David Aldana tenía claro lo que buscaba cuando el pasado 29 de octubre salió a pescar acompañado de su pareja, Marina Rey, y el pequeño Kaeden. Quería capturar una buena hembra de lucio y confiaba en las posibilidades de un mes que ya le había deparado alegrías en años anteriores. Por delante quedaban muchas horas de insistencia y varios cambios de señuelo.
El pescador, cuyas capturas ya han protagonizado otras historias en Jara y Sedal, había preparado una estrategia muy concreta: utilizar swimbaits de grandes dimensiones, tanto duros como blandos, a partir de 18 centímetros. Con esa elección pretendía seleccionar el tamaño de los lucios y reducir las picadas de los grandes black bass que, según explica, también habitan esas aguas.

Las primeras picadas, entre encinas sumergidas
El comienzo puso a prueba su paciencia. Durante varias horas no tuvo actividad, hasta que localizó una zona de encinas sumergidas en la que decidió concentrar sus esfuerzos. Allí siguió lanzando una y otra vez, convencido de que merecía la pena insistir. La primera recompensa fue una hembra de seis kilos. Había encontrado peces activos y decidió probar con un señuelo todavía mayor: un swimbait blando de 25 centímetros. El cambio tampoco trajo una respuesta inmediata, pero, después de unas horas, llegó el segundo ataque.
Esta vez se trataba de una hembra de nueve kilos, que arremetió con tal contundencia que dejó destrozado el señuelo, según cuenta David. La jornada ya había dado dos capturas destacadas, aunque todavía faltaba el encuentro con el ejemplar que había salido a buscar junto a su familia.
Un señuelo de 22 centímetros y la picada esperada
Tras aquella captura, Aldana volvió a cambiar de presentación. Escogió un swimbait duro de 22 centímetros y mantuvo la misma apuesta: seguir pescando con confianza, aunque entre una picada y la siguiente transcurrieran horas.
Cuando llegó el nuevo ataque, el primer cabezazo le hizo pensar que al otro lado de la línea había una hembra de gran porte. Comenzó entonces la pelea con el lucio que acabaría poniendo el broche a la salida: un ejemplar de 14,9 kilos, el mayor de los tres que relata el pescador.

David pudo compartir el momento con Marina y Kaeden, con quienes aparece en las fotografías enviadas a esta redacción. Para él, la captura fue la recompensa a la perseverancia y a la confianza en los señuelos elegidos, dos ingredientes que también estuvieron presentes en otras jornadas que ha contado a este medio.
Un protagonista conocido por los lectores de Jara y Sedal
En marzo publicamos la historia de su lucio de 13,9 kilos y 125 centímetros capturado en el río Zújar. Aquel pez llegó después de tres salidas sin resultados y también atacó un señuelo de gran tamaño, en esa ocasión de 18 centímetros.
Antes habíamos compartido otra de sus capturas más especiales: una hembra de 17,2 kilos y 132 centímetros en Sierra Brava, conseguida el 14 de octubre de 2025. Un año después, el otoño vuelve a dejarle una historia para recordar, esta vez con tres grandes lucios y una fotografía familiar como recuerdo de la jornada.








