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Cómo preparar tu casa de campo o del pueblo para resistir un incendio

Eliminar la vegetación seca, crear un perímetro de seguridad y mantener tejados, canalones y accesos despejados puede reducir considerablemente el riesgo de que un incendio forestal alcance una vivienda rural.

Vivir en una casa de pueblo, una finca o una vivienda aislada junto al monte tiene muchas ventajas, pero también implica asumir una serie de precauciones frente a los incendios forestales. La preparación debe realizarse antes del verano y mantenerse durante todo el año, especialmente cuando la propiedad limita con terrenos forestales, cultivos, pastizales o parcelas cubiertas de maleza.

Ninguna actuación permite convertir una casa en completamente invulnerable al fuego. Sin embargo, reducir la cantidad de material combustible que existe en torno a la vivienda puede ralentizar el avance de las llamas, evitar que las pavesas prendan junto a la fachada y facilitar el trabajo de los servicios de extinción.

Los especialistas del Área Forestal del Servicio de Bomberos de Navarra aconsejan eliminar hierbas, hojas y ramas secas alrededor de la vivienda, creando un perímetro limpio de unos diez metros. Por su parte, otros expertos amplían este planteamiento mediante un sistema de tres zonas de protección que llega hasta los 30 metros y permite organizar los trabajos en función de la distancia a la casa. La idea es reforzar las viviendas, modificar la vegetación de su entorno y anticipar la respuesta ante una emergencia.

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La primera defensa comienza junto a la fachada

La parte más importante es la que se encuentra inmediatamente alrededor de la casa. La denominada zona 1 comprende los dos primeros metros desde la fachada y debe someterse a una limpieza intensiva. En este espacio hay que retirar hojas, ramas, hierba seca y cualquier otro elemento que pueda arder con facilidad.

La vegetación herbácea debe mantenerse por debajo de los diez centímetros y no debe haber plantas secas pegadas a las paredes, bajo las ventanas o junto a puertas y respiraderos. Una superficie de grava, piedra o pavimento puede ayudar a interrumpir la continuidad del combustible, aunque no sustituye la limpieza periódica.

También conviene revisar los rincones en los que el viento acumula hojas, especialmente los encuentros entre muros, porches, escaleras exteriores y terrazas. Si existe una tarima elevada, el hueco inferior debe cerrarse con materiales resistentes al fuego para impedir que las llamas o las pavesas alcancen la estructura desde abajo.

Entre dos y diez metros: podar, separar y conservar la humedad

La zona 2 se extiende desde los dos hasta los diez metros. Aquí puede mantenerse vegetación, pero debe estar cuidada, podada y distribuida de forma que no cree un camino continuo para el fuego.

Las ramas no deben tocar la fachada ni sobrevolar el tejado. Como criterio de seguridad, es recomendable mantenerlas a una distancia de dos o tres metros de la vivienda. También hay que eliminar las ramas bajas que puedan permitir que un fuego que avanza por el suelo ascienda hasta las copas de los árboles.

Cuando sea posible y las restricciones de agua lo permitan, mantener cierta humedad en esta franja reduce la facilidad con la que puede prender la vegetación. Esto no significa regar en el momento en que llega el incendio, sino cuidar previamente el terreno y evitar que se convierta en una masa continua de pasto seco, arbustos y ramas muertas.

El Servicio de Bomberos de Navarra recuerda que un espacio de unos diez metros libre de material combustible puede actuar como una franja de protección capaz de ralentizar o incluso detener el avance del fuego hacia la vivienda.

Hasta 30 metros: romper la continuidad de la vegetación

La zona 3 se prolonga desde los diez hasta los 30 metros y constituye el denominado espacio defendible. No es necesario eliminar todos los árboles, pero sí impedir que formen una masa cerrada capaz de conducir el fuego directamente hasta la casa.

Como referencia, debe existir una separación mínima de tres metros entre los árboles. También es necesario retirar ramas muertas, aclarar los grupos excesivamente densos y evitar que las copas se toquen. En terrenos inclinados habrá que extremar estas medidas, porque el fuego suele avanzar con mayor rapidez cuesta arriba.

El objetivo no consiste en dejar la finca sin vegetación, sino en crear discontinuidades. Una sucesión ininterrumpida de pasto seco, matorral, ramas bajas y copas juntas permite que el incendio pase del suelo a los árboles y se aproxime a la vivienda con mucha más intensidad.

Tejados y canalones también pueden iniciar el incendio

Una casa puede comenzar a arder aunque las llamas todavía se encuentren lejos. Las pavesas transportadas por el viento pueden caer sobre un tejado, entrar por una abertura o prender en las hojas acumuladas en los canalones. Por esta razón, tejados, limahoyas, canalones y bajantes deben mantenerse limpios. También conviene revisar tejas desplazadas, respiraderos, chimeneas y cualquier hueco por el que puedan introducirse partículas incandescentes.

Las ventanas, contraventanas y puertas exteriores deben cerrar correctamente. Las mosquiteras y rejillas metálicas pueden reducir la entrada de pavesas por determinadas aberturas, siempre que estén bien instaladas y se adapten a las características de la vivienda.

La leña, el gas y el combustible deben estar alejados

Las pilas de leña no deben apoyarse contra la fachada ni almacenarse debajo de porches, terrazas o ventanas. Lo mismo ocurre con las bombonas de gas, los depósitos de combustible, los muebles de materiales inflamables y otros objetos que puedan aumentar la intensidad del fuego junto a la estructura.

Estos elementos deben trasladarse a un punto seguro, separado de la vivienda y libre de vegetación seca. También hay que retirar cartones, herramientas con restos de combustible, sacos, plásticos y materiales abandonados que habitualmente se acumulan en cobertizos o anexos.

Las barbacoas deben encontrarse en una zona acondicionada, sobre una base no combustible y lejos de la vegetación. Antes de utilizarlas es imprescindible consultar las restricciones vigentes, ya que durante los periodos de riesgo elevado pueden prohibirse determinadas actividades incluso dentro de propiedades privadas.

Evita cerramientos de cañizo y setos: conducen el fuego hasta la casa

El diseño del jardín también influye. Los cerramientos de cañizo y los setos densos de ciprés pueden convertirse en una vía directa de propagación si llegan hasta la fachada. Es preferible interrumpirlos antes de que alcancen la vivienda y sustituirlos por soluciones menos inflamables.

No existe ninguna planta completamente inmune al fuego, pero sí especies y diseños de jardinería que acumulan menos material seco y mantienen más humedad. La elección debe adaptarse al clima de la zona, evitando grandes masas continuas de una sola especie y dejando espacios entre arbustos, árboles y construcciones.

Mantén libre el acceso de los bomberos

La protección de una vivienda no depende únicamente de lo que hay alrededor de sus paredes. El camino de entrada debe permitir el paso y la maniobra de los vehículos de emergencia. Las ramas bajas, vehículos estacionados, puertas estrechas o materiales almacenados pueden impedir que los bomberos se acerquen con seguridad.

También es conveniente que la vivienda esté correctamente identificada y que su número o nombre pueda verse desde el acceso. Si existen depósitos de agua, piscinas, hidrantes o balsas, deben permanecer accesibles, aunque su posible utilización corresponderá a los servicios de emergencia.

Herramientas necesarias para realizar el mantenimiento

Un rastrillo metálico, unas tijeras de poda, una pala, un cortacésped o una desbrozadora y una escalera de aluminio permiten realizar buena parte de los trabajos de mantenimiento. Dependiendo de la vegetación, también puede ser útil un machete u otras herramientas manuales.

Durante estas labores deben utilizarse guantes reforzados, calzado adecuado y gafas de protección. Además, antes de emplear maquinaria capaz de producir calor o chispas hay que consultar el nivel de riesgo y las limitaciones establecidas por la comunidad autónoma. En jornadas de calor extremo, viento fuerte o riesgo muy alto, una tarea de limpieza mal planificada puede convertirse precisamente en el origen del incendio que se pretende evitar.

Qué hacer si el fuego ya se acerca a la vivienda

Estas medidas están pensadas para reducir el riesgo antes de que se produzca una emergencia, no para combatir un incendio por cuenta propia. Si se detecta fuego, hay que llamar inmediatamente al 112, indicar con precisión la localización y seguir las instrucciones de las autoridades.

No se debe retrasar una evacuación para intentar salvar objetos, regar el jardín o terminar labores de limpieza. Si los servicios de emergencia ordenan evacuar o confinarse, su indicación prevalece sobre cualquier recomendación general. La prevención puede ayudar a proteger la vivienda, pero la prioridad absoluta siempre debe ser la seguridad de las personas.

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