Jara y Sedal ha entrevistado a Christian Gortázar, catedrático de Sanidad Animal y uno de los mayores expertos internacionales en peste porcina africana (PPA), para analizar la evolución del brote detectado en Cataluña. Miembro del comité científico del Ministerio de Agricultura (MAPA), advierte de que las medidas aplicadas hasta ahora no están siendo siendo suficientes para frenar su expansión y alerta del riesgo real de que el virus acabe extendiéndose a otras zonas de España si no se actúa con mayor intensidad y rapidez.
Pregunta.- ¿Han pasado casi cinco meses desde el primer caso de peste porcina africana (PPA) en España. ¿En qué situación nos encontramos?
Respuesta.- La PPA se expande de forma lenta, como una mancha de aceite. Eso es característico de este virus, que se transmite mediante contacto de sangre. En diciembre de 2025, la PPA circulaba en una zona relativamente reducida, un triángulo de unos 15 a 20 km² entre Cerdanyola del Vallés, Sant Cugat del Vallés y Sabadell. Ahora, a principios de mayo de 2026, el polígono que contiene los casos tiene una superficie diez veces mayor. La zona de restricción más estricta ya comprende 68 municipios de la provincia de Barcelona, incluida la capital. Así nos encontramos.
P.- ¿Significa esto que no estamos siendo capaces de frenarla?
R.- La expansión lo dice todo. Para parar con éxito un foco de PPA necesitamos primero que el viento sople a favor: si se detecta pronto el primer caso, y además el hábitat es poco favorable y hay una baja densidad de jabalíes, habrá mejores oportunidades. Aquí jugamos con muy malas cartas: alta densidad de jabalíes, hábitat periurbano con mucha gente, y un virus algo diferente que genera incertidumbre.
En segundo lugar, evitar la expansión exige un esfuerzo enorme, que implica muchos recursos humanos y materiales para aplicar las únicas medidas eficaces: vallados, destrucción de cadáveres y eliminación de jabalíes. Si no se aplican las tres medidas rápidamente y con intensidad suficiente, la PPA se expande.
P.- Si mantenemos este ritmo de expansión del área afectada, ¿cree posible que pase a otras comunidades? ¿Cuándo? ¿Qué comunidades autónomas están ahora mismo en mayor riesgo real?
R.- Con la PPA, la pregunta nunca ha sido si llegará o no. La pregunta es cuándo llegará. Italia sufrió cuatro brotes en poco más de un año, de procedencias distintas. En España puede pasar lo mismo, no hace falta que sea por expansión del brote de Barcelona. De hecho, los saltos del virus a larga distancia no ocurren por movimientos naturales de jabalíes infectados, sino por personas que transportan restos, material contaminado, productos o animales vivos.
P.- La cepa detectada parece tener menor mortalidad, pero mayor capacidad de transmisión prolongada. ¿Esto hace el problema más peligroso a medio plazo?
R.- Todavía hay mucha incertidumbre. Los animales infectados terminan muriendo, pero es verdad que podrían hacerlo de forma algo más lenta. Si fuese así, implicaría más tiempo para que un animal infectado transmita el virus a otro sano. Eso implicaría mayor capacidad de difusión y mayor probabilidad de mantenimiento. Además, implicaría que la mortalidad se espaciaría más en el tiempo, resultando menos evidente en el campo. Por tanto, habría una menor probabilidad de detección. Se está trabajando mucho sobre esto y pronto sabremos más.
P.- En la última entrevista hablábamos de países como República Checa o Suecia, donde la colaboración entre cazadores y administración funcionó bien, frente al caso de Italia, donde no fue tan buena. Cinco meses después, ¿qué camino diría usted que hemos seguido en España: el sueco o el italiano?
R.- Italia es mucho más parecida a España, en muchos sentidos: el brote del norte, que sigue en expansión, tiene lugar en zonas muy pobladas por personas, algunas con importante producción de ganado porcino. Y con una alta densidad de jabalíes, tan alta como la de Barcelona. El hábitat, con bosque mediterráneo y montañas, también complica la búsqueda y destrucción de cadáveres. En España existe colaboración entre el sector de la caza y las administraciones, y percibo buena voluntad por todas partes. Pero también existe mucha segmentación en unos y otros, lo cual no ayuda.
P.- ¿Ha habido suficiente colaboración entre administraciones, científicos y sector cinegético?
R.- Los científicos formamos parte del comité de expertos del ministerio de agricultura y del comité de expertos autonómico. El sector cinegético está representado solamente en el comité del ministerio. Tampoco observo especial comunicación, más allá de lo informal, entre el sector cinegético y los científicos.
P.- ¿Qué papel ha jugado la caza en estos meses?
R.- Esta pregunta daría para un libro. Simplificando muchísimo, conviene diferenciar la caza, desarrollada por aficionados que siguen unas reglas, del control poblacional ejercido por cazadores formados, agentes forestales y otros profesionales, aplicando medios extraordinarios. La eliminación de jabalíes es una de las tres herramientas clave para el control de la PPA, pero debe adaptarse a los tiempos y las zonas. Es necesario que sea «silenciosa» (trampas, silenciadores…) en zonas infectadas, para no causar el desplazamiento de jabalíes potencialmente infectados. Y debe ser muy intensa en la periferia, donde sí pueden usarse métodos menos discretos.
Hay muchos agentes y laborales de reservas de caza, que podrían reforzar los esfuerzos de control profesional. Además, están el SEPRONA e incluso los militares
P.- ¿Se necesita cazar más jabalíes de los que se están cazando? ¿Es necesaria su erradicación en determinadas áreas como sugieren algunos científicos? A la vista de los datos actuales, algunos expertos plantean que para erradicar la PPA en el Área Metropolitana de Barcelona habría que «vaciar» prácticamente de jabalíes la zona. ¿Es realista este escenario o estamos ante un planteamiento teórico difícil de aplicar?
R.- Vaciar de jabalíes una amplia franja alrededor de la zona afectada, la «zona blanca», es una de las pocas oportunidades que nos quedan. Pero, para que una zona blanca funcione, el vaciado ha de ser completo y rápido. En la zona afectada, el único jabalí bueno es el jabalí muerto. Hay cazadores que no lo entienden. Se quejan por matar hembras o rayones. Deben entender que la muerte por un virus hemorrágico implica un sufrimiento mucho mayor. Y que, si no contenemos la expansión del brote, no habrá quien frene la PPA y serán muchos más los jabalíes que mueran.
P.- Si la caza no es suficiente, ¿qué papel deben asumir entonces los profesionales, la administración o incluso las fuerzas de seguridad?
R.- Hay medios, como los drones con visión térmica y los recorridos nocturnos con tiradores dotados de térmico acoplado y silenciador, que necesitan ser aplicados por profesionales. Y más en zonas con mucha población. En cambio, las trampas pueden ser gestionadas por cualquier persona formada, sea profesional o cazador, aunque desde luego requieren mucha mano de obra. Pero, además, en Cataluña y en el resto de España hay muchos agentes y laborales de reservas de caza, que podrían reforzar los esfuerzos de control profesional. Además, están el SEPRONA e incluso los militares. En el brote de la República Checa intervinieron francotiradores de las fuerzas de seguridad.
P.- Algunos expertos sugieren aprobar medidas poco habituales como el uso de silenciadores, visores térmicos o dar recompensas por abatir animales. ¿Cree que es una buena vía?
R.- Ya no sé qué símil emplear. He hablado de que esto es una guerra, o un gran incendio forestal. Nada, es como predicar en el desierto. Los silenciadores ya son legales en muchos países de la UE, especialmente donde hay PPA. Igual pasa con los visores térmicos acoplados al rifle. Las recompensas pueden dar lugar a picarescas y estamos en el país que las inventó, pero me consta que el sector porcino busca echar una mano, por la cuenta que le trae.
P.- Se insiste en que los cadáveres son la principal fuente de contagio. ¿Se está haciendo realmente bien esa labor de búsqueda y retirada?
R.- Esa labor es tan fundamental como eliminar jabalíes. Pero hay un problema con los medios. En este caso, hablamos sobre todo de perros especializados en la búsqueda de cadáveres, y sus guías. Los casos de PPA más periféricos suelen localizarlos particulares, con eso está todo dicho.
Cuando la respuesta a una declaración de guerra, o a un incendio, depende de concursos, contratos y demás trámites administrativos, lo más probable es que el enemigo conquiste Cuenca o que el incendio nos queme un parque nacional antes de haber reaccionado.
P.- No sé si puede hablar de cifras. ¿Cuántos jabalíes deberíamos eliminar y en cuánto tiempo para mantener la situación bajo control? ¿Es viable un esfuerzo de esa magnitud?
R.- Si se quiere, se puede, pero la ventana temporal es pasajera y se va cerrando. Hablamos de varios miles solo en la zona blanca, que debería ser la prioridad. A un ritmo de 700 a 800 por semana, se llegaría a un mínimo. Ese ritmo se podría lograr combinando trampeo con esperas y control profesional. Por ahora, no se ha alcanzado esa velocidad de crucero.
P.- ¿Qué pasará si no se alcanza ese nivel de eliminación antes de que termine el periodo de partos de primavera?
R.- El periodo de partos ya va mediado, pues tuvo su pico en abril. Eso implica que, a los miles de jabalíes crecidos, ahora hay que sumarles los rayones. Cuando la respuesta a una declaración de guerra, o a un incendio, depende de concursos, contratos y demás trámites administrativos, lo más probable es que el enemigo conquiste Cuenca o que el incendio nos queme un parque nacional antes de haber reaccionado.
La muerte por un virus hemorrágico implica un sufrimiento mucho mayor que el derivado de un disparo sanitario.
P.- ¿Puede la presión social en entornos urbanos frenar o dificultar las medidas más eficaces contra la PPA?
R.- Hay municipios que se declaran no cazadores. Y hay personas que vandalizan los cerramientos. Eso puede complicar las cosas, pero no podrá frenar las actuaciones mientras tengamos claras las prioridades. Y, nuevamente, conviene recordar que la muerte por un virus hemorrágico implica un sufrimiento mucho mayor que el derivado de un disparo sanitario.
P.- En otros países la enfermedad ha cambiado por completo las poblaciones de jabalí. ¿Vamos hacia ese mismo escenario aquí?
R.- Es muy pronto para responder a esta pregunta. Por ahora, eso es ciencia ficción y esperemos que, finalmente, pongamos toda la carne en el asador y logremos frenar el avance del brote. Y después, más de un año más tarde, ojalá ser nuevamente libres. De lo contrario, volveremos veinte años atrás en el tiempo en cuanto a la población de jabalíes. Malo para la caza mayor, pero bueno para otras especies.
P.- ¿Qué deben hacer ahora mismo los cazadores para no contribuir, sin saberlo, a la propagación del virus?
R.- Todo movimiento desde zonas infectadas es un riesgo. Especialmente, si se trasladan botas sucias o cualquier material con sangre, incluidos la carne y los trofeos de jabalí. La PPA está en casi toda Europa, de modo que hay que llevar cuidado en las visitas de caza al extranjero. También conviene replantearnos nuestra relación con el jabalí como especie cinegética: pasar de la trofeitis, que nos demanda mantener poblaciones numerosas, al aprovechamiento culinario. Es un cambio cultural difícil, un reto que conviene abordar.
P.- Si hubiera que elegir una sola medida clave que ahora mismo no se está aplicando con suficiente intensidad, ¿cuál sería?
R.- ¿Una sola? Eliminar jabalíes.








