El riesgo para los perros en el medio natural no siempre es evidente. Mientras muchos propietarios temen la procesionaria del pino o la leishmaniasis, hay otras amenazas mucho menos conocidas pero igual o incluso más letales. Es el caso de la enfermedad de Aujeszky, un virus silencioso que sigue presente en la fauna silvestre y que puede resultar mortal en muy poco tiempo.

En los últimos meses, distintos episodios han vuelto a recordar su peligrosidad. Uno de los más recientes tuvo lugar en Cantabria, donde un perro de caza murió tras participar en una montería y entrar en contacto con un jabalí infectado. El caso ha reactivado la preocupación en el sector cinegético. Aunque no es nueva, esta enfermedad sigue generando dudas y, sobre todo, descuidos que pueden resultar fatales.

Mucho más rápida que la leishmaniasis o la procesionaria

La procesionaria puede provocar graves lesiones en perros si la ingieren, con necrosis en lengua y garganta. La leishmaniasis, por su parte, es una enfermedad crónica transmitida por flebótomos que requiere tratamiento de por vida. Ambas son bien conocidas por los propietarios. Sin embargo, la enfermedad de Aujeszky juega en otra liga. Está causada por un herpesvirus altamente letal que no tiene tratamiento y cuya evolución es rapidísima. En muchos casos, el perro fallece en cuestión de horas o pocos días tras la aparición de los primeros síntomas.

Uno de los problemas es que los jabalíes, principales portadores, pueden estar infectados sin mostrar signos visibles. Esto convierte cualquier contacto en el monte en un riesgo real, especialmente durante acciones cinegéticas. Los síntomas en los perros suelen ser muy llamativos: picor intenso, nerviosismo, alteraciones neurológicas y un deterioro rápido que termina en la muerte del animal.

PERRO-JABALÍ-AUJESZKY
Un perro mordiendo un jabalí reién abatido.

El contacto con jabalíes, principal vía de contagio

El caso confirmado en Cantabria ha puesto el foco en una situación habitual: perros que muerden o tienen contacto con jabalíes durante o después de una montería. Ese simple contacto puede ser suficiente para transmitir el virus. También existe riesgo cuando los perros consumen carne o vísceras crudas de jabalí, incluso si el animal abatido parece completamente sano. El virus puede estar presente sin dar ninguna pista.

Por eso, las autoridades insisten en reforzar las medidas de prevención. Evitar que los perros muerdan las piezas abatidas o accedan a restos de caza es clave para reducir el riesgo. Además, si se utiliza carne de jabalí para alimentarlos, debe estar completamente cocinada, superando los 70 grados durante al menos media hora, para garantizar la eliminación del virus.

Sin vacuna y con prevención como única defensa

A diferencia de otras enfermedades, no existe vacuna eficaz para proteger a los perros frente a Aujeszky. Tampoco hay tratamiento una vez que el animal se infecta, lo que convierte la prevención en la única herramienta real. El protocolo nacional actualizado insiste en la importancia de actuar con rapidez ante cualquier sospecha. Si un perro presenta síntomas compatibles, lo recomendable es acudir inmediatamente al veterinario, aislar al animal y notificar el caso a los servicios oficiales.

Otro aspecto fundamental es la bioseguridad en perreras y transporte, evitando restos de caza y manteniendo una correcta desinfección tras cada jornada. Por último, destacaremos la formación de cazadores, rehaleros y veterinarios, aspecto que sigue siendo clave para detectar a tiempo una enfermedad que, aunque no afecta a las personas, continúa causando estragos entre los perros que trabajan en el monte.

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