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Científicos demuestran que los gatos alimentados por humanos siguen depredando sobre aves amenazadas, liebres y conejos

El análisis genético de 165 excrementos revela que los gatos con propietario y acceso habitual a comida siguen capturando pequeños mamíferos, aves y otras presas silvestres. El trabajo añade nuevas evidencias científicas frente al modelo de colonias felinas protegido en España por la Ley de Bienestar Animal.

Que las colonias felinas callejeras son una amenaza para la biodiversidad no es una novedad. De hecho, desde el mundo de la caza son miles las voces que llevan tiempo denunciándolo. Los habitantes del medio rural son testigo, día sí y día también, del extraordinario carácter depredador de estos animales. Su experiencia sobre el terreno cada vez se ve más respaldada por la ciencia, pues son numerosos los estudios que recurrentemente arrojan luz sobre este grabe problema de conservación. Uno de los últimos ha venido a demostrar algo que aún no había sido observado por la ciencia: Alimentar a un gato que vive o deambula libremente no impide que continúe cazando. Así lo confirma una investigación realizada en Países Bajos, donde los científicos han encontrado pequeños mamíferos, aves, anfibios, liebres y conejos en la dieta de estos animales, incluidas varias especies incorporadas a la Lista Roja neerlandesa.

El dato más revelador procede de las muestras recogidas en el territorio continental. Allí, los excrementos pertenecían principalmente a gatos con propietario que entraban y salían de las viviendas y tenían acceso continuado a refugio y alimento proporcionado por personas. Aun así, la fauna silvestre siguió ocupando una parte mayoritaria de su dieta.

La comida para gatos representó alrededor del 26 % de la dieta detectada en las muestras continentales. Sin embargo, los pequeños mamíferos alcanzaron el 57 %, a lo que se añadieron aves y lagomorfos. Es decir, recibir alimento de forma habitual no eliminó su comportamiento depredador ni evitó que siguieran capturando animales en campos, pastizales y otros espacios abiertos.

El trabajo, titulado The diet of free-ranging cats in Dutch open habitats: a species-level insight, ha sido publicado en la revista científica European Journal of Wildlife Research. Sus conclusiones se suman a una extensa bibliografía que lleva años advirtiendo de que los gatos domésticos, comunitarios y asilvestrados constituyen una presión añadida para la biodiversidad cuando pueden desplazarse sin control por el medio natural.

Una dieta silvestre aunque tengan comida en casa

Los investigadores recogieron 165 muestras de excrementos entre el otoño de 2020 y el de 2023 en diferentes espacios abiertos de Países Bajos. Parte de ellas procedía del continente y otra parte de la isla de Schiermonnikoog, donde existe una población de gatos sin dueño mucho menos dependiente de la alimentación humana.

Mediante una técnica conocida como metabarcoding de ADN, los científicos identificaron los restos genéticos presentes en las heces. Después de aplicar controles de calidad y descartar las muestras con información insuficiente, quedaron 130 para los análisis principales. En ellas se detectaron 54 taxones, de los cuales 28 pudieron identificarse hasta el nivel de especie.

La comparación entre el continente y la isla permitió observar una diferencia lógica: los gatos sin dueño dependían mucho más de las presas naturales. En Schiermonnikoog, la comida aportada por seres humanos representó solo un 5 % de la dieta, frente al 26 % registrado entre los gatos continentales, en su mayoría animales con propietario. Pero esa diferencia no convirtió a los gatos alimentados en animales inofensivos para la fauna. Incluso disponiendo de comida, continuaban capturando topillos, ratones, musarañas, aves, liebres y conejos.

Este resultado desmonta una idea muy extendida en la gestión de las colonias felinas: que mantener puntos de alimentación puede reducir de forma suficiente su actividad depredadora. La comida suministrada por personas puede disminuir su dependencia energética de las presas, pero el nuevo trabajo confirma que no anula el instinto ni el comportamiento de caza.

gatos callejeros
Gato callejero. © Shutterstock

Liebres, conejos y aves de la Lista Roja

La dieta general estuvo dominada por los mamíferos, que representaron aproximadamente el 70 % de las lecturas genéticas identificadas. Los pequeños mamíferos alcanzaron el 53 %: los topillos supusieron un 26 %, los ratones un 15 % y las musarañas un 12 %. Las aves representaron alrededor del 10 % y los lagomorfos otro 5 %.

Entre las presas aparecieron cuatro especies incluidas en la Lista Roja de Países Bajos: la liebre europea, el conejo europeo, el bisbita pratense y el cuchara común. En conjunto, estas especies representaron aproximadamente el 6 % de la dieta estimada, con la liebre aportando por sí sola alrededor del 5 %.

Los autores destacan que los gatos no se alimentan únicamente de especies abundantes. También capturan animales que atraviesan situaciones delicadas o cuyas poblaciones ya sufren otras amenazas, como enfermedades, pérdida de hábitat, intensificación agraria o degradación del paisaje.

Tener dueño no elimina su capacidad depredadora

La distinción entre gatos domésticos y asilvestrados suele utilizarse para reducir el problema a los ejemplares completamente independientes del ser humano. Los resultados del nuevo trabajo obligan a introducir un matiz fundamental. Los gatos asilvestrados de la isla presentaron una dieta más diversa y dependieron casi por completo de los recursos naturales. Allí se detectaron 26 especies de presa, frente a las 17 registradas en el territorio continental, y las aves representaron una proporción mayor.

Sin embargo, los gatos domésticos con acceso al exterior también ejercieron una actividad depredadora intensa. En el continente, los pequeños mamíferos constituyeron el 57 % de la dieta analizada, mientras que la comida humana se quedó en el 26 %. Por tanto, el problema no se limita a los animales que nacen y crían completamente asilvestrados. También incluye a los gatos que tienen casa, propietario y comedero, pero salen libremente a cazar durante horas sin supervisión.

Esta conclusión tiene especial relevancia para la gestión de colonias felinas, donde la alimentación forma parte central de los programas públicos. Mantener a los animales bien alimentados puede responder a objetivos de bienestar, pero no garantiza la protección de los vertebrados que comparten con ellos parques, solares, zonas agrícolas o espacios naturales.

Una nueva evidencia frente a la Ley de Bienestar Animal

La publicación vuelve a poner bajo la lupa el modelo aprobado en España por el Gobierno mediante la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales. La norma encomienda a los ayuntamientos la gestión de los gatos comunitarios mediante programas que incluyen censado, alimentación, refugio, asistencia sanitaria, esterilización e identificación. El sistema se basa en el método CER: captura, esterilización y retorno de los ejemplares a la colonia donde fueron encontrados.

La ley declara que pretende reducir progresivamente las poblaciones, pero al mismo tiempo blinda la permanencia exterior de los gatos comunitarios. Prohíbe con carácter general su sacrificio, retirada, confinamiento y aprovechamiento cinegético, aunque recoge excepciones para determinadas situaciones sanitarias o cuando exista un impacto negativo sobre espacios protegidos, la Red Natura 2000 o la fauna protegida.

En la práctica, el modelo obliga a las administraciones a alimentar y retornar al exterior a unos depredadores cuya actividad sobre la fauna silvestre continúa incluso cuando reciben comida de forma regular. La contradicción resulta evidente. Mientras las administraciones restringen o controlan a diferentes depredadores silvestres para proteger determinadas especies, la legislación estatal ha creado un sistema específico para mantener en libertad a poblaciones de un depredador doméstico asilvestrado.

La responsabilidad no es del gato

La responsabilidad de este problema no corresponde al animal. Un gato que captura una musaraña, un conejo o un ave actúa conforme a su naturaleza depredadora. La responsabilidad pertenece a quienes permiten que miles de estos animales vivan y se reproduzcan en espacios abiertos, y especialmente a quienes convierten esa situación en una política pública obligatoria.

Cuando el Gobierno impulsó la Ley de Bienestar Animal ya existían numerosos trabajos científicos que alertaban del impacto de los gatos sobre la biodiversidad. Desde entonces, nuevas investigaciones han añadido datos sobre depredación, transmisión de enfermedades, hibridación con el gato montés y presencia de colonias en espacios protegidos. El estudio neerlandés incorpora ahora una conclusión particularmente incómoda para los defensores del modelo basado en alimentar y retornar: los gatos siguen capturando fauna silvestre aunque tengan comida disponible.

No basta, por tanto, con colocar comederos, esterilizar una parte de la colonia y confiar en que los ejemplares dejarán de cazar. La esterilización puede limitar el crecimiento futuro de la población, pero mientras los animales permanezcan en el exterior continuarán ejerciendo presión sobre la fauna que vive a su alrededor. Los autores del trabajo consideran que sus resultados refuerzan la necesidad de aplicar medidas de gestión como restringir el acceso de los gatos al exterior o controlar sus poblaciones.

La ciencia vuelve a demostrar que alimentar a estos depredadores no protege a sus presas. Mantenerlos libremente en el campo, en parques o junto a espacios naturales es una decisión humana y política cuyas consecuencias terminan pagando liebres, conejos, aves, micromamíferos, anfibios y reptiles.

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