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Científicos detectan por primera vez en perros domésticos un virus que hasta ahora solo afectaba a los zorros

Un brote grave en un criadero de Dobermans en Serbia ha llevado a científicos a confirmar, por primera vez, que el amdoparvovirus del zorro y el mapache puede infectar a perros domésticos. El hallazgo, aún en fase de preprint, tiene implicaciones...

El virus llevaba años circulando entre zorros, perros mapache y mustélidos sin que nadie lo hubiera detectado en un perro doméstico. Eso cambió en julio de 2026, cuando investigadores del Instituto Veterinario Científico de Novi Sad publicaron un estudio que documenta el primer caso confirmado de infección natural por amdoparvovirus de zorro y mapache —conocido en la literatura como RFAV, de sus siglas en inglés— en perros domésticos. El trabajo lleva por título Natural Infection of Domestic Dogs with Raccoon Dog and Fox Amdoparvovirus Resulting in a Severe Disease Outbreak .

El origen del brote tiene una historia concreta. A finales de noviembre de 2025, dos hembras de raza dóberman procedentes de Rusia llegaron a un centro de entrenamiento canino situado cerca de Novi Sad. Pocos días después de su llegada, una de ellas, de siete meses de edad, comenzó a mostrar signos clínicos. Pese al aislamiento inicial de las dos recién llegadas, la enfermedad acabó extendiéndose a los dóberman que ya residían en el centro. El brote se desarrolló entre marzo y abril de 2026 y afectó a cuatro perros con un cuadro multisistémico grave y prolongado. Las pruebas de laboratorio confirmaron la presencia del virus en sangre, orina y múltiples órganos, incluyendo riñón, pulmón, bazo y cerebro. Los perros sanos de otras localidades dieron negativo en las mismas pruebas.

El hallazgo se produjo en dóberman de Serbia. © Shutterstock

Los investigadores utilizaron secuenciación metagenómica para identificar el agente causante. El análisis filogenético apunta a que el virus guarda estrecha relación con cepas de zorro y mapache, lo que refuerza la hipótesis de que el salto entre fauna silvestre y perros domésticos fue real y no algo relacionado con algún laboratorio.

Qué es el RFAV y en qué se diferencia del parvovirus canino clásico

El RFAV pertenece al grupo de los amdoparvovirus, una familia de virus que circula de forma natural en carnívoros silvestres. Fue descrito por primera vez en 2014 en zorros árticos y perros mapache criados en granjas de China, y desde entonces se ha detectado en distintas especies de carnívoros salvajes en Europa y Asia. No es el mismo virus que provoca la parvovirosis canina clásica, esa enfermedad que todo criador y cazador conoce bien por su capacidad de arrasar camadas enteras. Aunque ambos pertenecen a la familia Parvoviridae, actúan de forma diferente y no comparten las mismas vías de contagio ni los mismos cuadros clínicos. Confundirlos sería un error que puede llevar a diagnósticos equivocados.

Los amdoparvovirus son conocidos sobre todo por la enfermedad aleutiana del visón, que ha causado estragos en la industria peletera durante décadas. En fauna silvestre, las infecciones pueden ir desde cuadros subclínicos sin síntomas aparentes hasta enfermedades sistémicas graves, dependiendo de la especie, la carga viral y el estado inmunitario del animal. Lo que hace relevante el hallazgo serbio es precisamente ese salto: hasta ahora, no había evidencia documentada de que un perro doméstico pudiera infectarse de forma natural con este virus procedente de la fauna silvestre.

Por qué importa a quien saca el perro al campo

Para un cazador, un guarda o cualquier persona que trabaje con perros en zonas con abundancia de zorro, la pregunta práctica es directa: ¿tengo que preocuparme? La respuesta honesta, a día de hoy, es que no hay motivo para la alarma, pero sí para estar atentos. El caso documentado involucra perros importados desde Rusia, en un contexto de criadero, y no hay constancia de casos similares en España ni en el resto de Europa en perros de caza o de trabajo en entornos rurales. Tampoco existe, por el momento, ningún protocolo oficial de vigilancia activado por organismos como la WOAH, el ECDC o el Ministerio de Agricultura español en relación con este hallazgo.

Dicho esto, la biología del virus invita a la prudencia razonada. Los amdoparvovirus pueden estar presentes en fluidos biológicos y heces, y muestran cierta resistencia ambiental. Un perro que husmea excrementos de zorro, mordisquea restos o bebe en puntos de agua compartidos con fauna silvestre tiene más posibilidades de exposición a patógenos de este tipo. Son comportamientos completamente naturales en un perro de caza, y no hay ninguna razón para restringir salidas o entrenamientos por este hallazgo puntual. Pero sí tiene sentido reforzar las rutinas de higiene básica: lavar al perro tras jornadas intensas en zonas con alta actividad de zorro, evitar que coma restos o carroñas y mantener limpios los comederos y bebederos del coto.

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Perro de caza bebiendo.

En cotos con mucha presión de zorro, los titulares y guardas que ya aplican buenas prácticas de manejo sanitario están haciendo exactamente lo que tiene sentido: renovar el agua con frecuencia, controlar los puntos de alimentación y mantener una vigilancia activa sobre el estado de los perros. No hace falta inventar nuevos protocolos; basta con no relajar los que ya funcionan.

Síntomas a vigilar y cuándo llamar al veterinario

En los perros afectados en Serbia, el cuadro fue multisistémico y prolongado. Aunque el estudio no detalla de forma exhaustiva todos los síntomas en la información disponible hasta la fecha, la afectación de órganos como riñón, pulmón, bazo y cerebro sugiere un proceso grave. Si un perro presenta decaimiento persistente, pérdida de apetito, fiebre, vómitos, diarrea que no cede o cualquier signo neurológico fuera de lo habitual, la primera llamada debe ser al veterinario. Conviene informarle de si el animal ha tenido contacto reciente con fauna silvestre, ha olisqueado excrementos de zorro o ha compartido agua en el campo. Con esa información, el profesional puede orientar mejor el diagnóstico sin confundir este cuadro con otras patologías más frecuentes.

No hay vacuna disponible frente al RFAV, ni se conocen tratamientos específicos. Las medidas de prevención son, por tanto, las mismas que se recomiendan para cualquier enfermedad infecciosa en perros de trabajo: mantener la cartilla de vacunación al día, desparasitar según pauta veterinaria y planificar las salidas con criterio en zonas de alta densidad de fauna silvestre. Son hábitos de base que mejoran la salud del perro en general y que no dependen de este caso concreto.

Zorro con un conejo recién cazado. © Shutterstock
Zorro con un conejo recién cazado. © Shutterstock

Lo que el estudio no responde todavía

El informe publicado en julio de 2026 abre una puerta importante, pero deja varias preguntas sin respuesta. No está demostrado que el RFAV sea el único agente causante del cuadro clínico observado en los Dobermans serbios. No se conoce la ruta exacta de transmisión desde la fauna silvestre hasta los perros, aunque la importación desde Rusia es la hipótesis más plausible según los propios investigadores. Tampoco hay datos sobre riesgo zoonótico, es decir, sobre si el virus puede afectar a personas, y ningún organismo oficial ha emitido alertas en ese sentido. Y, sobre todo, el trabajo no ha pasado aún por revisión por pares, el filtro científico que permite a la comunidad veterinaria validar o cuestionar los métodos y las conclusiones.

Todo eso no resta valor al hallazgo, que es genuinamente relevante para la medicina veterinaria y para quienes trabajan con perros en entornos rurales. Significa, simplemente, que hay que leerlo con la perspectiva adecuada: es el primer paso de una investigación que necesitará más casos, más laboratorios y más tiempo para entender el alcance real de este virus en perros domésticos. Mientras tanto, la recomendación es clara y proporcionada: ante síntomas, consulta a tu veterinario; en el campo, prudencia razonable con los contactos del perro con fauna silvestre.

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