realizó durante la Feira 1900 de Curtis, aunque también participa habitualmente en otra cita similar organizada en Boimorto.

Quienes lo ven por primera vez suelen pensar que el vehículo esconde una carrocería metálica bajo la madera o que se mueve empujado con los pies, como el coche de Los Picapiedra. Las dudas desaparecen cuando su creador levanta el capó y muestra el motor y todos los elementos mecánicos.

El automóvil se ha convertido además en un auténtico reclamo allá por donde pasa. «Se detienen y se hacen a un lado para tomar fotografías», aseguró su propietario al citado diario gallego. Su aspecto, con los característicos faros redondos y las líneas reconocibles del histórico 600, sorprende tanto como el sonido del motor al ponerse en marcha.

Una afición nacida durante su infancia

La relación de Agustín con la madera comenzó mucho antes de su jubilación. Cuando era niño fabricaba sus propios juguetes con palos y tablas porque apenas había medios para comprarlos. Con solo 12 o 13 años ya levantaba pequeños muros de piedra, hacía portales de madera y construía muebles a partir de raíces y troncos.

© Instagram

Ahora continúa creando objetos muy diferentes en su taller: bolsos, lámparas, cascos, árboles ornamentales, máquinas de coser, escopetas decorativas e incluso un cuaderno con hojas de madera. Para su nieta de seis años también ha fabricado una cafetera con pequeñas tazas de juguete.

Entre sus próximos proyectos aparece la posibilidad de instalar un motor eléctrico a la Vespa de madera. También le gustaría construir un Citroën 2CV, aunque el precio de los vehículos antiguos que necesita como base ha frenado por ahora la idea. Si volviera a fabricar el 600, asegura que esta vez elegiría madera de castaño.

Sus obras no están a la venta. Agustín las construye únicamente por satisfacción personal y por el deseo de seguir enfrentándose a retos diferentes. Como explicó a La Voz de Galicia, lo hace porque le gusta crear «cosas nuevas, cosas diferentes, cosas que no se ven por aquí».

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