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Hasta 18 meses de cárcel por matar una paloma o un ratón: estos son los casos que castiga la ley

Desde 2023, la protección penal alcanza a todos los vertebrados, incluidos los silvestres. Sin embargo, matar una paloma o un ratón no conduce automáticamente a una detención: importan el motivo, el método empleado y si la actuación estaba legalmente regulada.

Matar deliberadamente una paloma que se posa en un tejado o acabar con un ratón que ha entrado en una vivienda pueden parecer situaciones completamente distintas. Sin embargo, ambos son animales vertebrados y, desde la reforma del Código Penal aprobada en 2023, su muerte puede llegar a tener consecuencias penales cuando se produce fuera de una actividad legalmente regulada.

La respuesta a la pregunta de si alguien puede ser detenido por estos hechos es, por tanto, afirmativa, pero no de manera automática por el simple hecho de haber causado la muerte del animal. Para valorar si existe delito deben analizarse las circunstancias, la intención, el método empleado y la posible existencia de una justificación o autorización legal.

La protección penal ya no se limita a perros y gatos

La Ley Orgánica 3/2023, que entró en vigor el 18 de abril de 2023, introdujo en el Código Penal un nuevo título dedicado a los delitos contra los animales. Una de sus principales novedades fue sustituir la antigua enumeración de animales protegidos por un concepto mucho más amplio: el de animal vertebrado.

Esto significa que la norma no protege únicamente a perros, gatos, caballos u otros animales domésticos. También incluye a mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces silvestres, aunque vivan en libertad y no pertenezcan a una especie amenazada. Una paloma y un ratón entran, por tanto, dentro de esta definición.

El artículo 340 bis establece que quien, fuera de las actividades legalmente reguladas, cause la muerte de un vertebrado silvestre puede ser condenado a una pena de seis a 18 meses de prisión o multa de 18 a 24 meses. Además, contempla una inhabilitación de dos a cuatro años para ejercer profesiones u oficios relacionados con animales y para tenerlos.

Si se utiliza un arma de fuego, el juez también puede acordar la retirada del derecho a poseer y portar armas durante un periodo de dos a cinco años. A ello podrían sumarse otros delitos o infracciones relacionados con las armas, la seguridad ciudadana o la normativa de conservación de la fauna.

Ratón. © Shutterstock

Matar un ratón no siempre constituye un delito

La clave se encuentra en la expresión «fuera de las actividades legalmente reguladas». El Código Penal no convierte automáticamente en delincuente a quien elimina una rata o un ratón dentro de una actuación legítima de control de plagas, ni impide desarrollar controles sanitarios, sacrificios ganaderos, pesca o caza autorizada.

Un tratamiento contra roedores realizado conforme a la normativa, mediante productos autorizados y siguiendo sus condiciones de uso, no puede equipararse a capturar un animal para torturarlo o matarlo gratuitamente. Tampoco resulta igual actuar ante un riesgo inmediato para las personas que causar la muerte por diversión, ensañamiento o simple crueldad.

Ahora bien, considerar personalmente que un animal «molesta» no basta para que cualquier método resulte legal. El uso indiscriminado de venenos, pegamentos, trampas prohibidas o procedimientos capaces de afectar a otros animales puede provocar responsabilidades administrativas o penales. El empleo de veneno o de medios de eficacia destructiva o no selectiva aparece, además, entre las circunstancias agravantes del artículo 340 bis.

¿Qué sucede con las palomas y la caza?

Con las palomas ocurre algo parecido. Abatir legalmente una especie cinegética durante el periodo hábil, en un terreno autorizado, con la documentación necesaria y respetando los cupos y métodos permitidos no constituye maltrato animal. La propia redacción penal deja fuera las actividades legalmente reguladas.

La situación cambia si una persona mata deliberadamente una paloma en un parque, una calle o cualquier otro lugar sin autorización ni justificación. En ese caso podría investigarse un posible delito contra los animales, además de otras infracciones dependiendo del medio empleado. Los controles de poblaciones urbanas, por su parte, suelen corresponder a los ayuntamientos o a empresas autorizadas y deben ejecutarse conforme a la normativa sanitaria y autonómica.

Palomas bravías en una ciudad. © Shutterstock

También importa la especie. No es lo mismo una paloma incluida en la orden autonómica de especies cinegéticas que un ave protegida. Si el ejemplar pertenece a una especie silvestre protegida, pueden entrar en juego los delitos contra la fauna de los artículos 334 y siguientes del Código Penal, con consecuencias diferentes y, en determinados casos, más graves.

¿La Policía puede detenerte?

Que una conducta pueda ser delito no significa que toda denuncia termine con una persona esposada. La detención es una medida policial sometida a requisitos propios. La Ley de Enjuiciamiento Criminal permite detener cuando existen motivos racionales para considerar que se ha cometido un delito y que una persona ha participado en él, pero las circunstancias concretas determinan si procede practicarla o basta con identificar al investigado y citarlo posteriormente.

Por tanto, sí es legalmente posible ser detenido después de matar injustificadamente una paloma o un ratón, especialmente si los hechos son flagrantes, existen indicios de crueldad, se emplean armas o venenos o concurren otros riesgos. Pero ni la detención ni la condena son automáticas: será necesario demostrar que la conducta encaja en el delito y que no se desarrolló dentro de una actividad legalmente regulada.

La reforma de 2023 dejó una idea clara: el tamaño, la especie o el hecho de que un animal resulte molesto no lo excluyen por sí solos de la protección penal. La diferencia está en por qué se le causa la muerte, cómo se hace y bajo qué cobertura legal.

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