El seguimiento de aves mediante dispositivos GPS está empezando a desmontar muchas de las ideas preconcebidas sobre algunas especies habituales en nuestros campos. Es el caso de la codorniz común (Coturnix coturnix), un ave ligada a medios agrícolas que, pese a su abundancia, sigue siendo en gran medida una desconocida desde el punto de vista científico.

El estudio, impulsado por el CTFC y la Universidad de Barcelona, ha marcado con emisores ultraligeros a 10 ejemplares en Cataluña, permitiendo registrar su posición cada 30 minutos durante el periodo reproductor. Los resultados, todavía preliminares, ya han dejado datos que han sorprendido incluso a los propios investigadores.

Uno de los casos más llamativos es el de un individuo cuya trayectoria ha sido especialmente larga y rápida. Su rastro, representado en color rosa en los mapas del estudio, muestra un desplazamiento que rompe con lo que hasta ahora se pensaba sobre esta especie.

Un viaje relámpago de más de 2.000 kilómetros

El ejemplar comenzó a emitir señal a finales de mayo desde Cataluña, coincidiendo con el momento en el que fue equipado con el GPS. Apenas unos días después, a principios de junio, su localización ya se situaba en Polonia, muy cerca de la frontera con Alemania.

Si se recorren los puntos por los que viajó la codorniz, se superan los 2.000 kilómetros, una distancia que pone de manifiesto la enorme capacidad de desplazamiento de esta pequeña ave. Todo ello en un periodo muy corto de tiempo, lo que sugiere vuelos rápidos y directos a gran escala.

Movimientos complejos en plena reproducción

Desde el propio equipo investigador explican: «Hablamos de marzo a octubre y son movimientos reproductores. Es una especie que se va moviendo continuamente, principalmente los machos, que son los que hemos marcado». Estas palabras ayudan a contextualizar los datos obtenidos.

Lejos de permanecer en un territorio fijo, las codornices parecen realizar desplazamientos continuos en busca de condiciones favorables, ya sea alimento, refugio o zonas de reproducción. Este patrón podría explicar la variabilidad que los cazadores llevan años observando en el campo.

Codorniz.
Codorniz. © Shutterstock

Además, el seguimiento simultáneo de varios individuos está permitiendo detectar conexiones entre distintas regiones de Europa, algo que hasta ahora apenas se había documentado con precisión. La tecnología GPS abre así una nueva ventana para entender mejor la ecología de la especie.

Una herramienta clave para su conservación

Los investigadores destacan que este tipo de información puede ser fundamental para mejorar la gestión y conservación de la codorniz. Conocer sus movimientos reales permitirá adaptar mejor las medidas de protección y entender cómo influyen factores como la agricultura o el clima.

Aunque se trata de resultados iniciales, el estudio ya deja claro que estamos ante una especie con movimientos mucho más complejos de lo que se creía. Y que, incluso en pleno periodo reproductor, puede recorrer distancias continentales en cuestión de días.

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