Las labores agrícolas se convierten en determinados momentos del año en una oportunidad para numerosas aves. Mientras la maquinaria avanza por el terreno, insectos y pequeños animales abandonan sus escondites o quedan expuestos durante unos segundos. Las cigüeñas conocen bien este fenómeno y no dudan en recorrer los campos recién trabajados en busca de alimento.
Así lo muestra un vídeo compartido en redes sociales por la Unión Nacional de Asociaciones del Sector Primario Independientes (UNASPI). En las imágenes pueden verse varias cigüeñas moviéndose por una parcela mientras el agricultor que realiza la grabación explica qué buscan estas aves y llama la atención sobre la variedad de animales que pueden capturar. «¿Sabéis lo que comen las cigüeñas en el campo ahora mismo? Lo que están comiendo aquí: saltamontes, saltipajas, garrapatillo, parpajas…», comienza diciendo mientras enfoca a las aves.
Gazapos y pollos de aves entre sus posibles presas
El agricultor no se queda únicamente en los insectos. Según explica durante la grabación, las cigüeñas aprovechan cualquier animal de pequeño tamaño que queda a su alcance cuando los trabajos agrícolas remueven el terreno o la vegetación. «Si sale alguna gazapa de liebre, también se la comen. Si salen pollos de perdiz o de codorniz, también se los comen», asegura. Sus palabras ponen el foco sobre una realidad conocida por muchos agricultores y cazadores: la vulnerabilidad de las crías de la fauna menor cuando pierden la cobertura vegetal.
Este comportamiento recuerda que la presión sobre la perdiz, la codorniz o la liebre no procede de una única especie. A la pérdida de refugio, las condiciones meteorológicas y las transformaciones del hábitat se suma la actuación de distintos depredadores generalistas capaces de aprovechar cualquier oportunidad.
Una referencia al caso de las ovejas de Torrelobatón
El vídeo difundido por UNASPI enlaza estas imágenes con la polémica surgida tras la muerte de varias ovejas de un rebaño trashumante en Torrelobatón, Valladolid. Durante los primeros días se señaló una posible intoxicación relacionada con productos empleados en parcelas agrícolas, pero los análisis oficiales descartaron posteriormente esa hipótesis.
El Laboratorio Agrario Regional analizó 231 componentes susceptibles de provocar intoxicaciones en el ámbito agrario sin hallar sustancias en concentraciones capaces de explicar el cuadro clínico. También se descartó una enfermedad contagiosa, aunque la causa exacta de las muertes no quedó determinada, según la información publicada entonces por la Consejería y recogida por Jara y Sedal.
El autor utiliza ahora la presencia de insectos y cigüeñas como argumento para responder a quienes describieron aquellos terrenos como envenenados: «Si esto estuviera tan envenenado como decís, se morirían las cigüeñas, se morirían los saltamontes, que son los que comen las cigüeñas… Parece ser que no está tan envenenado esto, hombre».
Finalmente, compara la parcela grabada con las tierras atravesadas por el ganado: «Y esto es igual que las tierras por donde han pasado las ovejas merinas: las mismas». Con su publicación, UNASPI vuelve a reclamar prudencia antes de responsabilizar a los agricultores y, al mismo tiempo, deja unas imágenes que reflejan cómo las cigüeñas aprovechan cada metro que remueve la maquinaria para capturar cuanto queda al descubierto.








