A comienzos de la pasada semana, un episodio de viento intenso y tormenta causó importantes destrozos en el arbolado de varias fincas del término municipal de Matilla de los Caños, en Salamanca. Encinas y robles centenarios han quedado arrancados de raíz o partidos como cerillas, dejando tras de sí un paisaje impropio incluso para quienes están acostumbrados a convivir con temporales duros en el campo.

La escena fue descubierta por Avelino García Pérez, empleado de una de las fincas afectadas, tras conocer que el viento había provocado daños en la zona. Lo que encontró al llegar superaba cualquier previsión y ha generado una mezcla de asombro e inquietud entre los vecinos.

Una hilera perfecta de encinas arrancadas

Según recoge La Gaceta de Salamanca, en la finca conocida como El Vecino el viento arrasó una fila completa de encinas, mientras el resto del terreno apenas presentaba daños. «Cuando nos enteramos, fuimos un compañero y yo y nos encontramos con que había arrancado un montón de encinas y otro montón estaban partidas y amontonadas», explica Avelino al citado medio.

Según su relato, la fuerza del aire fue tan intensa que los árboles salieron despedidos hasta chocar entre sí. «Se las llevó hasta que se pegaron unas con otras y quedaron como las vimos: amontonadas», indicó, todavía sorprendido por la escena.

Lo más llamativo es el patrón lineal de los destrozos. «Tiene que haber sido como una lengua porque ha venido en una dirección y todo lo que ha ido cogiendo, lo ha dejado así. Seguro que pasó un tornado y arrasó con todo. Es un desastre. Si no, esto que vemos ahora no se explica», afirma con rotundidad.

Robles partidos y un balance aún por cerrar

En el entorno, el suceso se ha convertido en la conversación recurrente entre propietarios y trabajadores. A pocos metros, en otra finca colindante, los daños se repiten con el mismo dibujo: una franja concreta de árboles devastados mientras el resto permanece intacto. Allí se habla de cerca de un centenar de robles afectados.

Avelino evita cuantificar todavía el alcance total del desastre, ya que el balance continuaba realizándose en los días posteriores al temporal. Lo que sí tiene claro es que no se trata de un episodio habitual. «Lo de daños en un roble o en una encina es lo más normal del mundo, pasa de forma habitual. Lo que no es normal es que hayan sido tantos. Eso es inexplicable».

El temporal se produjo, según recuerda, en torno a las 15:30 horas, con lluvia intensa y fuertes truenos, aunque nada hacía presagiar un fenómeno tan violento. «Tronaba y llovía, pero no nos podíamos imaginar este desastre que vimos luego cuando fuimos por la tarde», añade.

Vacas ilesas pese al paso del viento

Dentro del desastre, hay un dato que llama especialmente la atención. A pesar de que la lengua de viento atravesó zonas donde pastaba el ganado, los animales resultaron ilesos. «Estaban bien, no les había pasado nada. Es algo muy raro», concluye Avelino.

Un episodio que deja numerosas incógnitas abiertas y que vuelve a poner sobre la mesa la creciente intensidad de los fenómenos meteorológicos en el medio rural, donde cada vez son más frecuentes los daños difíciles de explicar.

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