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Un jabalí medalla de oro aparentemente abatido se arranca a por un cazador

Javier Fernandez-Caballero

Fue lo que le pasó a nuestro seguidor Sergio Aparicio en Burgos el pasado 27 de octubre, después de que disparara a un gran jabalí que finalmente ha sido medalla de oro. El propio cazador nos cuenta el lance. 
1/3/2019 | Redacción JyS 

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Sergio Aparicio ha narrado cómo se desarrolló el lance junto a José Antonio, su padre. / S.A.

«Es el lance de mi vida», comenta a Jara y Sedal Sergio Aparicio, de 34 años. Y no es para menos, porque en una montería celebrada en las cercanías de la localidad burgalesa de Santa Olalla su padre le pasó el rifle con el que abatiría un sensacional jabalí que les dio un buen susto el pasado 27 de octubre. 
«Estábamos en el puesto cuando el suido entró por una gatera prácticamente al cuarto de hora de comenzar la montería», nos cuenta el protagonista. El jabalí salió a un cortafuegos y fue entonces cuando José Antonio Aparicio le dejó el arma a su hijo Sergio. «De un tiro dio dos vueltas sobre sí mismo y que se quedó sentado», explica el joven cazador. «La verdad es que me quedé anonadado, contemplando los colmillos, me quedé flipando… creía que estaba muerto». 

El animal, aparentemente abatido, se levanta y corre hacia el cazador

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Otra imagen del gran jabalí. / S.A.

Cuando Sergio hizo intención de acercarse al animal, ya con el arma desencarada, «se levantó y se arrancó hacia nosotros», dice. Por fortuna, no fue de lleno, ya que antes de alcanzarles giró en su trayectoria y «eligió finalmente la zona de monte», relata el cazador. De forma lógica, debido a que la montería ya estaba en marcha, no pudieron acercarse a por él, «por lo que nos quedamos cerca de tres horas con la incertidumbre de si estaría ahí o no», nos cuenta Aparicio.
Una vez acabada la cacería el montero del puesto de al lado «lo vio abatido a unos veinte metros del cortafuegos», dice Sergio. El cazador quedó impresionado al llegar hasta el animal y ver lo grande que era. 

Un oro de 112,15 puntos

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Los colmillos y las amoladeras del suido contaban con un gran tamaño. / S.A.

El jabalí que Aparicio consiguió abatir con su rifle calibre .30-06 Springfield «finalmente ha dado 112,15 puntos», es decir «un oro», nos cuenta. Y agradece de nuevo a su padre José Antonio que le dejase en ese momento poder dispararlo. «Estoy agradecidísimo a mi padre por todo, pero esto que hizo conmigo no se me olvidará jamás», afirma. Ambos viven en la localidad madrileña de Bustarviejo y anualmente acuden a esa batida en Burgos: «Es una montería que da todos los años Goyo, que tiene ganado, y en aquella zona es famoso porque hace la suelta de ganado y la bajada de reses», concluye.