Dar un paseo por el campo en primavera o verano es una de las actividades más habituales para quienes disfrutan del medio natural, pero también implica una exposición directa a uno de los vectores más peligrosos para la salud humana: las garrapatas. Estos pequeños parásitos, cada vez más presentes, pueden transmitir enfermedades graves si no se toman medidas preventivas.

Su presencia no es anecdótica. Tal y como advierte Raúl Rivas González, catedrático de Microbiología en la Universidad de Salamanca, «estos ectoparásitos parientes de las arañas y los escorpiones se alimentan de sangre humana y animal a la vez que transmiten algunas enfermedades especialmente graves en humanos, a menudo incluso mortales». El artículo original donde detalla todos los riesgos fue publicado en The Conversation.

En los últimos años, el problema no ha hecho más que crecer. El cambio climático, junto a la movilidad de la fauna y la transformación del territorio, ha favorecido la expansión de estas especies hacia nuevas zonas donde antes no sobrevivían. Esto ha incrementado el riesgo de contacto con humanos en entornos cada vez más amplios.

Un riesgo real en plena naturaleza

Las garrapatas habitan principalmente en zonas de vegetación densa, como bosques y brezales, y su actividad se concentra desde la primavera hasta el inicio del otoño. Aunque forman parte de un ciclo natural en el que intervienen animales silvestres, el ser humano entra en él de forma accidental, pero cada vez con más frecuencia.

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Utilizar repelentes tanto en la ropa como en la piel puede ayudar a reducir el riesgo de picaduras. © Shutterstock

Existen cerca de 900 especies diferentes de garrapatas, y todas ellas comparten un ciclo vital que requiere alimentarse de sangre en cada fase de desarrollo. Es precisamente en ese proceso cuando pueden adquirir y transmitir patógenos. De hecho, son los vectores que mayor variedad de agentes infecciosos transmiten.

Entre las enfermedades asociadas destacan algunas tan conocidas como la enfermedad de Lyme o la encefalitis transmitida por garrapatas, pero también otras menos frecuentes y potencialmente graves como la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, la tularemia o distintas rickettsiosis. En Europa, dos especies concentran la mayor vigilancia: Ixodes ricinus y Hyalomma marginatum.

Cómo evitar picaduras y actuar correctamente

La prevención es, a día de hoy, la herramienta más eficaz frente a estos parásitos. Raúl Rivas insiste en la importancia de adoptar medidas sencillas antes de adentrarse en el campo, especialmente en los meses de mayor actividad. «Dar un paseo por la naturaleza en primavera y verano es reconfortante, siempre y cuando tomemos las medidas adecuadas para evitar a las garrapatas», advierte.

Entre esas medidas, destaca el uso de ropa adecuada que limite al máximo la exposición de la piel. Pantalones largos, camisas de manga larga y prendas bien ajustadas son fundamentales para dificultar el acceso de estos parásitos. Además, recomienda prestar atención a los detalles: introducir la camisa dentro del pantalón y este dentro de los calcetines reduce considerablemente las posibilidades de que las garrapatas alcancen la piel.

El uso de repelentes específicos también resulta clave, tanto en la piel como en la ropa. A ello se suma una práctica que puede marcar la diferencia tras la jornada: revisar cuidadosamente el cuerpo en busca de ejemplares adheridos. «La piel debe revisarse periódicamente en busca de garrapatas adheridas», señala el experto, subrayando la importancia de detectar cualquier picadura a tiempo.

Una persona muestra una garrapata en una foto de archivo. © Shutterstock

En caso de encontrar una garrapata, la forma de actuar es determinante. Rivas advierte de algunos errores comunes que pueden agravar el problema. «No utilice fuego ni cigarrillos encendidos, esmalte de uñas, vaselina, aceite, jabón líquido, gasolina o cualquier otro agente irritante», explica, ya que estos métodos pueden provocar que el parásito libere más patógenos en la herida.

La técnica correcta pasa por emplear pinzas finas, sujetar la garrapata lo más cerca posible de la piel y extraerla con un movimiento firme y constante, sin giros ni tirones bruscos. Una vez retirada, es fundamental limpiar bien la zona y las manos. Si queda alguna parte en la piel, no debe manipularse, ya que el propio organismo la expulsará de forma natural.

Por último, el especialista recuerda que, ante cualquier duda o síntoma posterior a la picadura, lo más prudente es acudir a un profesional sanitario. Incluso recomienda conservar la garrapata en un recipiente cerrado, ya que puede resultar útil para su identificación y posible análisis.

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