Hay desastres que dejan un poso amargo incluso cuando, mirados de reojo, esconden una cara inesperada. Eso es lo que ha pasado en el río Magro, a su paso por la comarca de La Ribera (Valencia), donde un vertido químico ha provocado una elevada mortandad de peces, cuantificada en 2.500 kilos de biomasa retirada del cauce. La tragedia ambiental es real y sigue bajo investigación. Pero entre la biomasa retirada del agua hay un dato que no ha pasado desapercibido entre pescadores y gestores de cuencas: la mayoría de los cadáveres corresponden a siluros, el gigante depredador que en los últimos años ha protagonizado no pocos titulares por su capacidad de comerse presas tan grandes como un perro, como ya contamos en este caso detectado en una zona de baño y pesca de Salamanca.
Cronología del vertido en el Magro
El episodio arrancó con un incendio en una nave de productos de higiene situada en el polígono industrial de Montserrat (Valencia), registrado el jueves de la semana anterior a la mortandad. A partir de ahí, la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) inició un seguimiento urgente en un tramo del Magro que discurre por la comarca de La Ribera, concretamente entre Montroi y las localidades de Llombai y Alfarb, un recorrido de unos diez kilómetros de cauce, después de detectar una elevada mortandad de peces y la aparición de espuma en el río. Los primeros análisis del agua confirmaron restos de algunas de las sustancias químicas empleadas en la nave siniestrada, aunque la propia Confederación insiste en que los resultados definitivos todavía no están cerrados y que esa sigue siendo la principal línea de investigación, no una conclusión cerrada.
Según el seguimiento realizado por el Área de Calidad de las Aguas de la CHJ, las primeras muestras tomadas el mismo viernes del incendio, pocas horas después del vertido, presentaban niveles de toxicidad muy superiores a los considerados normales. Las muestras recogidas en los días posteriores mostraron una reducción progresiva de esos niveles y una evolución favorable de la calidad del agua, hasta que las intensas lluvias registradas el miércoles por la noche en la Vall dels Alcalans complicaron de nuevo el seguimiento: los registros del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) recogieron acumulados cercanos a los 70 litros por metro cuadrado en algunos puntos de la zona, lo que provocó un aumento notable del caudal del Magro y dificultó obtener muestras representativas por la elevada dilución del vertido. Al día siguiente volvió a detectarse espuma en el barranco de les Valletes, por donde se originó el vertido, y también en el propio río, lo que llevó a la CHJ a ampliar los muestreos aguas arriba y aguas abajo del punto de origen para caracterizar mejor las sustancias presentes.
Las brigadas de Tragsa trabajaron entre el lunes y el miércoles retirando la biomasa muerta del río, hasta que los avisos meteorológicos por lluvias intensas obligaron a suspender los trabajos ante la entrada en vigor del aviso naranja de la Aemet. Según los datos, alrededor del 60 % de los 2.500 kilos de peces muertos retirados por las brigadas de Tragsa entre el lunes y el miércoles corresponden a ejemplares de siluro, una especie exótica invasora y depredadora con presencia relevante en el tramo del Magro que discurre por el Marquesat, desde donde se ha extendido incluso hasta el propio Júcar. Todos los peces retirados han sido gestionados como residuo y trasladados a una planta gestora especializada en Almassora (Castellón) para su tratamiento, según recoge Levante-EMV, medio que ha dado seguimiento continuado al episodio.
El caso del perro devorado por un siluro
La presencia masiva de siluros en esta zona no es un hecho aislado. En Jara y Sedal hemos seguido de cerca la expansión de esta especie invasora por distintas cuencas españolas, desde su asentamiento en la propia cuenca del Júcar hasta capturas destacadas en el Ebro, el Guadalquivir o el Tormes. El episodio que dio más notoriedad al fenómeno en España se remonta a 2018, cuando un siluro devoró a un fox terrier que se bañaba en el río Tiétar, en la provincia de Cáceres, un caso que desde entonces se cita como referencia del comportamiento depredador de la especie sobre animales de cierto tamaño. Ese antecedente es el que explica la repercusión de la noticia que publicamos sobre la aparición de un siluro capaz de comerse a un perro en una zona de baño y pesca de Salamanca, en el embalse de Santa Teresa, así como de otros episodios similares documentados en el Ebro a su paso por Zaragoza, donde también se han grabado ejemplares de gran tamaño con capacidad depredadora equivalente.
Por qué el siluro es una especie invasora y qué daños provoca
El siluro (Silurus glanis) no es originario de la península ibérica: procede de Europa central y oriental y fue introducido en España en la década de 1970 para la pesca deportiva, principalmente en la cuenca del Ebro, desde donde se ha extendido a otras cuencas como el Duero, el Tajo o el Júcar. Por su capacidad de alteración del medio acuático y su impacto sobre la fauna autóctona, la especie figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto. La ficha técnica del propio catálogo describe al siluro como una especie en expansión que produce alteraciones en los ecosistemas acuáticos y tiene un gran impacto sobre las especies autóctonas por su voracidad, sobre todo en las poblaciones de peces.
Puede superar los dos metros de longitud y los cien kilos de peso, lo que lo convierte en el mayor pez de agua dulce de Europa, y su dieta no se limita a peces e invertebrados: también se alimenta de anfibios, roedores y aves acuáticas cuando tiene ocasión. El problema no es solo su tamaño, sino su capacidad de desplazar a especies nativas de interés pesquero, como la carpa, el barbo o el cangrejo autóctono, además de alterar la estructura trófica completa de los ríos donde se instala. Las administraciones autonómicas insisten en que su erradicación total es prácticamente imposible una vez asentado, de ahí que la vigilancia y el control de su expansión se consideren prioritarios.

Qué hacer si se pesca un siluro
Al estar catalogado como especie exótica invasora, el marco general establecido a partir del Real Decreto 630/2013 prohíbe la posesión, el transporte, el tráfico y el comercio de ejemplares vivos de siluro, así como su introducción en nuevas masas de agua. En la práctica, esto se traduce en normas autonómicas de pesca que, en la mayoría de comunidades, obligan a sacrificar de inmediato cualquier ejemplar capturado y prohíben devolverlo al agua, precisamente para evitar que la especie siga expandiéndose a nuevos tramos de río o embalses. Esta obligación varía según la comunidad autónoma y la masa de agua concreta, por lo que conviene consultar siempre la orden de pesca vigente en cada territorio antes de actuar. Lo que no varía es la recomendación común a los pescadores: nunca trasladar un siluro vivo a otra cuenca ni soltarlo en aguas donde antes no estaba presente, la vía por la que esta especie ha colonizado buena parte de los grandes ríos españoles.








