Quienes trabajamos a diario en el medio natural sabemos que no todas las amenazas para la fauna silvestre proceden del furtivismo o de una mala gestión cinegética. Muchas veces el daño llega de forma silenciosa, normalizada y socialmente aceptada: los animales domésticos sueltos en el campo, especialmente perros y gatos, cuya presencia fuera de control está generando un impacto real y creciente sobre la biodiversidad.

Esta realidad no es una percepción aislada ni una opinión ideológica. Es una constatación diaria sobre el terreno, en espacios naturales, fincas rústicas y terrenos cinegéticos donde la fauna sufre las consecuencias de una falta de responsabilidad que sigue minimizándose desde determinados ámbitos urbanos.

Una amenaza normalizada en el medio natural

Como Guarda Rural de Caza y Técnico en Medio Ambiente, he podido comprobar en numerosas ocasiones que esta práctica, aparentemente inofensiva para muchos propietarios, provoca daños graves al ecosistema, altera el equilibrio natural y supone un problema creciente en terrenos cinegéticos y espacios de alto valor ecológico.

Un perro o un gato fuera del entorno doméstico no actúa como una mascota, sino como un depredador guiado por el instinto. Persiguen, acosan y matan sin necesidad de alimentarse, generando un impacto que va mucho más allá de la muerte directa de animales.

En el caso de los perros, los daños afectan tanto a especies cinegéticas como protegidas. Corzos, liebres, conejos, perdices, aves nidificantes o crías de ungulados sufren ataques directos o las consecuencias del estrés continuado. La persecución, los ladridos y el rastro olfativo obligan a la fauna a abandonar zonas de cría y refugio, reduciendo drásticamente el éxito reproductor.

El papel invisible —y letal— del gato doméstico

Los gatos domésticos, muchas veces invisibilizados en este debate, representan una amenaza aún más silenciosa y constante. Son depredadores extremadamente eficaces, especialmente sobre aves, pero también sobre reptiles y pequeños vertebrados.

gatos callejeros
© Shutterstock

Camaleones, lagartijas, salamanquesas, serpientes o pollos de aves silvestres desaparecen en muchas zonas donde existen gatos sin control. Numerosos estudios confirman que no cazan por hambre, sino por instinto, llegando a esquilmar completamente la fauna local.

Conviene subrayar un aspecto fundamental: la legislación actual no permite la caza ni la eliminación de perros y gatos asilvestrados, mientras que el zorro sí es una especie cinegética gestionable. Esta realidad legal, nos guste o no, deja claro que el control de perros y gatos no puede hacerse a posteriori, sino únicamente desde la prevención y la responsabilidad del propietario.

La ley es clara: el control es obligatorio

Precisamente por eso, el control previo es más necesario que nunca. La legislación es clara y existe para cumplirse. Las Leyes de Caza autonómicas, los reglamentos cinegéticos y la normativa ambiental obligan a que los animales domésticos estén bajo control de sus propietarios. El campo no es un parque urbano y la fauna silvestre no es un juguete.

Perseguir o causar daños a la fauna silvestre constituye una infracción administrativa que puede calificarse como grave o muy grave. Las sanciones incluyen multas económicas, responsabilidad civil e incluso la incautación del animal. Además, el abandono de animales es un delito tipificado en la legislación de protección animal.

A este problema se suma otro especialmente grave: el abandono de animales considerados mascotas en el medio natural. El ejemplo más evidente es el del cerdo vietnamita, cuya suelta ilegal ha provocado un serio problema de hibridación con el jabalí, generando animales más prolíficos, agresivos y dañinos para cultivos, biodiversidad y seguridad vial. No es un fenómeno natural, sino el resultado directo de la irresponsabilidad humana.

Responsabilidad frente a biodiversidad

La solución pasa por algo tan básico como imprescindible: tenencia responsable. Controlar a perros y gatos, cumplir la normativa, respetar la fauna silvestre y entender que el medio natural tiene normas porque lo que está en juego es su supervivencia.

Los Guardas Rurales de Caza somos testigos directos de estas situaciones y una pieza clave en la vigilancia, la prevención y la protección del entorno. A veces hay que decirlo sin rodeos: un animal doméstico suelto en el campo no es libertad, es una amenaza para la biodiversidad. Defender la fauna silvestre es defender el equilibrio del medio rural y el futuro de nuestros ecosistemas.

¿Qué dice la ley?

Las Leyes de Caza autonómicas prohíben expresamente que los perros deambulen sueltos por terrenos cinegéticos fuera de la acción de caza debidamente autorizada. La normativa obliga a que los perros permanezcan atados o bajo control efectivo del propietario, mediante los sistemas que establezca cada comunidad autónoma, y a que los gatos domésticos estén igualmente controlados, especialmente en espacios naturales protegidos. En este contexto legal, no está permitida la captura de perros y gatos asilvestrados, a diferencia de lo que ocurre con especies cinegéticas que pueden controlarse como el zorro.

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