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Cher Ami: la paloma que salvó al Batallón Perdido en 1918

La historia real de Cher Ami, la paloma mensajera que voló herida para salvar a un batallón acorralado en la Primera Guerra Mundial.

Hubo un tiempo en que una guerra podía ganarse o perderse por la resistencia de un ave de apenas unos meses de vida. Eso fue, en esencia, lo que ocurrió en octubre de 1918 en el bosque de Argonne, al norte de Francia, cuando una paloma mensajera llamada Cher Ami recorrió varios kilómetros bajo fuego enemigo para entregar un mensaje que ayudó a localizar a un batallón estadounidense cercado y bombardeado por su propia artillería. Más de un siglo después, su cuerpo disecado sigue expuesto en el Instituto Smithsonian, convertido en uno de los símbolos más conocidos de la colombofilia militar.

Un batallón cercado y sin forma de pedir ayuda

El escenario era desesperado. Un grupo de más de 500 soldados estadounidenses de la 77.ª División, al mando del mayor Charles W. Whittlesey, había avanzado por el bosque de Argonne como parte de la ofensiva de Meuse-Argonne hasta quedar completamente rodeado por las fuerzas alemanas. A esa unidad se la conocería desde entonces como el Batallón Perdido. La situación se volvió aún más grave cuando, además del asedio alemán, el grupo empezó a recibir fuego de su propia artillería, que desconocía su posición exacta. Sin radio operativa y con cualquier mensajero humano expuesto a una muerte casi segura al cruzar las líneas, la única esperanza de Whittlesey eran las palomas mensajeras que llevaba consigo.

Cher Armi. © Wikipedia

En apenas dos días lanzó siete mensajes pidiendo ayuda; todos los anteriores habían fracasado, con aves derribadas por el fuego enemigo nada más alzar el vuelo. La comunicación por palomas no era un invento improvisado para la ocasión, sino un sistema ya consolidado. Ante cables telefónicos que la artillería podía cortar en cualquier momento y una radio que no siempre llegaba hasta la primera línea, los ejércitos de la Primera Guerra Mundial recurrieron a la colombofilia: la cría y adiestramiento de aves capaces de regresar, cargadas con un mensaje en una pequeña cápsula atada a la pata, hasta el palomar en el que habían sido entrenadas. Estados Unidos creó en 1917 una unidad de palomas dentro de su Cuerpo de Señales, reforzada en mayo de 1918 con 600 ejemplares jóvenes donados por el Servicio de Palomas de las Fuerzas Armadas Británicas. Entre esas aves se encontraba la identificada con la anilla NURP 18 EAD 615: Cher Ami, nombre francés que significa «querido amigo».

Miembros de El Batallón Perdido.

El último mensaje y el vuelo que marcó la historia

A primera hora de la tarde del 4 de octubre de 1918, Whittlesey escribió su última nota y la ató a la pata de la única paloma que le quedaba. El texto, traducido al español, decía: «Estamos junto a la carretera paralela 276,4. Nuestra propia artillería está lanzando un bombardeo directamente sobre nosotros. Por el amor de Dios, deténganlo». En cuanto el ave alzó el vuelo, los soldados alemanes abrieron fuego y la vieron caer hacia el suelo. Contra todo pronóstico, Cher Ami remontó de nuevo y continuó su trayecto hasta el palomar móvil número 11, dirigido por Ernest Kockler en Rampont.

El trayecto, de unos 40 kilómetros según los relatos más difundidos, se completó en algo más de una hora. Cuando la paloma llegó, presentaba heridas graves: un disparo o fragmento de metralla le había seccionado la pata derecha y le había abierto una herida en el pecho que llegaba hasta el esternón, dejando la cápsula del mensaje colgando apenas de los tendones de la extremidad destrozada. El Instituto Smithsonian, propietario del ejemplar disecado, precisa que el bombardeo aliado ya había cesado quando Cher Ami llegó a su destino, aunque el mensaje resultó decisivo porque aportó las coordenadas exactas de la posición de Whittlesey, lo que facilitó el rescate de los supervivientes en la noche del 7 de octubre.

Gracias al heroico vuelo de Cher Ami, Whittlesey consiguió comunicar dónde estaban exactamente los hombres que había que salvar. Sin esa ubicación, el mando no podría haber corregido el tiro ni organizar la evacuación. Finalmente, cerca de 200 hombres pudieron ser rescatados.

Heridas, condecoración y último homenaje

Al llegar al palomar, los responsables militares trataron las heridas del animal y tuvieron que amputarle la pata, prácticamente destrozada por el impacto. Según distintas versiones, le colocaron después una pequeña prótesis de madera. Retirada del servicio activo, la paloma fue trasladada a Estados Unidos en abril de 1919, pero murió el 13 de junio de ese mismo año, como consecuencia de las graves lesiones sufridas en el pecho durante la misión.

Francia le concedió la Croix de Guerre con palma, una distinción reservada a actos destacados de valor en combate, y tras su muerte el Cuerpo de Señales del Ejército donó su cuerpo al Instituto Smithsonian, donde el taxidermista Nelson R. Wood se encargó de prepararlo para su exhibición. Desde entonces ha recibido reconocimientos adicionales, entre ellos un lugar en el Racing Pigeon Hall of Fame en 1931, y hoy puede verse disecada en el Museo Nacional de Historia Americana, en Washington.

Cher Ami no estuvo sola: otras palomas que también salvaron vidas

El caso de Cher Ami es, con diferencia, el más célebre de la colombofilia militar, pero no fue un episodio aislado. Décadas después, durante la Segunda Guerra Mundial, otra paloma del Ejército estadounidense llamada G.I. Joe protagonizó una hazaña de alcance similar en Italia: voló 20 millas en otros tantos minutos para hacer llegar la orden de cancelar un bombardeo aliado sobre una localidad que las tropas británicas ya habían tomado, evitando así que la aviación propia atacara por error a sus propios soldados.

Aquella acción le valió la Dickin Medal, la distinción británica equivalente a la Cruz Victoria para animales, y lo convirtió en el primer receptor estadounidense de ese galardón. El episodio confirma que, mientras no existieron las comunicaciones modernas, estas aves fueron durante décadas una pieza más del esfuerzo bélico, capaces de decidir con su vuelo la suerte de decenas o cientos de soldados. Más de cien años después del otoño de 1918, la historia de Cher Ami conserva una base documental sólida junto a una capa de leyenda que los propios archivos del Smithsonian han ido matizando con el tiempo. Ambas forman parte hoy de lo que convirtió a un ave de pocos meses en uno de los animales más recordados de la Primera Guerra Mundial.

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