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Una apicultora gallega usa un poderoso y eficaz método inspirado en La Odisea para eliminar avispas asiáticas: usar un troyano

La veterinaria y apicultora Iria Bellas enseña el sistema con el que algunos profesionales intentan que las propias avispas asiáticas transporten hasta sus nidos una sustancia capaz de destruirlos. Sin embargo, advierte de que esta práctica entraña riesgos para el medio ambiente.

El estreno de La Odisea, la nueva adaptación cinematográfica de Christopher Nolan, ha devuelto a la actualidad una de las estratagemas más famosas de la Antigüedad: el caballo de Troya. En el relato clásico, los guerreros griegos consiguieron penetrar en una ciudad inexpugnable ocultándose dentro de una enorme estructura de madera que sus enemigos introdujeron tras las murallas. Varios siglos después, algunos apicultores han recuperado aquella idea para tratar de combatir a un adversario mucho más pequeño, pero igualmente difícil de alcanzar: la avispa asiática (Vespa velutina).

La veterinaria y apicultora gallega Iria Bellas ha mostrado en su cuenta de Instagram cómo funciona el llamado método del «troyano», una práctica mediante la cual se utiliza una avispa asiática viva para transportar una pequeña cantidad de insecticida hasta el interior de su propio nido. El objetivo es que el ejemplar regrese a la colonia y extienda allí la sustancia entre otras obreras, las larvas o incluso la reina.

«Un troyano es, como su propio nombre indica, un caballo de Troya, una velutina a la que le ponemos veneno para que se lo lleve a su casa y así intentar matar el nido», explica Bellas en el vídeo. La apicultora evita identificar los productos utilizados debido a la peligrosidad del procedimiento y reconoce que existen tantas formas de hacerlo como profesionales que han recurrido a esta técnica.

Una avispa que transporta el veneno hasta su propio nido

El gran problema al que se enfrentan los apicultores es la dificultad para localizar los nidos de avispa asiática, que pueden encontrarse a considerable distancia de las colmenas y permanecer ocultos entre la vegetación o en las copas de los árboles. El método mostrado por Bellas busca aprovechar el instinto de regreso del propio insecto para que sea este el que atraviese las defensas de su colonia y transporte la sustancia hasta su interior.

En las imágenes, la apicultora enseña cómo manipula uno de estos ejemplares antes de liberarlo. La cantidad empleada de veneno debe permitir que la avispa continúe volando y llegue viva hasta su colonia, aunque Bellas insiste en que no va a detallar los productos concretos debido a los peligros que conlleva su utilización. «Lo justo para que no se muera por el camino y llegue a casa con él contaminando el nido», señala.

La técnica pretende actuar allí donde las trampas convencionales no llegan: en el corazón de la colonia. No obstante, su eficacia depende de numerosos factores y la propia protagonista deja claro que no se trata de una solución inocua, controlada ni recomendable para personas sin conocimientos específicos. El vídeo, más que un tutorial, refleja las medidas desesperadas a las que están recurriendo algunos apicultores ante la presión creciente de esta especie invasora.

El peligro de liberar insecticida sin control

Pero el «caballo de Troya» es peligroso y puede volverse contra las propias abejas europeas (Apis mellifera) que se pretende proteger. Una avispa contaminada puede morir antes de regresar al nido, ser capturada y devorada por un ave o introducirse en una colmena debilitada. En ese último caso, el producto podría afectar a las abejas y provocar daños mucho mayores que los causados inicialmente por la avispa asiática.

Bellas reconoce abiertamente este peligro en el texto que acompaña al vídeo. El insecticida, una vez liberado el ejemplar, queda circulando por el medio natural sin que el apicultor pueda controlar su destino. También advierte de que una situación límite puede conducir a decisiones equivocadas y tener consecuencias fatales para otros animales o para colmenares cercanos, por eso insiste en que las dosis suministradas son mínimas.

El problema de fondo es la enorme presión que ejerce la avispa asiática sobre las explotaciones apícolas. Las obreras permanecen suspendidas delante de las colmenas, capturan a las abejas que regresan con alimento y terminan provocando que muchas dejen de salir. La colonia se debilita progresivamente, se queda sin recursos y puede acabar desapareciendo.

«La primera vez llegué a llorar de impotencia»

La apicultora asegura que llegó a sentirse completamente desbordada cuando comprobó los efectos de la invasión de esta avispa de reciente llegada a la Península. «La primera vez llegué a llorar de impotencia delante de las colmenas», relata. En su caso, la apicultura no constituye su principal medio de vida, por lo que pide imaginar la situación que afrontan los profesionales cuyos ingresos dependen directamente de la supervivencia de sus abejas.

Bellas sostiene que muchos afectados acaban intercambiando métodos, realizando búsquedas en Internet y actuando mediante ensayo y error ante la falta de una respuesta suficientemente eficaz. «Esta situación límite nos puede llevar a cometer errores graves, a veces fatales. Todo son “suponeres”, charlas entre apicultores, búsquedas desesperadas en Internet. Nadie nos ayuda, así que vamos sobre la marcha», lamenta.

El método del «troyano» resume así las dos caras de la lucha contra la avispa asiática: por un lado, el ingenio de los apicultores para intentar alcanzar nidos difíciles de localizar; por otro, los riesgos ambientales derivados de combatir una especie invasora mediante insecticidas liberados sin control. Como en el antiguo relato de Troya, conseguir que el enemigo introduzca la amenaza dentro de sus propias murallas puede resultar efectivo.

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