Los biocorredores llevan años considerándose piezas clave para conectar manchas de monte y facilitar el movimiento de la fauna en paisajes fragmentados. Ahora, un trabajo científico publicado en European Journal of Wildlife Research aporta algo más: demuestra que estas franjas lineales de vegetación leñosa son también espacios de alimentación, cobijo y reparto del nicho ecológico para tres grandes especies muy presentes en el campo europeo, el corzo, el gamo y el jabalí.

La investigación, firmada por Markéta Divišová, Josef Suchomel, Denisa Dvořáková y Jan Šipoš, se ha llevado a cabo en el sur de Moravia, en la República Checa, mediante 40 cámaras de fototrampeo instaladas entre octubre de 2020 y mayo de 2022. En total, los autores reunieron 56.461 días de muestreo activo y registraron 19.412 eventos independientes de corzo, 3.828 de gamo y 804 de jabalí.

Los datos dejan una idea clara: los ungulados no usan estos corredores verdes solo para desplazarse entre manchas de hábitat. Los aprovechan además como áreas de resguardo frente a molestias, como puntos de alimentación y como lugares en los que se producen ajustes de comportamiento entre especies que comparten terreno.

Antes de entrar en el detalle, el estudio también deja otra conclusión relevante para la gestión del territorio agrario: cuanto más compleja y sombreada es la estructura de estos corredores, mayor es su valor para la fauna. No parece importar tanto su tamaño o su forma como su capacidad real para ofrecer cobertura.

El corzo cambia cuando aparece el gamo

Uno de los hallazgos más llamativos del trabajo es que la actividad temporal del corzo cambia en aquellos lugares donde también está presente el gamo. Los autores interpretan ese desplazamiento como un patrón compatible con interacción competitiva entre ambas especies.

Un gamo roncando.
Un gamo roncando. © Shutterstock

En la práctica, lo que observaron es que el corzo modifica la concentración de su actividad nocturna cuando comparte esos corredores con el gamo. En zonas sin gamos, su comportamiento nocturno aparece más concentrado. En cambio, allí donde ambas especies coinciden, la actividad del corzo se reparte más a lo largo del ciclo diario.

No es un detalle menor. El estudio sugiere que esa convivencia no es neutra y que incluso en franjas estrechas de vegetación, que muchas veces pasan desapercibidas en el paisaje agrícola, se están produciendo ajustes finos entre especies que comparten recursos y cobertura.

Comparación de la actividad diaria del corzo en zonas con y sin gamo, a partir de cámaras trampa. El gráfico muestra la actividad a lo largo de 24 horas y el grado de solapamiento entre ambos patrones.

Más sombra, más uso del corredor

Los investigadores comprobaron que el factor que mejor explica la presencia de estos ungulados en los biocorredores es la sombra del dosel arbóreo. Es decir, los animales seleccionan preferentemente los corredores con mayor cobertura vegetal y más capacidad de refugio.

En cambio, otros parámetros que podrían parecer decisivos, como la anchura, la longitud, el perímetro, la superficie o parte de la composición vegetal, no mostraron un efecto significativo. El mensaje que deja el trabajo es bastante directo: para estas especies importa más la calidad del abrigo que el diseño geométrico del corredor.

Eso encaja, además, con el uso que hacen del medio. Corzos y gamos mostraron patrones de actividad principalmente crepusculares, con picos al amanecer y al atardecer, mientras que el jabalí mantuvo un comportamiento mucho más nocturno. En verano, esas pautas fueron más marcadas; en invierno, se difuminaron.

Una pieza clave en el campo agrícola

El jabalí fue la especie menos detectada en estos corredores, algo que el estudio relaciona con su mayor dependencia de cultivos y espacios abiertos para alimentarse. Aun así, su presencia confirma que estos elementos lineales siguen desempeñando una función útil dentro del mosaico agrario.

Jabalíes frente a una cosechadora. © Shutterstock

La principal conclusión del trabajo es que los biocorredores son mucho más que simples vías de paso. En paisajes agrícolas intensivos, donde a menudo escasean las manchas de vegetación leñosa, actúan como una infraestructura ecológica básica para mantener fauna, reducir exposición y sostener interacciones entre especies.

Por eso, los autores defienden que conservar y mejorar estos corredores debería formar parte de las estrategias de gestión del paisaje y de la fauna. En el caso del corzo, además, el estudio apunta a que su valor puede ser aún mayor de lo que se pensaba.

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