fbpx

Las imágenes de fototrampeo de esta sociedad de cazadores demuestran su arduo trabajo por la conservación

Valverde del Camino es otro gran ejemplo de cómo los cazadores trabajan por la conservación de la fauna. Las imágenes de las cámaras de fototrampeo instaladas por esta sociedad en algunos de los 100 bebederos del coto revelan cómo acuden a beber especies cinegéticas y protegidas.

bebedero coto caza
Una perdiz en un bebedero de un coto de caza.

Imágenes de las cámaras de fototrampeo instaladas por la Sociedad de Caza de Valverde del Camino (Huelva) en algunos de los bebederos de sus acotados demuestran como los cazadores, mediante las labores de gestión cinegética, trabajan por la conservación de la biodiversidad ayudando a la supervivencia de especies cinegéticas y protegidas.

Img

En concreto, las cámaras instaladas en distintos puntos de agua de los 100 instalados por los cazadores de esta sociedad a lo largo de sus 17.000 hectáreas revelan cómo estos bebederos ayudan a combatir los rigores del verano no sólo a conejos, perdices o jabalíes -especies cinegéticas fundamentales en cualquier coto de caza-, sino también zorros, rabilaros, fringílidas ó rapaces.

Estas imágenes demuestran, una vez más, como la gestión cinegética no sólo favorece la conservación de poblaciones de especies cinegéticas como recurso renovable, sino también la de especies protegidas y no cazables que encuentran en esto abrevaderos fabricados e instalados por los cazadores con recursos propios, una ayuda fundamental en época de sequía y escasez de alimento.

No en vano, según el informe «Evaluación de Impacto Socio-económico de la caza en España» realizado por Deloitte para la Fundación Artemisan, los cazadores españoles invierten 233 millones de euros a inversiones relacionadas con la conservación medioambiental, cantidad a la que hay que sumar los 54 millones que se destinan al mantenimiento y construcción de vías y caminos rurales, pantanos, podas, mejora del monte, cortafuegos y cortaderos, entre otras acciones. En total, casi 290 millones de euros invertidos anualmente en la conservación y mejora del mundo rural.

«Con carácter general, la sociedad está acostumbrada a pasar el verano en playas y piscinas, pero en el campo la vida continúa y se convierte en la época más dura del año para la fauna ante la dificultad para encontrar alimento y agua con la que subsistir. En este sentido, los cazadores realizan una función vital para la conservación invirtiendo sus propios recursos en llevar agua y alimento a sus acotados», explica José Antonio López, coordinador del Servicio Técnico de la FAC, quien añade que «este tipo de acciones no son selectivas: de ellas se beneficia toda la fauna, sea cinegética o no. De esta manera, a cambio de extraer una serie de ejemplares de manera controlada y en base a criterios técnicos, muchas especies protegidas se benefician indirectamente de la caza y encuentran en ella un recurso para su propia conservación».