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Así se cazó el mayor trofeo de jabalí de España en 1983: un animal enano, manco y lleno de cicatrices

Un cochino pequeño y maltrecho, abatido en Cáceres en plena nevada, sigue siendo el récord de España de jabalí 43 años después.

Toda la historia que sigue procede del relato publicado en Jara y Sedal por José Luis López Schümmer, presidente de la Fundación Artemisan, que fue quien reconstruyó la jornada y, años después, analizó por qué nadie ha conseguido todavía superar aquel trofeo. El protagonista del lance fue Tomás Higuero y el escenario, los cotos de Palomares y San Simón, en la sierra de San Pedro (Cáceres), durante una montería de febrero de 1983 en la que la nieve cubría el monte.

Aquel jabalí apenas pesó 46 kilos en canal, pero portaba un trofeo que, una vez homologado, alcanzó 136,95 puntos CIC. Cuatro décadas y pico después, ningún otro ejemplar ha logrado igualarlo ni superarlo en el ranking oficial de la Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza, pese a que la población de jabalíes se ha disparado en toda España y cada año se cazan y homologan muchos más animales que entonces.

Una montería bajo la nieve en la sierra de San Pedro

López Schümmer describe la sierra de San Pedro de los años ochenta como uno de los grandes escenarios de la montería española, cazando de la mano de Luis Higuero. Por entonces, recuerda, todavía podían salir lobos en algunas manchas y los grandes trofeos de venado o jabalí eran mucho más escasos que ahora. Cada jornada se afrontaba con la ilusión de que, entre las jaras, rompiera un gran marrano.

En ese ambiente se desarrolló la historia que el propio autor reconstruyó en su relato sobre el jabalí récord de España. Fue en febrero de 1983, durante un día de nieve, cuando Tomás Higuero cobró el gran ejemplar en los cotos de Palomares y San Simón. El animal sorprendía tanto por sus defensas como por su estado físico. Según los testigos de aquella jornada recogidos por López Schümmer, tenía un muñón viejo en una pata que le acortaba la pezuña izquierda, le faltaba una oreja y presentaba heridas atribuibles a puñaladas antiguas. Estaba además medio castrado y llevaba un lazo zorrero incrustado en la quijada. Había sobrevivido, por tanto, a numerosos percances, y su cuerpo enjuto contrastaba con unas navajas fuera de lo común para un jabalí que acabaría ocupando el primer puesto del país.

Tomás Higuero y su récord de España de jabalí. © Tomás Higuero

El perro que apartó al jabalí del agarre principal

El lance, tal y como lo cuenta López Schümmer, comenzó mientras la mayor parte de la rehala estaba concentrada en el agarre de otro verraco imponente cerca de la cuerda. En otro punto de la mancha, un perro empezó a latir a un cochino pequeño y resabiado que trataba de escabullirse entre la espesura. Poco a poco se fueron sumando más perros a la ladra, y la presión terminó obligando al animal a romper hacia un acero situado en un cierre próximo a la charca de la casa.

Fue justo al alcanzar ese cortadero cuando se produjo el episodio que todavía conserva parte de misterio. López Schümmer recoge que existen dos versiones sobre lo sucedido: algunos testigos sostuvieron que Juan Higuero disparó primero y creyó haber herido al animal al verlo marcharse cojeando, de modo que Tomás Higuero, su sobrino, habría realizado después el disparo definitivo; otros, en cambio, afirmaron que Juan Higuero no llegó a disparar. El autor no presenta ninguna de las dos versiones como un hecho probado, y esa incertidumbre terminó incorporándose a la leyenda de una de las jornadas más recordadas de la montería española. Lo que sí quedó claro es que el jabalí se atribuyó a Tomás Higuero y que la posterior medición reveló la dimensión real del trofeo.

Unas defensas que alcanzaron 136,95 puntos CIC

Según las medidas que reproduce López Schümmer, los colmillos alcanzaron 236,5 milímetros de longitud y 30,55 milímetros de anchura, es decir, el tamaño y el grosor de las navajas que sobresalen de la boca del animal. Las amoladeras presentaron perímetros de 8,6 y 8,3 centímetros y el resultado conjunto de la homologación fue de 136,95 puntos CIC.

El tamaño corporal del jabalí demuestra que el peso y la calidad del trofeo no siempre van de la mano: las enormes defensas pertenecían a un animal pequeño, castigado por los años y las heridas, pero capaz de desarrollar uno de los conjuntos de colmillos y amoladeras más sobresalientes jamás registrados en España. López Schümmer también repasó, en un segundo análisis publicado en Jara y Sedal, las posibles razones por las que el récord sigue sin ser superado, y su conclusión es prudente: ningún factor por sí solo explica que la barrera continúe intacta en 136,95 puntos.

Por qué el récord ha resistido más de cuatro décadas

El primer factor que estudia López Schümmer es el tamaño de la población. A mediados de los años ochenta, según el Instituto Nacional de Estadística, se cazaban en España algo más de 30.000 jabalíes al año; en 2016 la cifra había superado los 350.000, y el propio autor estimaba en 2023 que las capturas anuales podrían rondar ya los 500.000 ejemplares, con un crecimiento especialmente marcado en las provincias del litoral mediterráneo. Una población mayor debería traducirse, en teoría, en más machos capaces de alcanzar edades avanzadas y desarrollar grandes trofeos. Sin embargo, el récord sigue intacto, y el aumento de medallas de oro homologadas cada año tampoco ha producido ningún ejemplar capaz de superar al de Tomás Higuero.

La edad del animal en el momento de su muerte puede tener algo que ver. López Schümmer recoge la valoración del experto en jabalíes Pedro Fernández-Llario, para quien el trofeo alcanza su máximo desarrollo entre los cinco y los seis años de edad; a partir de ahí, la longitud de los colmillos tiende a menguar por el desgaste natural del propio uso. A esto se suma la presión creciente sobre los grandes machos en las zonas de tradición cinegética, intensificada, según el análisis del autor, por la llegada de visores térmicos, equipos de visión nocturna y otra tecnología de caza. Frente a ese factor, López Schümmer sitúa el crecimiento imparable de la superficie forestal española y el abandono de buena parte de la agricultura en el interior del país, procesos que ofrecen más refugio a la fauna silvestre y que, según sus cálculos, suman del orden de 150.000 hectáreas de monte nuevo cada año.

Jabalí récord de España. © Tomás Higuero

La alimentación tampoco aporta una respuesta definitiva en su análisis. Los jabalíes han colonizado zonas de España donde antes no vivían y han ganado acceso a frutales, almendras, regadíos y basuras, mientras que el aumento de la masa forestal multiplica la disponibilidad de bellotas y piñones. López Schümmer recuerda, además, que ni siquiera en fincas cercadas y gestionadas con alimentación específica pensada para mejorar los trofeos se ha logrado superar la barrera de los 136,95 puntos, lo que debilita la hipótesis de que un mejor pienso o más comida disponible pudiera producir colmillos más grandes.

Queda la cuestión genética, que el autor reconoce como relevante para determinar la calidad de las defensas —recuerda que los jabalíes turcos suelen superar a los españoles y los rumanos a los franceses—, aunque subraya que el ejemplar de Tomás Higuero tenía genética puramente ibérica, por lo que ese potencial debería seguir presente en las poblaciones actuales. La combinación excepcional que produjo aquel trofeo concreto, sin embargo, resulta muy difícil de repetir.

Más homologaciones y medallas, pero ningún récord nuevo

Los datos históricos que cita López Schümmer refuerzan la singularidad del ejemplar. Según el Catálogo de Trofeos de Caza del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación que maneja en su análisis, entre 1976 y 1984 se homologaron 195 medallas de oro de jabalí en todo el país, mientras que entre 2011 y 2017 esa cifra ascendió a 1.372 trofeos de la misma categoría, 884 de ellos procedentes de terrenos abiertos. Pese a ese aumento tan llamativo en términos absolutos, el autor sostiene que el porcentaje de oros respecto al número total de animales cazados apenas ha variado.

En total, hasta 2017 se habían homologado en España más de 22.000 jabalíes, de los que 4.235 obtuvieron medalla de oro, 7.005 de plata y 10.832 de bronce, y solo entre 2011 y 2017 se contabilizaron más de 5.000 homologaciones. Dentro de ese último periodo, la puntuación máxima registrada en terrenos abiertos fue de 132,78 puntos, correspondiente a un jabalí cazado en la provincia de Girona en 2015. En terrenos cerrados, el resultado más cercano fue el de un ejemplar de la provincia de Ciudad Real homologado con 135,95 puntos en 2013, exactamente un punto por debajo del récord de Tomás Higuero.

La barrera de Tomás Higuero ha estado muy cerca de caer en más de una ocasión, pero sin llegar a hacerlo: en 2020 un jabalí abatido en un coto de Navarra llegó a dar en una primera valoración 138,35 puntos, por encima del récord, pero la medición definitiva en Madrid no llegó a confirmar esa cifra, y el trono de 1983 siguió en pie.

Una explicación que sigue abierta

El récord nació en una jornada de nieve, de la ladra aislada de un perro y de la salida al cortadero de un jabalí pequeño y maltrecho que escondía unas defensas extraordinarias. Más de cuatro décadas después, la explicación definitiva sobre por qué sigue en pie continúa abierta. Como concluye López Schümmer, ni el crecimiento de las poblaciones, ni la disponibilidad de alimento, ni la gestión del monte, ni la tecnología de caza ni la genética han bastado hasta ahora para dejar atrás los 136,95 puntos de aquel cochino de la sierra de San Pedro.

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