La tuberculosis animal sigue siendo uno de los mayores problemas sanitarios para la ganadería extensiva en España. Aunque durante años las investigaciones se han centrado principalmente en el ganado bovino como origen y reservorio de la enfermedad, un nuevo estudio científico acaba de demostrar que la realidad es mucho más compleja. La presencia de determinadas especies silvestres, junto con la escasez de agua y las condiciones climáticas secas, está jugando un papel decisivo en la persistencia de esta enfermedad en muchas zonas de la Península Ibérica.
El trabajo, publicado en la revista científica One Health, ha sido desarrollado por el Grupo de Investigación en Sanidad y Biotecnología (SaBio) del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), un centro mixto del CSIC, la Universidad de Castilla-La Mancha y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. En el estudio también han participado distintas instituciones científicas españolas y portuguesas.
Los investigadores analizaron 18 comunidades de fauna y ganado distribuidas entre España y Portugal para comprender cómo interactúan diferentes especies en la transmisión de la tuberculosis animal. El enfoque rompe con los modelos clásicos, que hasta ahora señalaban únicamente a uno o dos hospedadores principales.
La investigación plantea que la enfermedad no depende de una sola especie, sino de lo que los científicos denominan «comunidades de mantenimiento». Es decir, conjuntos de animales domésticos y silvestres que contribuyen conjuntamente a mantener la circulación del patógeno en el medio natural.
El ciervo y el jabalí, piezas clave
Uno de los hallazgos más importantes del trabajo es el papel que desempeñan algunas especies de fauna silvestre. Según los resultados, el ciervo ocupa una posición central en el mantenimiento de la tuberculosis tanto en fauna como en ganado bovino. Por su parte, el jabalí aparece como un excelente indicador de la circulación de la enfermedad y como una especie capaz de facilitar la transmisión cuando ocupa posiciones estratégicas dentro de la red de interacciones entre animales.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo científico utilizó información obtenida mediante fototrampeo, datos sanitarios del ganado y diferentes variables climáticas. Todos esos elementos fueron integrados mediante modelos de ecuaciones estructurales, una metodología que permite analizar relaciones complejas entre numerosos factores ecológicos y epidemiológicos.
Los autores subrayan que la diversidad de mamíferos presentes en una zona, así como la abundancia y conectividad entre especies, son factores determinantes para explicar por qué la tuberculosis sigue siendo tan difícil de erradicar en algunos territorios.
La sequía favorece los contagios
El clima aparece también como un elemento decisivo. El estudio concluye que los ambientes más áridos incrementan notablemente las posibilidades de persistencia de la enfermedad, especialmente cuando coinciden con una elevada riqueza de especies hospedadoras.
La explicación está en el comportamiento de los animales durante los periodos secos. En zonas con poca disponibilidad de agua, distintas especies tienden a concentrarse en los mismos puntos de bebida, aumentando los contactos entre fauna silvestre y ganado y, con ello, las posibilidades de contagio.

En cambio, los investigadores observaron que la mayor humedad ambiental actúa como un factor protector frente a la tuberculosis bovina. Este hallazgo ayuda a explicar por qué determinadas áreas secas del interior peninsular presentan mayores dificultades para controlar la enfermedad.
Un enfoque más amplio para combatir la enfermedad
Las conclusiones del estudio apuntan a que actuar únicamente sobre el ganado resulta insuficiente. Los científicos defienden la necesidad de aplicar estrategias integradas que tengan en cuenta también la fauna silvestre y las condiciones ambientales.
La investigación se alinea así con el paradigma de Una Salud (One Health), que apuesta por abordar conjuntamente la salud animal, la gestión del territorio y la salud pública. Los autores consideran que solo mediante este enfoque global será posible reducir la prevalencia de la tuberculosis animal y proteger la sostenibilidad de la ganadería extensiva en la Península Ibérica.








