El pasado 21 de febrero quedó marcado para siempre en la memoria de Carlos Melero Díaz. Este cazador conquense acudía a una montería en la serranía de Cuenca casi de rebote, ocupando un puesto que había quedado libre. Lo que no imaginaba es que acabaría protagonizando uno de esos lances que solo se viven una vez en la vida… y además acompañado por su hija.

La escena, que él mismo grabó en vídeo, resume a la perfección la intensidad de la jornada. Una pelota de entre 15 y 20 gamos irrumpió a la carrera frente a su postura, ofreciendo apenas unos segundos para reaccionar. La rapidez, la colocación y la sangre fría fueron decisivas. Carlos no solo supo aprovechar la oportunidad, sino que encadenó una secuencia de disparos impecable en un contexto de máxima exigencia.

Un lance rápido y decisivo entre los pinos

El primer disparo fue directo al ejemplar más grande que logró identificar a la carrera. El segundo impacto no resultó fulminante, obligándole a repetir el tiro para rematar la pieza en mitad del camino. En ese breve intervalo, con el pulso todavía acelerado, logró recargar.

Momento en el que Carlos dispara al segundo gamo. © C. M. D.

Fue entonces cuando llegó el tercer momento clave. Un nuevo gamo cruzaba entre los pinos a una distancia aproximada de entre 80 y 100 metros. Sin apenas margen, efectuó otro disparo certero que culminó el triplete en cuestión de segundos.

Este tipo de lances, donde todo sucede de forma vertiginosa, ponen a prueba tanto la técnica como la capacidad de decisión del cazador. En este caso, el resultado fue sobresaliente. Más allá de la dificultad técnica, el componente emocional marcó la diferencia. No era una jornada más.

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Un recuerdo imborrable junto a su hija

Carlos destaca especialmente el hecho de haber vivido este momento junto a su hija, a la que define como su «amiga y fiel compañera» en el campo. Compartir un lance de esta magnitud convierte la experiencia en algo difícil de olvidar.

Según ha detallado el propio cazador a Jara y Sedal, el grupo de amigos que acudió estaba formado por cinco cazadores que acuden habitualmente a esta montería, a la que él se sumó de manera puntual. El resultado global de la jornada fue también notable, con en torno a unas 60 reses cobradas, lo que confirma el buen estado de la finca.

El grupo de amigos en la montería. © C. M. D.

Otro detalle que añade aún más valor al lance es que Carlos estrenaba rifle ese mismo día. Utilizó un Winchester SXR2 en calibre .30-06 Springfield, con munición Hornady Superformance SST de 180 grains y un visor de batida Arcea 1-8×30. Y es que el estreno no pudo ser más acertado. Pocas veces un cazador puede presumir de inaugurar equipo con un lance de este nivel.

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