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Científicos demuestran que la caza da de comer a los buitres y contribuye a su conservación

Los expertos reunidos por Fundación Artemisan concluyen que los restos cinegéticos son un recurso alimentario de gran importancia para las aves necrófagas y defienden los pequeños muladares como herramienta de conservación.

La relación entre la caza y la conservación de los buitres ha quedado respaldada por las conclusiones de una jornada que reunió en Toledo a algunos de los principales especialistas nacionales e internacionales en aves necrófagas. Los expertos coinciden en que los restos generados por la actividad cinegética proporcionan una fuente de alimento de gran importancia para especies como el buitre leonado y el buitre negro.

Fundación Artemisan ha hecho público el documento con motivo del Día Internacional del Buitre, que se celebra este sábado 5 de septiembre. Las conclusiones proceden de la Jornada Técnica Buitres y Caza: gestión y retos para la conservación, organizada junto a Fundación Bergara y con la colaboración de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

© Fundación Artemisan

El encuentro congregó a científicos, gestores, administraciones públicas, representantes del sector cinegético y entidades conservacionistas. El objetivo era analizar los principales problemas que afectan a estas aves y estudiar qué medidas pueden facilitar su conservación desde la gestión práctica del territorio.

Los buitres aprovechan los restos de la caza

La importancia de este recurso ya había sido acreditada mediante el seguimiento con GPS de 22 buitres leonados y el análisis de más de un millón de localizaciones dentro del proyecto científico CEAC. Los investigadores comprobaron que estas aves utilizan de manera recurrente zonas en las que existe una elevada disponibilidad de biomasa procedente de la actividad cinegética.

El estudio identificó más de 3.700 toneladas de biomasa cinegética en Castilla-La Mancha y detectó auténticos puntos calientes de alimentación. En estas áreas, los buitres disminuían notablemente su velocidad de vuelo y permanecían durante más tiempo, un comportamiento asociado a la búsqueda y el aprovechamiento de alimento.

Los expertos también destacaron la capacidad de estas aves para retirar rápidamente los cadáveres del campo. En espacios abiertos, los restos permanecieron algo más de dos días antes de ser consumidos, mientras que en zonas con vegetación densa el periodo superó los cinco días. Esta eliminación natural limita el acceso de otros animales oportunistas y contribuye a reducir posibles riesgos sanitarios.

© Fundación Artemisan

Pequeños muladares en los cotos de caza

Entre las herramientas analizadas sobresalen los puntos de depósito de restos cinegéticos, conocidos habitualmente como muladares. Los participantes destacaron especialmente el modelo desarrollado en Castilla-La Mancha, basado en instalaciones de menor tamaño distribuidas por el territorio.

Este sistema puede evitar algunos de los inconvenientes asociados a los grandes muladares tradicionales, donde se concentran numerosos ejemplares en un mismo lugar. Los expertos consideran necesario divulgar esta experiencia y estudiar su posible adaptación a las características de cada comarca y espacio cinegético.

Su diseño resulta, además, determinante. Las investigaciones realizadas en 20 cotos de caza y con más de 70 aportes de biomasa concluyeron que las instalaciones correctamente valladas reducen la entrada de zorros, jabalíes, perros y otros consumidores, facilitando que los restos sean aprovechados principalmente por las aves necrófagas.

España alberga el 90 % de los buitres europeos

España reúne aproximadamente el 90 % de las poblaciones europeas de buitres, una circunstancia que otorga al país una responsabilidad especialmente importante en su conservación. Los especialistas reclaman que esta realidad sea tenida en cuenta al elaborar las normas que regulan la gestión de estas especies y el depósito de restos animales en el medio natural.

La jornada también señaló a la electrocución y las colisiones con tendidos eléctricos y aerogeneradores como algunas de sus principales causas de mortalidad no natural. Para reducirlas, los participantes pidieron mayor coordinación entre administraciones, empresas eléctricas, propietarios y organizaciones dedicadas a la conservación.

Los científicos recordaron igualmente que los buitres no son animales depredadores. Aunque en situaciones excepcionales pueden actuar de manera oportunista ante ejemplares ya comprometidos, este comportamiento no permite atribuirles una conducta habitual de ataque al ganado.

La principal conclusión del encuentro es que la conservación de estas aves necesita sumar ciencia, gestión cinegética y conocimiento del mundo rural. Los restos de las piezas abatidas proporcionan alimento, mientras los buitres devuelven al ecosistema un servicio esencial al eliminar rápidamente la biomasa animal.

Las conclusiones completas pueden consultarse en este documento de Fundación Artemisan.

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