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Un niño cazador hace un trabajo sobre la liebre para llevarlo al cole: esta es su simpática exposición

Carlos Losada Amo, un niño cordobés de seis años que ya fue protagonista en febrero en este medio, describe con un inusual desparpajo la vida y costumbres de la liebre ibérica.

niño liebre
El niño, durante el vídeo. © I. A.

Carlos Losada Amo es un niño de seis años de edad natural de Córdoba que ama el mundo cinegético. Precisamente esa pasión por la caza ha sido la que le ha ayudado a superar el problema de cardiopatía congénita que sufre. Con motivo del Día Mundial de esta enfermedad, Jara y Sedal entrevistó el pasado mes de febrero a su madre, Isabel Amo, y ahora ella misma nos envía un vídeo del pequeño en el que expone el trabajo que ha realizado sobre la liebre ibérica.

«Él vive de lunes a viernes pensando que, si se porta bien, el sábado y el domingo hay campo. Está obcecado con ello. Por ejemplo, este fin de semana está castigado sin campo…», cuenta la madre en palabras a este medio. «Su abuelo y él se llevan genial», añade Amo, que tiene claro que «por mucho que acechen los peligros al sector, viene sangre nueva detrás con mucha fuerza», como su hijo demuestra.

Este vídeo lo realizó Carlos para la asignatura de Ciencias Naturales, en la que la profesora decidió que cada uno hiciese un trabajo por libre, y el pequeño prefirió elegir la especie cinegética que más le gusta: la liebre.

Así es la liebre, según Carlos Losada Amo

«Hola, me llamo Carlos, un alumno de 1ºC que enseña cómo es la liebre», comienza exponiendo el niño en la grabación. «La liebre se queda preñada un mes antes de que empiece la lluvia para que tenga comida para sus lebratos, que son sus cachorritos», señala el joven. «La liebre es marrón clarita, tiene las orejas muy largas y puede oír a 2 kilómetros. Esta es la liebre, esta es su hija y esta es la liebre corriendo», dice en uno de los momentos más entrañables el niño durante el vídeo.

«¿Son iguales que los conejos las liebres?», le pregunta la madre. «No, los conejos son un poco más chicos», contesta Carlos. «¿Y las liebres son más rápidas o más lentas que los conejos?», le sigue interpelando su progenitora. «Las liebres mucho más rápidas», contesta acertadamente el pequeño, «y si hay una carrera de tractores, la liebre adelanta al tractor y gana», apunta.

«¿Dónde viven las liebres?»; «en sus camas, y las ponen al lado de un arroyo para camuflarse, por si la van a matar tener una oportunidad. Pero nosotros somos cazadores buenos, y los perros de mi abuelo rastrean todos los bichos. Se llaman Cachirulo, Curra, Careto, Cuqui, Tarugo, Berenjena, Popeye, Chata, Guapa, Fea», describe con un particular desparpajo el pequeño cordobés.

«¿Cómo corren las liebres? », le sigue insistiendo su madre. «Dan saltos, y tienen las patas muy largas, las delanteras chicas y las traseras grandes», explica. «¿Y qué hace la liebre cada día? ». «Por las noches salen a comer y por el día descansan en su cama».

«¿Y cómo es el olfato de las liebres»; «muy bueno, pero su mayor enemigo es la mixomatosis, que es una enfermedad que las está matando, y si comen hierba envenenada se ponen muy malas y si la come una persona, se muere la persona y la liebre. El herbicida, que es un líquido que se echa para que se mueran las hierbas, es el mayor enemigo que ha tenido una liebre o un conejo. Si las liebres comen esa hierba, se mueren», dice el pequeño entusiasmado con su particular exposición sobre la liebre y el mundo cinegético.