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Un estudio utiliza el pelo de los jabalíes para detectar de qué se alimentan

Las muestras de pelo de 75 jabalíes procedentes de siete cotos de caza de Andalucía han permitido descubrir la alimentación suplementaria a la que son sometidos estos animales.

Varios jabalíes se alimentan de mazorcas de maíz. © Shutterstock
Varios jabalíes se alimentan de mazorcas de maíz. © Shutterstock

Una investigación realizada por la Universidad de Córdoba y el Instituto de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA) de la Junta de Andalucía y publicada en la revista Science of The Total Environment, ha analizado los isótopos estables de carbono y nitrógeno presentes en muestras de pelo de 75 jabalíes procedentes de siete cotos de caza de Andalucía para conocer su dieta alimentaria.

Los isótopos estables presentes en los pelos proporcionan información sobre la calidad y la composición de la dieta a largo plazo ya que el pelo, durante su crecimiento, guarda la información isotópica de su alimentación de manera cronológica, según detalla la publicación. De esta forma, al analizar las muestras de pelo cortadas en partes iguales desde la más antigua hasta la más reciente para obtener así una cronología de la alimentación, el estudio identificó tres tipos de dietas en los jabalíes.

Dos de las poblaciones de jabalíes analizadas tenían una alimentación 100% silvestre típica de los entornos donde vivían, es decir, en ellas no se detectó presencia de alimentos suplementarios. Por el contrario, en cuatro poblaciones se detectó una mezcla entre alimentación silvestre y otra alimentación a base de maíz debido al suministro de alimentación suplementaria. Finalmente se detectó una población donde su dieta era típica de animales criados en cautividad con una dieta formada en su totalidad de maíz.

Los investigadores advierten del peligro de alimentar a los jabalíes artificialmente, ya que podría ocasionar problemas de tipo sanitario. Además, puntualizan, una disponibilidad mayor de alimentación disminuye la mortalidad juvenil y aumenta la productividad reproductiva reflejándose en un constante aumento del número de individuos, si no se controlan adecuadamente mediante la caza.