La retirada de un avispero de grandes dimensiones es una tarea que exige protección, rapidez y bastante sangre fría. Rubén Holgado ha mostrado desde una remota aldea de Vietnam cómo se enfrentó junto a varios trabajadores locales a una enorme colonia, cuyas avispas terminaron cubriendo buena parte de su traje mientras trataban de abrir y desmontar el panal.
El creador de contenido explica que en esta zona se dedican a criar estos insectos porque se trata de una actividad especialmente rentable. El producto más apreciado se encuentra en el interior del nido: las pupas, destinadas al consumo humano y vendidas, según relata, por encima del precio de la carne.
Un nido que llevaba un año creciendo
«El día en el que vamos a ir a por el nido gigante de avispas asiáticas», anuncia Holgado al comienzo de la grabación. Aunque asegura que ya tenían colocado todo el equipo, reconoce que afrontar la operación le producía respeto: «Mentalmente me seguía dando miedo enfrentarme a avispas que parecían pájaros».
El nido se encontraba protegido bajo una estructura y completamente cubierto. Para alcanzar los panales, el equipo debía retirar el plástico y las maderas que lo rodeaban, darle la vuelta y comenzar a separar sus distintas capas. Según cuenta el protagonista, la colonia había sido instalada allí un año antes y durante ese tiempo había alcanzado unas dimensiones extraordinarias. «Ha pasado un año y se ha transformado en esto tan grande. Las avispas estas se multiplican a niveles increíbles», explica.
La operación debía hacerse con rapidez. A medida que desmontaban la protección y cortaban el panal, decenas de insectos salían de su interior y comenzaban a posarse sobre los trajes. «Cada vez salían más avispas del nido y se iban poniendo más y más agresivas», recuerda.
Un traje de 30 euros frente a cientos de avispas
Holgado explica que el equipo de protección debía impedir que los insectos accedieran por cualquier abertura. Sin embargo, el traje que llevaba puesto no le transmitía demasiada confianza: «Teníamos que ir con cuidado de que no se nos colaran por ningún sitio, más aún sabiendo que el traje lo habíamos comprado por 30 euros y nos lo habían traído de China. ¡De chiste!».
En un momento de la extracción, una de las avispas consiguió atravesar o clavar el aguijón contra una parte del equipo. «¡Uf! ¡Ha clavado el aguijón!», exclama. Poco después, con numerosos ejemplares revoloteando y posados sobre él, reconoce: «Hay muchas avispas, me estoy poniendo nervioso».
Las imágenes muestran la magnitud real del avispero cuando los trabajadores retiran finalmente las tablas que lo ocultaban. Ante la sucesión de capas y la cantidad de insectos que salen al exterior, Holgado apenas puede ocultar su sorpresa: «¡Qué locura! ¿Esto qué es? ¡Esto es una locura, eh!».
Las pupas, el valioso producto que buscan en el panal
El riesgo asumido durante la extracción tiene una explicación económica. En otro de sus vídeos grabados en la misma aldea vietnamita, el joven cuenta que la cría y recogida de estos avisperos constituye uno de los trabajos más rentables de la zona. «Las pupas de estas avispas se venden por un precio altísimo. Más caro que la carne. Me están intentando picar en la mano. Voy a salir de aquí porque me van a picar», asegura mientras muestra de cerca los insectos y el interior del panal.
La grabación permite observar una práctica rural muy alejada de lo habitual en España: colonias mantenidas durante meses para aprovechar posteriormente las pupas como alimento. Un trabajo potencialmente peligroso que, en esta pequeña aldea, encuentra su compensación en el elevado valor alcanzado por el producto.









