La presencia cada vez más habitual de muflones en grandes grupos está poniendo en jaque al campo en la comarca de l’Alcoià (Alicante). Agricultores de municipios como Banyeres de Mariola denuncian daños continuos en sus cultivos y advierten de que la situación ha alcanzado niveles insostenibles, con animales que ya no temen acercarse a zonas agrícolas ni a carreteras.
Los testimonios de los afectados reflejan una realidad que se repite día tras día: los animales entran en las parcelas, devoran los brotes tiernos y arruinan el trabajo de meses. A esto se suma el peligro añadido de su presencia en vías de circulación, donde cruzan sin control. Ante esta situación, organizaciones agrarias como ASAJA Alicante también han alertado del impacto creciente de la fauna silvestre sobre los cultivos, señalando que especies como muflones, jabalíes o arruís están comprometiendo la viabilidad de muchas explotaciones.
Manadas cada vez más grandes y sin miedo
Los agricultores describen cómo los muflones se alimentan especialmente de hierba fresca y brotes primaverales, lo que los lleva directamente a las zonas cultivadas. Ricardo Ferri, agricultor afectado, resume la gravedad del problema en declaraciones recogidas por À Punt: «Tenemos entre 40 y 60 muflones comiendo día y noche en el campo». La presión es constante y no da tregua a los cultivos.
El propio Ferri añade: «Cada día los vemos. Intentamos echarlos fuera con cazadores, pero vuelven a venir a comer». Esta insistencia convierte cualquier intento de control en una solución temporal e insuficiente. La falta de alimento en el monte y la elevada densidad de animales están detrás de este comportamiento cada vez más habitual, que además provoca que los muflones se acerquen a cualquier hora del día, incluso a zonas próximas a núcleos urbanos.
Pérdidas económicas y falta de soluciones
El problema no es nuevo, pero sí creciente. Según denuncian desde ASAJA Alicante, el aumento descontrolado de fauna silvestre está generando pérdidas económicas directas e indirectas, desde la destrucción de siembras hasta daños en infraestructuras agrarias. Los agricultores critican que la normativa actual no permite actuar con rapidez. En muchos casos, deben recurrir a los cazadores de los cotos, pero los permisos y la burocracia ralentizan cualquier intervención eficaz.
Ferri lo deja claro: «Si la administración no los alimenta para que no bajen a las tierras de cultivo, están aquí continuamente». Una afirmación que refleja la sensación de abandono que sienten los profesionales del campo. A pesar de todo, muchos continúan trabajando sus tierras con la esperanza de recuperar parte de la inversión, aunque reconocen que la cosecha de este año está prácticamente perdida.








