Un viaje de trabajo por la provincia de Soria acabó convirtiéndose en un largo recorrido fotográfico por la España rural. Gunnar Knechtel, un fotógrafo alemán afincado en Barcelona, ha retratado más de un centenar de frontones repartidos por pequeños pueblos, construcciones que para muchos vecinos pasan inadvertidas, pero que durante generaciones fueron lugar de juego, reunión y convivencia.
El proyecto, desarrollado entre 2022 y 2024, ha desembocado ahora en una exposición organizada por el Centro Nacional de Fotografía y el Ayuntamiento de Soria. La muestra puede visitarse hasta el próximo 31 de agosto en el Palacio de la Audiencia de la capital soriana.
La historia comenzó de manera inesperada. Knechtel había viajado hasta Soria por encargo de una revista gastronómica alemana para realizar un reportaje sobre el torrezno. Mientras atravesaba la pequeña localidad de Valderrodilla, reparó en un muro verde adosado a una iglesia que llamó poderosamente su atención.
Cuando regresó a Barcelona comenzó a investigar y descubrió que aquella construcción era un frontón de plaza libre, una pieza habitual del paisaje de numerosos pueblos españoles, pero prácticamente desconocida para alguien criado en Alemania. A partir de entonces decidió buscarlos y fotografiarlos.
Más de cien frontones repartidos por la España interior
Durante los tres años siguientes, Knechtel recorrió municipios de Soria, Zaragoza, Salamanca, Zamora, Navarra y Ávila, además de otros puntos del interior peninsular. En total reunió fotografías de más de cien frontones, aunque en la exposición soriana se muestran 16 imágenes impresas y una proyección compuesta por 81 fotografías.

Su trabajo se centra en los frontones tradicionales de plaza libre, formados generalmente por un único muro situado junto a una iglesia, una escuela o en el centro de la plaza. Knechtel los retrata sin personas y con una iluminación neutra para que toda la atención recaiga sobre su arquitectura y las huellas acumuladas durante décadas.
Golpes de pelota, capas de pintura, grietas, reparaciones, grafitis y señales de erosión convierten cada pared en una construcción diferente. Aunque todas fueron levantadas para practicar el mismo juego, no existen dos frontones iguales: cada pueblo los adaptó a sus edificios, materiales y espacios disponibles.
Muchos de ellos continúan utilizándose durante las fiestas o cuando las familias regresan al pueblo en verano. Otros, en cambio, han quedado sin uso como consecuencia de la despoblación, convertidos en grandes muros silenciosos que recuerdan una época en la que las plazas estaban llenas de niños y jugadores.
Una mirada extranjera sobre un símbolo de los pueblos
La trayectoria de Gunnar Knechtel ayuda a comprender esta forma de mirar aquello que para los habitantes de los pueblos resulta cotidiano. Nacido en Alemania en 1970, estudió fotografía en el Lette Verein de Berlín y posteriormente se trasladó a Londres, donde comenzó a trabajar para revistas internacionales.
Desde el año 2000 vive y trabaja en Barcelona. A lo largo de su carrera ha colaborado con publicaciones como The Guardian, Die Zeit, Der Spiegel, Stern y El País Semanal. Buena parte de su obra está dedicada a paisajes, construcciones y lugares que suelen pasar desapercibidos.
El fotógrafo también ha documentado antiguos barrios de chabolas de Madrid, cuevas de lava en Canarias, ruinas y piedras sagradas de la España interior, además de ciudades planificadas desde cero como Brasilia, Astana o Chandigarh. Uno de estos trabajos fue seleccionado en 2025 en la categoría profesional de paisaje de los Sony World Photography Awards.
Ahora, su mirada ha devuelto protagonismo a esas paredes que todavía se levantan junto a iglesias y plazas. Frontones que no solo hablan de un deporte tradicional, sino también de la vida compartida, la despoblación y la memoria de cientos de pueblos españoles.








