Carlos Alberto no es un influencer al uso. Es un niño granjero, amante del campo y de los animales, que en los últimos años se ha convertido en un fenómeno viral gracias a los vídeos que comparte en Instagram y TikTok sobre su día a día. En uno de ellos, pensado para dar consejos prácticos a otros aficionados, se encontró con una crítica que acabaría provocando una respuesta tan inesperada como ejemplar.

El comentario llegaba de parte de una usuaria vegana que cuestionaba directamente su forma de actuar: «Quizá las gallinas se comen sus huevos simplemente porque son de ellas y no tuyos. No sé, digo». Lejos de entrar en polémicas o descalificaciones, Carlos Alberto decidió responder con calma y explicar públicamente cómo funciona realmente su granja.

Antes de hacerlo, dejó claro el motivo de su vídeo. No se trataba de buscar enfrentamiento, sino de aclarar malentendidos que, a su juicio, nacen de suposiciones sin conocimiento previo.

Una respuesta serena y con argumentos

«Vamos a responder a este vídeo porque no me gusta que la gente suponga cosas feas de mi granja. A todas las personas que usan redes sociales les pido que averigüen todo lo que vayan a subir, para no generar malentendidos o especular sobre la vida de las otras personas», explica el joven en el inicio de su respuesta.

A partir de ahí, Carlos Alberto comienza a detallar el origen de sus gallinas. Según cuenta, no llegaron a su granja como animales de producción desde el principio, sino todo lo contrario. «Primero, mis gallinas llegaron a mi granja porque en otro lugar no las podían tener y las iban a sacrificar, así que decidí recibirlas», aclara.

El vídeo continúa desmontando la idea de que recoger los huevos suponga un perjuicio para las aves. «Los huevos son de mis gallinas, pero como ellas ponen huevos todos los días, yo no voy a desperdiciar la comida y ellas no se los comen, por eso los vendo», añade con naturalidad, explicando una realidad básica de la cría doméstica de gallinas.

Gallinas como mascotas y un mensaje final

Lejos de la imagen que algunos usuarios proyectan desde fuera, el joven insiste en el vínculo que mantiene con sus animales y en su compromiso con su bienestar. «Las gallinas son mis mascotas, así que estarán en la granja hasta que mueran de viejitas y soy vegetariano, yo no me las comería», concluye.

YouTube video

La respuesta no tardó en viralizarse y volvió a llenar su perfil de comentarios positivos. Muchos usuarios destacaron la educación, la madurez y el conocimiento del niño, así como la necesidad de hablar del mundo rural con información y respeto.

Una vez más, Carlos Alberto demostró que, incluso en redes sociales, se puede responder a la crítica sin levantar la voz y con argumentos sólidos, algo que no siempre abunda en el debate digital.

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