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Detectan una enfermedad vírica en conejos que hace que les salgan ‘tentáculos’ en la cabeza

El virus de Shope provoca protuberancias como cuernos en conejos de Colorado. No hay riesgo para humanos ni antecedentes confirmados en España.

Las fotografías de conejos silvestres con protuberancias negras y alargadas alrededor de la cabeza y el hocico volvieron a circular por redes sociales este mes de septiembre, más de un año después de que el fenómeno saltara a la actualidad en Fort Collins (Colorado, Estados Unidos).

De qué virus se trata y a qué conejos afecta

Detrás del aspecto que ha disparado diferentes memes de «conejo zombi» no hay ninguna mutación desconocida. La agencia estatal Colorado Parks and Wildlife (CPW) identificó la causa como el papilomavirus del conejo de cola de algodón, conocido como CRPV o virus de Shope, un patógeno que provoca excrecencias queratinizadas con aspecto de verruga en la cabeza y el rostro de los animales. El virus no es nuevo: fue descrito en 1933 por el investigador que le da nombre y desde entonces se ha convertido en un modelo de referencia para estudiar cómo algunos virus pueden inducir tumores.

Los afectados son los conejos de cola de algodón del género Sylvilagus, presentes en varias especies en Colorado. Por su parte las liebres han desarrollado tumores similares solo en condiciones experimentales de laboratorio, sin que existan casos naturales documentados en esta familia.

El protocolo: qué hacer y qué no hacer

El protocolo que difunde CPW incide en mantener una distancia prudente sin rodear ni perseguir al animal, no tocar las lesiones ni intentar retirarlas, no ofrecerle comida ni agua —porque alimentar a la fauna silvestre altera su comportamiento y favorece que se acerque a personas o mascotas— y no intentar capturarlo ni trasladarlo, ya que la manipulación puede generarle estrés, heridas o facilitar el contagio a otros conejos. También se recomienda mantener alejadas a las mascotas, no porque puedan enfermar de papilomavirus, sino para evitar que hostiguen al animal o entren en contacto con los insectos que actúan como vectores.

La mayoría de los conejos silvestres supera la infección por sí sola y las protuberancias pueden desaparecer sin intervención humana, por lo que CPW no recomienda capturar ni sacrificar a los ejemplares afectados. La excepción llega cuando las lesiones impiden de forma evidente que el animal coma, beba, vea o se desplace con normalidad: en ese caso, lo indicado es avisar al organismo de fauna silvestre de la zona y facilitar la ubicación, sin intervenir por cuenta propia. Si un caso similar se detectara en España, la pauta razonable sería trasladar el aviso a los agentes medioambientales o al centro de recuperación de fauna correspondiente.

Otro conejo infectado.
Otro conejo infectado.

Riesgo real para personas, mascotas y conejos de compañía

La propia CPW ha explicado que el virus es específico de conejos y no provoca enfermedad en otras especies, incluidas personas, perros y gatos. El peligro se concentra en el propio animal infectado: si las excrecencias cubren los ojos o la boca pueden causar ceguera parcial o dificultar la alimentación, lo que en los casos más graves conduce a la muerte por inanición.

La situación cambia con los conejos domésticos. Según la misma agencia, existe riesgo real de transmisión a conejos domésticos, especialmente si viven en exteriores donde pueden entrar en contacto con conejos silvestres o con insectos picadores, y en ellos la enfermedad suele ser más severa que en los ejemplares salvajes, por lo que requiere tratamiento veterinario. Algunas lesiones benignas en conejos de compañía pueden además degenerar en carcinomas de células escamosas, un tipo de cáncer de piel, lo que explica que los veterinarios suelan recomendar la extirpación quirúrgica de las masas problemáticas cuando aparecen.

Consejos para quien tiene conejos en casa

Para los propietarios de conejos domésticos, sobre todo si los mantienen en jaulas, parques o corrales exteriores, la prevención pasa por evitar cualquier contacto con conejos silvestres y revisar con cierta frecuencia la piel, el hocico, las orejas y el contorno de los ojos del animal. Conviene también reducir la exposición a mosquitos, pulgas y garrapatas mediante medidas indicadas por un veterinario, sin recurrir por iniciativa propia a antiparasitarios pensados para perros o gatos, que pueden no ser adecuados para conejos. Si aparece un bulto, una herida que no cicatriza o una masa con aspecto de verruga, lo que corresponde es una valoración veterinaria, nunca intentar cortar o retirar la lesión en casa.

¿Hay riesgo en Europa y en España?

El conejo europeo, la especie Oryctolagus cuniculus que puebla el campo español, no es la misma que la afectada en Colorado ni comparte su papilomavirus. No existen casos confirmados de CRPV en poblaciones silvestres o domésticas en España, y la bibliografía veterinaria consultada no documenta antecedentes de esta infección concreta en el conejo europeo. Eso no significa que el conejo autóctono esté libre de patologías víricas graves: España es un país endémico de mixomatosis y de la enfermedad hemorrágica del conejo (EHC), dos virus que sí afectan al Oryctolagus cuniculus y que suponen la principal amenaza sanitaria para esta especie, tanto en poblaciones silvestres como en explotaciones domésticas, según recuerda el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en su guía de vigilancia sanitaria de fauna silvestre.

Esa guía, dirigida expresamente a cazadores, agentes forestales, agricultores y aficionados al campo, insiste en que la detección temprana y la comunicación de mortalidades o signos de enfermedad a los servicios veterinarios oficiales son la mejor herramienta para frenar el impacto de estas patologías en la caza, la sanidad animal y el medio natural. Para el titular de un coto o el guarda que se cruza con un conejo con bultos extraños en el rostro, la recomendación no cambia respecto a la fauna americana: observar, no manipular y avisar a quien corresponda si hay sospecha de enfermedad relevante.

El origen del jackalope

La curiosidad histórica que acompaña al fenómeno es su posible vínculo con el jackalope, esa criatura del folclore norteamericano descrita como un conejo con astas de antílope. Los estudios y registros de museo han documentado casos de conejos con lesiones cornificadas parecidas a cuernos pequeños desde hace décadas, lo que ha alimentado esta leyenda popular, después reforzada por montajes de taxidermia. Es una explicación plausible y muy extendida entre los investigadores que han revisado ejemplares antiguos, aunque no permite atribuir el origen completo del mito a una única causa documentada.

Jackalope
Jackalope

La recomendación final, tanto la que ofrecen las autoridades estadounidenses como la que se aplicaría en cualquier monte español ante un hallazgo similar, se resume en observar sin tocar, no alimentar, no capturar y trasladar el aviso a quien tiene competencia sobre la fauna cuando el animal esté claramente incapacitado. La espectacularidad de unas fotos virales no convierte un caso aislado, ya documentado desde 2025, en una alarma sanitaria nueva ni justifica intervenir sobre un animal silvestre sin conocimiento ni autorización.

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