La escena es sencilla y, precisamente por eso, ha conectado con miles de personas. Un pilón de piedra, una rampa mínima de cemento y dos ganaderos que observan y comentan la obra con una mezcla de sorpresa e ironía. El vídeo, grabado en una zona de montaña de León, ha puesto el foco sobre una inversión pública que, sobre el terreno, resulta difícil de entender para quienes viven allí todo el año.
La protagonista es Aida Rodrigo García, ganadera y creadora de contenido en redes sociales bajo el perfil @tuterneraencasa. Con tono sarcástico, muestra una adaptación en un abrevadero que, según explican, serviría «para que beban los anfibios». El contraste entre la explicación oficial y la imagen real es lo que ha hecho viral el clip.
Las reacciones no se han hecho esperar. Comentarios, compartidos y debates se acumulan en torno a una pregunta recurrente: ¿cómo se traduce una inversión de cientos de miles de euros en unas rampas que apenas se aprecian a simple vista?
Una inversión de más de 240.000 euros en abrevaderos
La Junta de Castilla y León ha salido al paso de la polémica recordando que no se trata de una actuación aislada. La Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio autorizó una inversión de 241.066 euros destinada a mejorar y mantener 350 abrevaderos repartidos en 58 municipios de la provincia de León.
Según el comunicado oficial, la financiación procede de fondos europeos Next Generation EU y persigue un objetivo claro: compatibilizar el uso ganadero tradicional de estos puntos de agua con la conservación de los anfibios, especialmente en periodos críticos como el verano, cuando escasean charcas y zonas húmedas.
La Junta explica que muchos abrevaderos, con paredes verticales o superficies lisas, pueden convertirse en auténticas trampas para pequeñas especies. Por eso, las actuaciones incluyen rampas de entrada y salida, además de trabajos de limpieza, reparación de muros, impermeabilización y otras mejoras que no siempre resultan visibles en un solo pilón.
El campo responde con ironía
Pero el vídeo que ha encendido el debate muestra otra cara del proyecto: la percepción local. Aida y su compañero repasan los datos oficiales con sarcasmo y sueltan una de las frases más comentadas: «Bueno, en total creo que son en cincuenta y ocho ayuntamientos de la provincia de León. Trescientos cincuenta pilos. Y estamos locos de contentos porque hayan hecho esta rampa».
La crítica se acentúa cuando comparan el gasto con la realidad del entorno en esos días: «Bueno, mañana hay agua por todos lados. Levantas una piedra y sale agua. Pero claro que es mejor gastar doscientos cuarenta mil euros que se han gastado (…) en que beban los anfibios y estén a salvo, ¿eh?».
También ponen en duda la funcionalidad real de la rampa para animales tan pequeños. «Las podían haber puesto un poco más cerca porque las ranas son bastante pequeñas», comentan mientras señalan las marcas de la paleta. El remate llega con otra frase que resume el tono del vídeo: «Entonces, claro… no alcanzan. Cogen una raya, ahí agarran, pero para llegar a la siguiente las pasan canutas, para llegar arriba…».
Más allá del humor, el debate que queda sobre la mesa no cuestiona la protección de los anfibios, sino la forma en que se ejecutan estas inversiones y la imagen que proyectan cuando se observan a pie de pilón, allí donde la teoría administrativa se encuentra con la realidad del campo.








