En el sur de Cataluña, muy cerca del trazado histórico de la Vía Augusta, se alza un olivo que ya daba aceitunas cuando el Imperio romano gobernaba Hispania. La Farga del Arión ha sobrevivido a guerras, cambios de civilización y siglos de historia hasta convertirse en uno de los árboles más antiguos documentados científicamente en España.
Su extraordinaria longevidad no es fruto de la tradición oral ni de cálculos aproximados. La ciencia ha puesto cifras a su historia y lo ha situado como un referente mundial del patrimonio vegetal, un ejemplo vivo de la relación milenaria entre el ser humano y el olivo.
Durante siglos, este coloso vegetal ha pasado casi desapercibido para el gran público, integrado en el paisaje agrícola de Ulldecona, en la comarca del Montsià. Hoy, sin embargo, su historia despierta interés internacional y refuerza el valor de los olivos monumentales del arco mediterráneo.
Un olivo romano que ha desafiado al tiempo
La Farga del Arión fue plantada, según la datación mediante carbono-14, en el año 314 después de Cristo. El estudio fue realizado por el Laboratorio de Dasometría de la Universidad Politécnica de Madrid, bajo la dirección del catedrático Antonio Prieto, utilizando un método especialmente fiable en árboles milenarios de crecimiento irregular.
El análisis científico confirma que este olivo supera los 1.700 años de vida, lo que lo sitúa entre los ejemplares más antiguos conocidos del planeta. Su ubicación, junto a una de las principales vías de comunicación del Imperio romano, refuerza la hipótesis de su origen romano y lo convierte en un testigo directo del tránsito comercial y militar de la antigüedad.

Lejos de ser una reliquia muerta, el árbol sigue formando parte activa del paisaje agrícola, manteniendo su función productiva como lo ha hecho durante más de diecisiete siglos.
Dimensiones colosales y un estado de conservación excepcional
Además de su edad, La Farga del Arión impresiona por sus dimensiones. Su tronco alcanza más de ocho metros de perímetro medidos a 1,30 metros del suelo y supera los 18 metros en la base, cifras que lo convierten en el olivo más grande de Cataluña.
Con una altura cercana a los 6,5 metros y una copa imponente, ha ofrecido sombra y fruto a generaciones enteras. Pese a su antigüedad, mantiene una notable vitalidad y una sorprendente capacidad productiva, algo poco habitual en ejemplares de esta edad.
Este excelente estado de conservación fue determinante para que la Generalitat de Cataluña lo declarara Árbol Monumental en 1997 y para que, en 2006, la Asociación Española de Municipios del Olivo lo reconociera como el mejor olivo monumental de España.
Un aceite que conecta con la historia de Roma
La supervivencia de este olivo milenario está ligada a la familia Porta i Ferré, propietaria de la finca Molí de la Creu desde 1884. Lejos de convertirlo en una pieza aislada, han apostado por integrarlo en una explotación agrícola tradicional y respetuosa.
De este y otros olivos históricos elaboran un aceite exclusivo que se comercializa bajo la marca El Vilar Mil·lenari, amparado por la Marca de Garantía Aceite Farga Milenaria. Un producto singular que permite al consumidor saborear aceitunas procedentes de árboles que ya existían en época romana.
Un paisaje único que aún necesita más protección
La Farga del Arión es solo el emblema de un territorio excepcional. En el Territorio Sénia, que abarca zonas de Cataluña, Comunidad Valenciana y Aragón, se concentra la mayor densidad de olivos milenarios del mundo.
Un inventario iniciado en 2008 identificó más de 4.000 ejemplares con troncos superiores a 3,5 metros de perímetro, cifra que hoy supera los 5.000. Pese al auge del oleoturismo y de iniciativas como el Museo Natural de Olivos Milenarios, asociaciones locales advierten de una protección legal todavía insuficiente y de la falta de compensaciones para los agricultores que preservan este patrimonio frente a modelos intensivos.









