Florencio Markina, presidente de la Asociación del Corzo Español (ACE), presentó recientemente el estudio El corzo en España. Situación actual y prospectiva de futuro. Un ambicioso informe realizado por la ACE en colaboración con Fundación Artemisan y que, tras más de tres años de trabajo, confirma en sus cerca de 600 páginas la gran expansión de la especie en nuestro país poniendo el acento en los principales retos de su gestión. Jara y Sedal ha hablado con él.
PREGUNTA. ¿Era necesario un estudio de esta magnitud o el sector ya intuía lo que ahora confirman los datos?
RESPUESTA. Desde hace años veníamos observando importantes desajustes en las poblaciones de corzos, bien por gestión deficiente por parte de las administraciones, bien por una falta de concienciación de los cazadores, pero faltaba hacer una profunda recopilación de la información disponibles para probar, con datos, estas cuestiones.
P. ¿Cuál era el objetivo de este trabajo?
R. Aglutinar y tratar toda la información dispersa sobre el corzo y su aprovechamiento en poder de las administraciones, gestores y cazadores para poner al día la situación real de sus poblaciones.
P. El estudio confirma una expansión sostenida de la especie desde los años 70. ¿En qué situación está hoy?
R. Hoy tenemos unas poblaciones cantábricas en franca regresión por la confluencia de enfermedades parasitarias y depredación, una zona centro peninsular con cierta estabilidad y un avance demográfico notable hacia el este aragonés y la zona de levante, áreas donde hasta hace pocos años no estaba presente.

P. ¿Qué factores explican ese avance?
R. Provienen de poblaciones castellanas asentadas con un incremento de densidad tal que ha provocado que aquellos individuos mejor dotados –primero machos y después ambos sexos– hayan iniciado una expansión hacia áreas despobladas con menor tensión territorial.
P. El informe habla de un desajuste entre densidades reales y cupos concedidos. ¿Dónde está fallando el sistema?
R. El mayor fallo es la falta de información real sobre las densidades y la composición por sexo y edad de las poblaciones. Sin información real difícilmente podremos mantener una gestión equilibrada. Además, las administraciones parecen mantener una excesiva prudencia en la concesión de cupos que, a medio plazo, produce desajustes en la capacidad de carga de los hábitats además de la insatisfacción de los adjudicatarios de los terrenos cinegéticos, que conocen, mejor que nadie, la realidad de sus corzos.
P. ¿Se está cazando menos corzo del que sería necesario?
R. En general, con cerca de un millón de corzos en España, el aprovechamiento actual es claramente insuficiente. Si lo comparamos con otras regiones de Europa, con esta población deberíamos estar extrayendo casi el doble de lo que estamos obteniendo y, claro está, igual número de machos que de hembras, algo que no está sucediendo en nuestro país, donde el principal aprovechamiento se centra en los machos de entre tres y cuatro años.
P. ¿Qué supone la falta de monitorización real de los cotos?
R. La falta o la dispersión de la información es el mayor enemigo de la gestión. No existe una uniformidad y un acuerdo entre comunidades en los métodos de estimación de las poblaciones y muchos de estos datos provienen de unos planes de ordenación de los cotos muy deficientes por falta de dedicación y presupuesto. Es urgente que homologuemos sistemas de monitorización homogéneos y reales.

P. ¿Por qué sigue siendo algo excepcional que los cupos se concedan por sexo y edad cuando los datos demuestran su importancia?
R. Cualquier extracción debe tender a adecuar la densidad a la capacidad de carga del ecosistema y respetar el equilibrio de la razón de edades y sexos de la población. Los cupos deben de ser idénticos para machos que para hembras y con mayor presión en la población juvenil que en la adulta. En un axioma que habría que cumplir en todos los casos y situaciones y que la ACE lleva años reclamando.
P. Los daños en girasol, viñedo, almendro o frutales empiezan a ser inasumibles en algunos territorios. ¿Está el corzo pagando el precio de su éxito?
R. En cierta medida, sí. Estos daños son fruto de la superación de la capacidad territorial económica del medio por parte de la especie. Pero este fenómeno también está provocado por una falta de ordenación integral de los ecosistemas y por una nefasta política de planificación agraria que no contempla los sistemas de prevención de daños como una práctica habitual de manejo. Y donde haya que ajustar las poblaciones habrá que hacerlo en beneficio de otros aprovechamientos, aunque todo se puede compaginar con ganas e imaginación.
P. ¿Se ha roto el equilibrio entre fauna silvestre y actividad agrícola en determinadas zonas?
R.Quizá en algunos casos, pero más bien existe una falta de ordenación integral de los ecosistemas agrarios y forestales. En ninguna planificación productiva del sector primario se contempla suficientemente la convivencia de las explotaciones con la fauna silvestre natural. La producción y la conservación suelen ir por caminos diferentes cuando deberían de ir en paralelo.
P. ¿Qué consecuencias puede tener para la imagen social de la caza no abordar este problema con seriedad y datos?
R.La práctica cinegética actual debe estar asentada en una gestión racional y amparada por información veraz de las poblaciones. Debemos de conocer en todo momento la población de partida y la extracción que se realiza para planificar y asegurar la conservación del recurso. Por otra parte, el cazador actual tiene que ser consciente de su papel y combinar perfectamente afición con deber para asegurar la conservación del corzo en equilibrio con su medio.
P. ¿Cuál es el principal riesgo si no se aplican las directrices que plantea este estudio?
R.El principal riesgo ya es una realidad en las poblaciones cantábricas de corzo. Las enfermedades parasitarias densodependientes, fruto de un desequilibrio demográfico de las poblaciones, y una expansión de los depredadores pueden provocar la desaparición de la especie en extensas áreas del territorio. De ahí la importancia de ajustar los aprovechamientos a la realidad de las poblaciones para mantenerlas sanas y capaces de afrontar su destino natural.

P. ¿Qué debería cambiar hoy mismo en la gestión del corzo en España?
R. Lo fundamental sería la concepción de la caza más como aprovechamiento de gestión que como búsqueda de trofeos. Los cupos de extracción deben estar diferenciados por clases de sexo y edad y basados en la realidad local de las poblaciones. Incluso, en algunos casos, se debe de contemplar la eliminación de los cupos en áreas demográficamente tensionadas o la búsqueda de métodos de intervención más eficaces manteniendo sistemas de control de capturas que aporten información veraz de los resultados y que faciliten la tarea a cazadores y gestores.
P. ¿Estamos preparados para gestionar una especie abundante sin convertirla en un problema crónico?
R.Estamos capacitados, pero no sé si estamos preparados. Las administraciones responsables de la gestión deben hacer un notable ejercicio de coordinación entre ellas y con los cazadores, y los canales de información entre todos los colectivos implicados tienen que ser fluidos y basados en una relación de confianza. La caza de trofeo tiene que ser el premio a una buena labor de gestión, y no un derecho basado en lo puramente económico.
P. ¿Cuál es la principal conclusión que deberían interiorizar administraciones y gestores tras leer el libro?
R. La dispersión y falta de información sobre las poblaciones locales y, sobre todo, la falta de conexión entre gestores y cazadores son factores que impiden que los objetivos de la ordenación se cumplan satisfactoriamente. Una vez más, la naturaleza nos ha ganado por la mano y no hemos sabido adaptar la gestión del corzo a la evolución de sus poblaciones, desembocando en profundos desequilibrios entre esta especie y los ecosistemas que ocupa.








